Sexualidades: tensiones entre la psiquiatría y los colectivos militantes

Por: Ernesto Jiménez

13220113_767773093359225_615380664_nA medida que pasa el tiempo y los medios de comunicación a la par de la información que manejamos a diario van en incremento, es menos frecuente encontrarse con asombros, prejuicios, espanto o mentes demasiado frágiles para tratar temas que antes podrían entenderse como “delicados”, obscenos e incluso inmorales. Muchos temas llegaron a convertirse en tabúes y dañaron el crecimiento paulatino que requería su situación: haciéndonos prejuiciosos y temerosos ante ellos, arrinconándonos en la clandestinidad y en el refugio de unos pocos osados quienes se atrevían a tratarlos, sin darnos cuenta caímos en el engaño y la libertad de expresión que tanto nos ha perjudicado históricamente, la comenzamos a palpar a diario, con nuestras acciones y comentarios, callando lo que nos incomoda, peor aún, se ha dejado de lado  su verdadero significado y nos hemos conformado con invenciones atribuidas sobre bases falsas. Hablar de sexualidad es un ejemplo de lo dicho anteriormente, la sexualidad ha sido recluida a los susurros, ocultándola de miradas acusadoras, basado en imposiciones religiosas que camuflan el total de su significando y las consideran como patologías.

Es importante reconocer el origen de esta patología de la sexualidad, para ello,  podemos remontamos al periodo Victoriano de la Gran Bretaña, época en la cual consagraron el sistema capitalista, esto fue una base importante, aunque no la única, sí tuvo un gran apoyo en la visión religiosa que predominaba en la época, en la cual el ascetismo y el protestantismo encaminaron a la sociedad a la idea del bien material y el incremento de la riqueza: si se tenía un hijo era porque ese hijo podría verse como un material que con el tiempo incrementaría la riqueza de la familia o la administraría de la mejor manera, de allí que se determinara el concepto de comercio sexual a las relaciones sexuales que garantizaban la obtención de un bien, con remuneraciones para ambas partes.

13219551_767773176692550_1917767755_nPara entender el pensamiento colectivo que vivimos en la actualidad, la psiquiatra y doctora en medicina por la Universidad de Buenos Aires, Silvia Di Segni, nos ofrece su más reciente libro titulado Sexualidades: tensiones entre la psiquiatría y los colectivos militantes. Dentro de sus páginas se trata el problema de cómo encaramos la sexualidad, en la mayoría de sus veces se ha restringido a limitar las formas “anormales” o simplemente distintas para alcanzar el placer sexual: los excesos o las desviaciones a la hora de elegir el género de nuestras parejas han sido considerados como patologías.

En estos términos, la normalidad sexual estaría basada en la pareja, hombre-mujer, en donde el hombre es considerado el ser activo y la mujer pasiva, toda actividad sexual diferente a lo establecido sería considerado entonces como anormal e incluso inmoral, por la religión, pues es esta institución precisamente quien ha dictaminado ciertos cánones, que son tomados por la psiquiatría para determinar las patologías sexuales.

Sin embargo, existen gran cantidad de patologías sexuales, que fueron puestas en el mapa de la psiquiatría demasiado tarde, la zoofilia, el incesto, la pedofilia, la violación o la gerontofilia (atracción sexual hacia personas ancianas), son ahora consideradas y tratadas, pero su ingreso a las patologías sexuales se enfocó en librar de culpa a los enfermos, en su mayoría varones, en lugar de considerarlos del todo como abusadores. Dichas enfermedades fueron enfocadas hacia el género masculino y esto significó más  un problema de género que a un error en la medicina. Contrariamente con lo ocurrido con los hombres, en las mujeres las enfermedades sexuales son consideradas y castigadas en mayor medida, la misma prostitución  y la ninfomanía se vieron sumamente reprimidas y con miras inmorales por toda la población, la psiquiatría se encargo de tratarlas, pero nunca puso atención en el hombre que requería los “servicios” de la prostituta, como tampoco lo hizo en el proxeneta.

13152843_767773390025862_1928708035_nLamentablemente esta diferencia de sexos nos ha acompañado a lo largo de la historia, con orígenes en la religión y la misma familia; en ellas la educación hacía hombres y mujeres variaban por las actividades que sus padres predestinaban para ellos, si era varón tenía que hacerse cargo del sustento familiar, el trabajo duro y requería fuerza para mantener el bienestar de su familia en perfectas condiciones; mientras que para las mujeres, ser delicadas, bellas, buenas amas de casa y dóciles con sus esposos, eran factores primordiales para destacar en sociedad y conseguir un buen partido que contribuyera al incremento de la riqueza familiar: todo visto desde el negocio.

En la actualidad seguimos siendo testigos de educaciones sexistas, sin intención quizá, tal vez esos pensamientos estén tan arraigados en nosotros que no los podemos dejar a un lado: si ponemos atención en lo que ocurre en un parque, en una resbaladilla para ser más precisos, mientras que a un niño se le incita  a saltar, la mayoría de los padres le dicen que él puede, que no pasara nada y que lo intente; por el contrario a una niña se le da la seguridad que creemos necesita, ¿porqué la consideramos más débil quizá? A ella se le dice que no pasará nada, que nosotros estamos ahí para cuidarla y que se arroje.

Con ejemplos de este tipo podemos ver reflejado una parte de nuestro pensamiento sexista, acarreado de muchos años y recurrente en la actualidad en un país como el nuestro (México), en donde los feminicidios, la violencia intrafamiliar y los acosos sexuales son temas recurrentes en los noticieros, en un país donde hablar de sexualidad todavía sigue provocando sonrojamientos y silencios incómodos.

Sexualidades: tensiones entre la psiquiatría y los colectivos militantes, es un libro que te recomiendo ampliamente, no sólo por su importancia social, sino también por el carácter de libertad, igualdad de género y respeto que tanta falta nos hace en la sociedad mexicana.

Agradezco al fondo de cultura económica por proporcionarme el material necesario para la realización de este trabajo.

Que disfruten su lectura.

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