Los animales piensan, luego… Parte III

Traducción de Samuel León Martínez

Nota del traductor: Este ensayo apareció originalmente en TheEconomist con el título “Animal think, therefore…”, la compartiremos traducida al español en tres secciones con el único propósito de divulgar más sobre el conocimiento de las mentes de los otros animales. Aquí puedes leer la primer y segunda parte de la traducción.

Si el lenguaje sigue siendo reivindicado como únicamente humano, ¿hay algo que no? Hasta hace poco, la cultura había sido defendida como la segunda característica que define a la humanidad. Complejas formas para realizar cosas han sido transmitidas no por herencia genética o presiones del ambiente sino por la enseñanza y la imitación, y han sido ampliamente asumidas como cualidades únicas de los humanos. Es cada vez más claro que las otras especies también tienen sus propias culturas.

En “The Cultural Lives Of Whales and Dolphins” [La vida cultural de ballenas y delfines], Hal Whitehead de la Universidad de Dalhousie, Nueva Escocia, y Luke Rendell de la universidad de St Andrews, en Escocia, argumentan que todas las culturas tienen cinco características distintivas: una tecnología característica; enseñanza y aprendizaje; un componente moral, con reglas que refuerza “la manera en que hacemos las cosas” y castigos en caso de infracción; una distinción adquirida y no innata entre propios y ajenos; y una característica acumulativa que se construye con el tiempo. Estos atributos conjuntamente permite a los individuos dentro de un grupo hacer cosas que no sería capaces de lograr por sí mismos.

Para la primera característica, no necesitamos ir más lejos que con los cuervos. Los cuervos de Nueva Caledonia son los más destacados fabricantes de herramientas del reino animal. Hacen ganchos al cortar ramas en forma de V mordisqueando hasta darles forma. Transforman hojas de Pandanus en sierras dentadas. En diferentes partes de la isla, las herramientas son construidas de formas diferentes. Los estudios de Gavin Hunt de la Universidad de Auckland, han mostrado que los ganchos y las sierras en Nueva Caledonia difieren sistemáticamente en tamaño, en el número de cortes necesitados para elaborarlas e incluso en si son predominantemente zurdas o diestras. En el entendido de que cultura significa “la manera en que hacemos las cosas por aquí”, los dos grupos de cuervos son culturalmente diferentes.

  
Sabemos ahora que los chimpancés manipulan más de una docena de implementos: palos para atacar, morteros para moler, espantamoscas, tallos para atrapar termitas, hojas esponjosas para absorber agua, rocas usadas como cascanueces. Como los cuervos de Nueva Caledonia, grupos diferentes las emplean diferentemente. William McGrew de la Universidad de Cambridge sostiene que el conjunto de herramientas de los chimpancés en el oeste de Tanzania tan complejo como las más simples herramientas del ser humano, como los primeros artefactos encontrados en el este de África o de hecho como aquellos usados por las personas nativas de Tasmania.

La habilidad necesaria para hacer uso de herramientas es enseñada. Este no es el único ejemplo de enseñanza que los animales pueden ofrecer. Las suricatas se alimentan de escorpiones –una presa excepcionalmente peligrosa que no puedes aprender a cazar mediante ensayo y error. Así, las suricatas mayores les enseñan gradualmente a las más jóvenes. Primero incapacitan al escorpión y permiten que las suricatas jóvenes terminen con ellos. Luego permiten que sus estudiantes tomen una espécimen ligeramente menos dañado, así sucesivamente hasta que los jóvenes aprendices están listos para cazar escorpiones saludables por cuenta propia.

Casi todas las suricatas lo hacen. Lo que es enseñado en otras partes puede cambiar, tan solo con que unos pocos animales que aprendan nuevos trucos. Como la historia de Billie, la del fin que aprendió a andar sobre su cola, ballenas y delfines pueden aprender los unos de los otros comportamientos completamente nuevos. En 1980, una ballena jorobada empezó a atrapar peces de una manera nueva en la península Cod. Agitaba su cola contra la superficie, entonces se sumergía y nadaba emitiendo una nube de burbujas. Las presas, confundidas por el ruido y asustadas por el círculo de burbujas que emergía, se amontonaban para protegerse. Entonces la ballena surgía en medio de la nube de burbujas con la boca llena de peces.

 

Una ballena jorobada pescando con una red de burbujas
 
Esta es una técnica bien conocida que emplean las ballenas para obtener su alimento, también lo ha sido el agitar su cola contra la superficie. Incorporando la primera de manera sistemática a la segunda , ha sido una innovación aparente –y se ha vuelto muy popular-. En 1989, solo nueve años después de que la primera ballena en la península de Cod comenzó a obtener su alimento de esa manera, casi la mitad de las ballenas en esta área lo hacen de esta manera. La mayoría son ballenas jóvenes, cuyas madres no conocían este nuevo truco, por lo que no fue heredado. Los investigadores consideran que las ballenas jóvenes copiaron al primer practicante, esparciendo la técnica mediante la imitación. El cómo la primera ballena obtuvo la idea innovadora se mantiene en misterio –como también lo es la cuestión de si se trata de una forma superior de alimentarse, o meramente una forma cada vez más popular.

Las culturas no sólo descansan en la tecnología, técnicas y enseñanza, sino también en las reglas aceptadas de comportamiento. Estos aspectos justamente parecen un componente ampliamente requerido entre los animales sociales. Por ejemplo, en el centro canino de investigación en la Universidad Eotvos Lorand en Budapest, los perros que frecuentemente eligen participar en pruebas son rechazados por otros perros. Parece que todos los perros desean participar en estos test debido a que reciben atención humana; aquellos que son elegidos muy frecuentemente son vistos como si recibieran una ventaja injusta. Los monos capuchinos que toman parte en experimentos, observan de cerca las recompensas que reciben. Si a uno se le ofrece una pobre recompensa (como una rebanada de pepino), mientras a otro se le da una uva sabrosa, el primero rechazara continuar en el test. Los chimpancés hacen esto también.

La mayoría de las culturas distinguen entre propios y extraños, los animales no son la excepción. Las orcas también conocidas como ballenas asesinas, son particularmente sorprendentes en este punto, teniendo un repertorio de llamados que son distintivos de la manada en que viven, como una forma de dialecto. El Dr. Whitehead y el Dr. Rendell los comparan con signos tribales. Las orcas en sus diferentes manadas raramente se alimentan de las mismas presas y muy escasamente se entrecruzan para reproducirse. La mayor parte del tiempo, las manadas cuidadosamente se ignoran una a otras. Pero ocasionalmente se pueden atacar con furia entre sí. Ello no tiene nada que ver con comoetencia por alimento o hembras. Lance Barrett-Lennard del Acuario de Vancouver lo atribuye a la xenofobia – una manera particularmente agresiva de distinguir entre propios y extraños.

Los animales despliegan cuatro de los cinco atributos que componen una cultura, pero hay uno que no comparten. Quizá la cosa más distintiva sobre las culturas humanas es que éstas cambian con el tiempo, construyéndose sobre logros anteriores para producirlo todo desde IPhones y medicina moderna hasta la democracia. Nada como ello ha sido observado en los animales. Aspectos particulares del comportamiento de los animales cambian en formas que pueden parecer culturales, una transformación abrupta es posible. Por ejemplo, en la década de 1990, las políticas de sacrificio de elefantes mayores con la consecuente redistribución de sus crías, condujo cambios en sel orden normal de sus sociedades matriarcales. Los elefantes jóvenes se volvieron anormalmente agresivos, debido a que ya no había ningún adulto que los pudiera poner en control. En otros casos, dicha disrupción puede parecer antropomórficamente no tan mala (Leer “Los babuinos pacíficos”). A pesar de si estos choques son buenos o malos, las sociedades de animales aún tiene que mostrar cambios adaptativos estables –o algún progreso cultural-. El conocimiento se acumula con los individuos de más experiencia –cuando la sequía azotó el parque nacional Tarangire en Tanzania durante 1993, las familias de elefantes que mejor sobrevivieron fueron aquellas dirigidas por matriarcas que recordaban la severa sequía de 1958- pero ello se irá a la tumba con ellas.

Los babuinos pacíficos.

Cuando Robert Sapolsky y Lisa Share por vez primera iniciaron el estudio en una tropa de babuinos en Masai Mara, Kenia, en la década de 1970, el grupo tenía una mezcla derivas agresivas, machos de alto rango, pacíficos, miembros de bajo rango, hembras e infantes. En la década de 1980, los machos de alto rango de la tropa comenzaron a hurgar en un depósito de basura cercano; en 1983 la tuberculosis –probablemente de carne infectada en el depósito- mató a cada uno de ellos.

Una década después, el comportamiento de la tropa cambió más allá de todo reconocimiento. Se habían ido los machos de alto rango que hacían bullying; había más acicalamiento y niveles menores de hormona de estrés. Ello no era debido solamente a que escatimaban los machos pacíficos de menor rango: muchos machos nuevos se incorporaron al grupo. Al parecer habían aprendido de los sobrevivientes un comportamiento más apacible. Como el Dr. Sapolsky y la Dra. Share señalaron una “cultura pacífica” había emergido.

  
Hay mucho más que aprender de las mentes de los animales. El lenguaje gramatical puede bien ser descartado; el aprendizaje de la construcción de herramientas para algunas especies es ahora indubitable: pero muchas conclusiones se mantienen en medio, no definitivamente dentro o fuera. Puedes aceptarlas dependiendo en parte del nivel del estándar de evidencia requerido. Si la cuestión de la empatía animal fuese puesta a prueba en una corte del orden penal, demandando pruebas más allá de la duda razonable, podrías dudar sobre si la encontrarías. Si el juicio fuese uno del orden civil, requiriendo una preponderancia de la evidencia, probablemente podrías concluir que los animales tienen empatía.

Al emplear éste estándar, uno puede aventurar tres conclusiones. Primero, varios animales tienen mente, la evidencia psicológica de las funciones cerebrales, de su comunicación y la versatilidad de sus respuestas ante su entorno apoyan fuertemente esta idea. Primates, córvidos y cetáceos también tienen atributos culturales, pero no lenguaje o religión organizada (aunque Jane Goodall, una notable zoóloga, ve expresiones en los chimpancés de un placer panteista en la naturaleza).

Segundo, las habilidades de los animales son asimétricas comparadas con las de los humanos. Los perros pueden aprender palabras pero no reconocer su reflejo. La nucifraga columbiana [Clark’s nutcracker], un miembro de la familia de los cuervos, entierra hasta 100,000 semillas en una temporada y recuerda donde las colocó meses después, pero no hace herramientas como otros cuervos lo hacen. Estas habilidades específicamente enfocadas se adecuan con el pensamiento moderno sobre la mente humana, que la considera menos como máquinas portadoras únicamente de razón, que puede ser aplicada de la misma manera a todos los aspectos de la vida como en rutinas para tareas específicas. Dentro de este análisis, la mente humana debe ser vista como una navaja Suiza, una mente animal como un saca corchos o un par de pinzas.

Ello nos sugiere un corolario, que existen dimensiones donde la mente de los animales excede a la humana. Tomemos el ejemplo de Ayumu, un chimpancé que vive en el Instituto de Investigación en Primates en la Universidad de Kyoto. Los investigadores le han enseñado a Ayumu una tarea de memoria en la cual un patrón aleatorio de números aparece repentinamente en una pantalla táctil antes de ser ocultos por un recuadro digital. Ayumu tiene que tocar los recuadros en la pantalla en el mismo orden ascendente en que se encontraban los números antes de ser ocultos. Los humanos hacen bien este test la mayor parte del tiempo si hay cinco números y 500 milésimas de segundo [.5 segundos]o más. Con nueve números o menos tiempo, el éxito humano declina tremendamente. Mostrarle a Ayumu nueve números en tan solo 60 milésimas de segundo [.06 segundos] y de manera confiada los tocará en el orden correcto con sus dedos.

Existen algunos humanos con memoria fotográfica o eidética [con una precisión de detalle sorprendente] que pueden hacer algo similar, para los chimpancés parece ser lo normal. Es un atributo con el que los chimpancés han evolucionado por alguna razón desde su último ancestro en común con los humanos, ¿o es un atributo que los humanos hemos perdido durante el mismo transcurso de tiempo? Siguiendo con esta indagación, ¿Qué tanto cambiará lo que es para un chimpancé el tener una mente? ¿Cuán diferente es tener mentes en una sociedad donde todos pueden recordar dichas cosas? Los animales pueden pensar en formas en que los humanos aún no han descifrado debido a que son tan diferentes de las formas en que los humanos pensamos, adaptados a un reino sensorial y mental tan profundamente diferente al humano, reinos que quizás no han siquiera necesitado lenguaje. Por ejemplo, no hay duda de que los pulpos son inteligentes; y son increíbles al resolver problemas. Pero ¿pueden los científicos apenas imagina cómo es que los pulpos piensan y sienten?

Ante lo dicho, la tercera verdad parece indicar que existe un vínculo entre la mente y las sociedades que los animales desarrollan. Los animales silvestres con los más altos niveles de cognición (primates, cetáceos, elefantes y loros) son como los humanos, especies longevas que viven en sociedades complejas, en las cuales el conocimiento, la interacción social y la comunicación están en primer lugar. Parece razonable especular que sus mentes, -como las de los humanos- debieron haber evolucionado en respuesta a su ambiente social (Leer “La orca solitaria”). Esto es lo que puede permitir que las mentes en ambos lados del golfo que separa a las especies, se unan.

La orca solitaria.

Para comorender la importancia de la sociedad de para un animal social, observemos las escorias tus tes tan comunes de aquellos quienes han sido secuestrados de sus comunidades naturales.

En 1979 una orca llamada Keiko (“suertuda” en Japonés) fue capturada a la edad de dls años en Islandia. Fue enviada de un acuario a otro antes de terminar en un estanque en la Ciudad de México sin ningún miembro de su propia especie que lo acompañara. Entonces apareció en una película popular llamada “Liberen a Willy”, que trataba sobre la captura y la eventual feliz liberación de la orca. El filme motivo que iniciará la Fundación Free Willy-Keiko. Keiko fue transportada por aire de regreso hacia Islandia y puesta en un arrecife para que aprendiera propiamente a ser silvestre. Pero nunca aprendió a cazar o a interactuar con otras orcas, podía nadar al barco más cercano que se le aproximase. Cuando finalmente fue liberado, siguió a un crucero hacia un fiordo noruego y permaneció allí. Eventualmente, la fundación construyó otro arrecife para él en el fiordo, y llevó su vida tal como la había vivido antes de la película, dependiendo de las personas para su alimentación y cuidado.

  
A las afueras de Laguna, en Brasil, la gente y los delfines nariz de botella han pescado juntos durante generaciones. Los delfines nada hacía la playa, conduciendo a los peces hacia los pescadores. Los hombres esperan una señal de los delfines –una zambullida distintiva- antes de arrojar sus redes. Los delfines están a cargo, iniciando la captura y dando la señal vital, aunque solo algunos hacen esto. Las personas deben aprender qué delfines conducen a los peces y prestar cuidadosa atención a la señal, o la pesca fallará. Ambos grupos de mamíferos deben aprender las habilidades necesarias. Entre los humanos estas son transmitidas de padres a hijos; entre los delfines de madres a crías. En este ejemplo ¿qué tanto difieren las especies?

Ver el video de la pesca en Laguna: https://m.youtube.com/watch?v=qBy0SL5mS6w

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