Tim Burton

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Thania Guevara S.

Hoy cumple años uno de mis directores de cine favoritos: Timothy Walter Burton, quien nació en California. Él inició su trayectoria como animador en películas de Disney tal como El perro y el sabueso, pero a decir de sus colegas, su talento parecía ser desperdiciado, así que pronto se le dio la oportunidad de escribir y dirigir películas, sin embargo, el modo particular de Burton le pareció chocante a Disney ya que el contraste de estilos y manera de abordar temas parecían no coincidir con el enfoque más tierno e infantil de esta gran empresa.

A lo largo de su gran trayectoria como cineasta ha dirigido varias películas entre las que se encuentran: Alicia en el país de las maravillas, Sweenie Todd, Edward Scissors Hand, Charlie y la fábrica de chocolates, Beetlejuice, El gran pez y un largo etcétera; entre los actores que más han participado en sus películas se encuentra Johny Depp y su ex-pareja Helena Bonham Carter.

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Hay varios elementos dentro de sus películas que vuelven el cine de Burton fácil de identificar, pensemos por ejemplo en las ojeras características de los personajes (sean animados o no), el juego de luces (y sombras), colores, contrastes, los rasgos físicos exagerados, etc. Su estilo oscuro debe su inspiración en un director checo llamado Jan Svankmajer y el cine de horror delos años 20. Los protagonistas y demás personajes suelen ser siniestros, abundan las escenas fantásticas con un relato interior gótico…

Frankenweenie

El cortometraje vio la luz en 1982 y 30 años después Disney pidió que se volviera largometraje animado. Esta película si bien no es mi favorita, sí me gusta mucho ya que al igual que Burton yo tengo una predilección por los perros y  considero que en esta obra podemos abordar de una manera interesante uno de los grandes misterios de la vida: la muerte. Además de permitirnos reflexionar sobre las implicaciones éticas de los avances – o pretensiones- de la biotecnología.

Me referiré a la historia de fondo en general, ya que en la versión más reciente se juega con personajes como una tortuga-Godziliana y un gato-murciélago-mutante los cuales si bien tienen su encanto no me parecen tan interesantes como el rescatar la forma en la que uno se enfrenta a la pérdida de su animal de compañía -en el sentido literal de ser un compañero, amigo, cuasi familiar- con quien se han creado lazos afectivos importantes y su ausencia implica igual una noción importante de duelo que suele dejarse de lado en un estudio “serio”; aunque igual en la versión extendida podemos ver con más calma la amistad que se pretender recuperar al jugar del lado de la ciencia.

El relato de Shelley es por demás conocido y no es coincidencia que el personaje de Burton comparta nombre, con la variante que en vez de “crear de la nada” a un compañero, Burton desea recuperar al amigo perdido. Vemos la mítica escena de tormenta, electricidad y vida pero, si acaso, al ser el deseo de un niño lo que motive esta hazaña, parece ser que es aún más conmovedora y tierna – desafiante a la naturaleza, por supuesto- y tenemos la consecuente persecución de los no entendidos ni en el tema ni el sentir para terminar con aquello que los aterra y desconcierta por igual.

Pensar en la muerte puede ser una tarea complicada, si a esto le agregamos factores como que ésta sea violenta y repentina el tema se vuelve un poco más complejo (e interesante), por eso, cuando Sparky es atropellado y muerto al instante, nos enfrentamos a un hecho traumático y doloroso que afectará el estado anímico de Victor (y seguramente traerá a la mente del espectador recuerdos dolorosos) lo que lo llevará a cuestionar la inmutabilidad de la situación. Se dice que para todo mal hay remedio, salvo la muerte y, sin embargo, una idea descabellada será el pretexto perfecto para poner en jaque las leyes naturales que imperan en la vida.

Al final -en la versión extendida- Víctor recuerda el consejo que le dieron “dejarlo ir”. Superar el dolor es enfrentarse a él, entender que esa alguien no volverá, transformar recuerdos dolorosos en memorias más amables y entender que dentro de nuestro alcance, no hay mucho por hacer, por eso Víctor dice que tal vez debería seguir su consejo esta vez, al perder a su amigo de nuevo, sin embargo en un giro un tanto inesperado, el padre le dice que a veces uno no sabe de lo que habla, y que es bueno intentarlo de nuevo. Esto me pareció interesante porque parece ser que las lecciones más importantes que tendremos en nuestra vida son aquellas que no nos dan esta opción, uno debe aceptar lo que es, pero al igual que en la película, gracias a los avances biotecnológicos nosotros podemos si bien no revivir, sí alargar la vida y aferrarse un poco más a un estado vital, lo que me lleva a pensar en que quizá nuestro empeño por evitar el dolor, sufrimiento es lo que nos esté alejando de crecer y aprender algo más valioso.

Fuera de ello, también la película muestra otro aspecto de la conciencia del yo, usualmente se maneja la teoría que quien vuelve no suele ser quien se fue, pensemos en zombies o el alma pervertida que busca regresar a un cuerpo físico sin contar ya con los rasgos esenciales del antiguo yo…. en este caso, Sparky sigue siendo el mismo y me gusta pensar – sin pensar mucho en las implicaciones de ese cuerpo físico en descomposición al que ha vuelto- que el riesgo a electrocutarse en una tormenta es válido cuando puedes estar con tu compañero de juegos y aventuras, aunque sea por un tiempo limitado, otra vez.

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