¿El Derecho forma la conducta de la sociedad?

 

 

Por Alan Josué Ramírez Barrón y Karen Rocío Ramírez Sandoval

Cada día estamos en continua interacción social, día a día necesitamos de diferentes integrantes de la sociedad para poder facilitar nuestras actividades. La mayoría de nosotros no fabricamos nuestras propias vestimentas, así como tampoco elaboramos los ingredientes que pasarán a formar parte de una comida. Y así transcurre día tras día, pero ¿Qué sucede con la conducta que posee la sociedad en general? O muchos señalarían una especie de usos y costumbres en general de ella, principalmente si se habla de una manera sociológica, pero aquí no versaremos sobre una cuestión de tal índole.

images-2Para poder brindar una mejor comprensión del párrafo anterior, habremos de brindar algunos ejemplos que darán una noción más clara de lo que se intenta transmitir. Imaginemos una niña de cinco años llamada Julieta que se encuentra con su tía en su casa. La pequeña ve llorar a su tía y aquélla le pregunta la razón. – “Es tu tío Samuel, ya no hemos estado a gusto desde hace un par de meses y nos vamos a divorciar, hija mía”, le responderá la tía. Vamos a unificar la idea anterior para llegar a una respuesta señalada en la pregunta título de este tema.

En el ejemplo anterior debemos destacar los siguientes puntos importantes: La pequeña Julieta se percata de la tristeza de su tía, se da cuenta de que la tristeza está vinculada con el desagrado existente entre su tía y su tío Samuel, y por motivo de la ausencia de cariño entre ellos dos se van a divorciar, siendo la palabra divorcio un tema de índole jurídico. Tales ideas la pequeña las va absorbiendo y va generando una idea inconsciente entre una acción humana que en cualquier parte del mundo puede pasar y la vinculación con el mundo jurídico. Sigamos con la ampliación de nuestro ejemplo para completar la idea: Supongamos que pasan algunos años después del divorcio y que Samuel y la tía habían tenido un hijo (Wolfgang) antes de que se decretara el divorcio. Un día llega Julieta a casa de su tía y le pregunta por Wolfgang, a lo que la tía le responde: – “Hoy está con su papá Samuel, recuerda que cada quince días le toca estar con su papá”. – “¿Por qué cada quince días y no cada mes, tía?” Le responde Julieta. – “Está establecido en la sentencia que se dictó hace dos años, Julieta. Cada quince días se va con él y el resto de los días está conmigo, así que ven mañana y ya podrás jugar con él”, diría la tía. Con base en lo anterior se va ampliando una noción que, conjugada con la parte inicial del presente ejemplo, Julieta va teniendo respecto de lo que pasa cuando dos personas se enamoran, se casan, procrean hijos y en una posible pelea se separan.

Cada acción, a excepción del proceso de enamoramiento, permea en el campo jurídico, por lo que de tal manera Julieta se va empapando de temas jurídicos como Alimentos, Matrimonio, Divorcio, entre otros, y de esta manera ella da por hecho que en la mayoría de actividades humanas se hallarán reguladas por una norma. De tal suerte que cuando Julieta crezca siempre va a buscar un beneficio con base en lo establecido por algún ordenamiento jurídico, siendo que si ella se casa asumirá qué consecuencias legales en caso de que se divorcie o tenga hijos.

UnknownAsí vemos un claro ejemplo de cómo la conducta nos va formando parte de nuestra conducta de manera inconsciente. Otro ejemplo es el siguiente: En México, cuando despiden a un trabajador, lo primero que piensa es en que le deben de pagar una indemnización por ese hecho, por lo que busca a un abogado para que lo ayude. Esto porque ya ha tenido compañeros que han estado en el mismo supuesto y les han pagado su indemnización correspondiente, siendo por este motivo que nuestro trabajador también exige que se le paguen por haber sido despedido. Por otra parte imaginemos que han privado de la vida a una persona, sus familiares buscarán que se lleve a prisión a quien cometió el hecho de homicidio. ¿Puede verse el fondo del asunto? De tal suerte que podríamos indicar que las personas buscan adecuar sus acciones a algo legal antes de realizarlas por haber sido durante de infancia susceptibles de múltiples hechos que se acoplan a lo prescrito por el mundo jurídico, a todo esto, ¿Las personas no se ven afectadas de su libre albedrío? ¿Las personas viven agobiadas al saber que todas sus acciones ya están reguladas sin nunca habérseles consultado?

Este es un tema que no se trata con profundidad, primero porque la mayoría da por sentado todo lo que les acontece, no se cuestionan ni reflexionan de casi nada, o mejor dicho, no les gusta filosofar sobre su entorno. ¿Por qué? Podemos recurrir a autores como José Ingenieros y Ortega y Gasset, quienes en sus obras El Hombre Mediocre y La Rebelión de las Masas, respectivamente, indican cómo las personas ya están predestinadas según la sociedad, pues pensar es para ellos algo que ni conocen, viven en un estado vegetativo y han renunciado al hábito de pensar, que constituye la rutina y al ser mediocre, que es la ausencia de características personales que permiten al individuo en su sociedad.1 Por ende, además de estar predestinados por la costumbre que la sociedad va generando con el paso del tiempo en las sociedades, también se dejan manipular por lo que está establecido en el mismo Derecho.

Muchos refutarán esto último al indicar que bastaría con irse a vivir aislado a una montaña, mantenerse por sí solos y bajo las reglas que cada quien desee, pero también surgiría un problema, que versa en la no ayuda mutua que se brinda en la sociedad para dedicarse cada quien a la suyo y de esta manera asistir a tus semejantes, idea que ya señalaba Platón en su República. Y así iríamos generando la inquietud de qué sucede entre la vinculación entre elDerecho y la conducta humana, siendo las preguntas fundamentales las siguientes: ¿Qué pasa con la idea existencialista de que cada ser humano se encuentra solo y es él mismo el único responsable de su desenvolvimiento y crecimiento? ¿El hecho de señalarse la libertad de expresión no se halla desde un principio ya limitada al establecerse como un derecho que todo ser humano tiene? ¿Todos estamos condenados en todo momento? ¿El Imperativo Categórico de Kant es la solución?

Brindar respuestas a esas preguntas es complicado dado que cada una de ellas nos lleva a cuestiones no únicamente de carácter empírico sino supra empírico, o sea, posibles respuestas pero de índole filosófico.  Conforme se va avanzando en este tema, también podemos concebir la idea de que el Derecho, como un posible producto cultural, es creado por personas de un lugar en el que resultará aplicable el Derecho, motivo por el cual, independientemente del orden social que intenten mediante esta creación jurídica, también van forjando los ideales que esperan tengan los futuros hijos de los que ya están siendo regulados por el Derecho. La idea anterior nos hace pensar en un posible egoísmo de los legisladores al intentar regular, además de la situación presente de la sociedad, aquélla que esperan se pueda formar de manera jurídica, olvidando lo que hemos señalado renglones arriba acerca de cómo un niño puede ir absorbiendo condiciones que les son impuestas de manera inconsciente. Tiene sustento en Rousseau lo señalado, porque los niños, en tal calidad de inocencia que tienen por el simple hecho de ser niños, pueden o ser condicionados en su carácter desde su primera infancia (que es hasta antes de que puedan hablar y comprender su existencia)  o pueden dejarse que tengan mayor libertad, pues según Rousseau corre mayor riesgo un niño que es sumamente mimado y consentido porque su facultad intelectual se irá viendo restringida al facilitársele todos los medios sin que él requiera algún esfuerzo.

Ahora, si aplicamos lo que hemos señalado desde el inicio del presente escrito con las ideas filosóficas del autor ginebrino, cada uno de nosotros hemos sido moldeados desde que nacimos, pero entendiéndose por esto no únicamente las costumbres que es común que las adquiramos en cualquier núcleo familiar, sino en un aspecto más profundo, que versa en  que nuestro carácter, que tenemos más o menos forjado como adultos, ha sido el resultado de aspectos meramente jurídicos que nos fueron inculcados sin que nos diéramos cuenta.

Ningún niño de cinco años va a pensar en que su forma de pensar está siendo adecuada y formada según ordenamientos jurídicos ya presentes. Con todo lo anterior, nos conducimos a preguntas más severas: ¿Qué sucede entonces cuando nos indican que cada uno de nosotros debe ser libre sin depender de nadie? Nuestra libertad siempre ha estado condicionada desde que somos concebidos. ¿Qué sucede cuando nos indican que nuestras acciones deben ser espontáneas? Nuestra libertad siempre ha estado condicionada a los legisladores, porque si nos tomamos tales expresiones en su sentido literal, podríamos hacer lo que sea, pero el límite jurídico siempre va a estar ahí presente, coartando las ideas que muchas personas gustarían materializar. También los libros que versen sobre cuestiones de libertad, aunque sea ellos que indirectamente traten de ese tema, como los de temas existencialistas, deberían ser refutados con toda la idea central de este escrito. Lo anterior hasta cierto punto podrá tener e ir adquiriendo fuerza pero también sería absurdo que en un escrito pequeño como el presente se intente mandar a la basura a siglos de corriente intelectual.

foto_49477_0¿Qué pasa entonces? Nuestra pequeña aportación consiste en no dar la única solución pues siempre habrá muchas que sean mejores que sus predecesoras. Lo primero será no entrar en una especie de angustia respecto de que nos hallamos encadenados por todas partes. No debe haber angustia porque todos, conforme a la posibilidad de hallarnos encadenados, hemos podido sobrevivir en la vida humana, es decir, pese a tener límites jurídicos, gran parte de nuestras acciones se pueden realizar sin necesidad de pensar siquiera en el Derecho, por lo que se observa cómo no ha sido un obstáculo en nuestras vidas el hallarnos limitados en varias de nuestras acciones. Así también podemos apreciar cómo el Derecho en sí mismo nos limita pero con base en acciones que considera pertinentes para poder desenvolvernos de una manera pacífica dentro de la sociedad, sin importar si desde el principio en el mundo jurídico se encuentran cuestiones axiológicas, pero este tema le compete a la Lógica Jurídica, por lo que basta señalar que el Derecho faculta aquellas cuestiones positivas dentro de la sociedad, e indirectamente va formando el mejor carácter correcto que podría tener un niño en su vida adulta; al menos este término de correcto desde la perspectiva de la sociedad en que se ha creado determinado sistema jurídico.

Interesante sería conocer si existe alguna posibilidad de que existan normas que permitan ampliar la libertad de una comunidad, en otras palabras, normas que vayan dirigidas a los niños para poder ampliar sus conocimientos y posibilidades, y que también tengan la posibilidad de encontrarse a sí mismos, o sea, comprender que son seres dotados de vida y que necesitan experimentar y así poder forjar su carácter, pero la mayoría de las ocasiones siempre deberá ser con un límite porque entraría el juego el Imperativo de Kant, cuestión que fue señalada párrafos anteriores, y que sin entrar a un análisis a fondo de este imperativo, éste mandamiento permite apreciar que estamos inmersos todos en una sociedad, y que al igual que yo siento y pienso y vivo, todo ser humano que me rodee experimenta lo mismo y no puedo permitirme el violar esas condiciones que tiene esa otra persona, es una obligación el comportarme de tal modo que no interfiera en su esfera íntima, porque si lo hago yo estaría facultando que me lo hagan a mí, y no creemos que exista una persona que intente obrar de esta manera errónea, y si la hay, deberá ser objeto de reproche jurídico, porque en la sociedad vive y a ésta le debe parte de su ser.

1 Ingenieros, José, EL HOMBRE MEDIOCRE, México, PORRÚA, 2013, vigésima edición, p. 25.

BIBLIOGRAFÍA

– Ingenieros, José, EL HOMBRE MEDIOCRE, México, PORRÚA, 2013, vigésima edición.

– Rousseau, Juan Jacobo, EMILIO O DE LA EDUCACIÓN, México, PORRÚA, 2015, vigésimotercera edición.

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