Arte comprometido ¿bueno o malo?

Por Mitzi Gabriela Alvarado

Es bien sabido que el que tiene en sus manos el poder tiene la facultad de dominar cualquier aspecto social. A lo largo de la historia de México dicha premisa se ha fortalecido. Ha generado que las ambiciones de ciertos sectores de la población  terminen siendo encausadas y regidas por  un fin personal o político.

   En el caso del arte y literatura este tipo de pensamiento también ha tenido sus repercusiones. La primera consecuencia, y la más lamentable, es que las expresiones culturales han sido encaminadas e influenciadas hacia un fin específico de una autoridad, la cual ejerce su poder de tal manera que dicho poder termina siendo expresado a través del arte y sus diversas formas de expresión.

images-1   En dicho panorama  es donde surge la analogía que realiza Octavio Paz para referirse al Estado y su manipulación. Él nos habla de un Ogro Filantrópico, sin embargo es necesario recordar que, en la concepción cotidiana, el ogro podrá tener cualquier característica menos la de una figura filantrópica. Sin embargo a través de la manipulación y hasta dominación de las expresiones artísticas,  literarias y culturales es lo que pretende aparentar dicha figura.

   Más allá de que se manipulen las diferentes expresiones artísticas y culturales, sin duda es lamentable que dicho servilismo se desarrolle en un aspecto tan noble, pues las consecuencias son irremediables, irreparables y hasta catastróficas.

   La segunda consecuencia que se atisba de este aparente sometimiento cultural es la perdida de una intencionalidad meramente autónoma. Ya que el autor resulta estar supeditado a la ideología y caprichos de aquel que ejerce su autoridad sobre él. Lo cual deriva en una falsa imagen, tanto la del autor como la de la causa política que busca aparentar el Ogro Filantrópico.

   A esta deplorable consecuencia podríamos añadir una más: la pérdida de una identidad con los receptores de dicho mensaje artístico, literario o cultural. Ésta puede ser una de las más graves consecuencias. A lo largo del tiempo se ha ido forjando la concepción de que las expresiones literarias y artísticas son exclusivas de aquel que tiene en sus manos el poder y la autoridad suficiente para manipularla. Es por ello que gran parte de la población ha dejado en términos secundarios la búsqueda de algún tipo de expresión cultural, pues se sienten inferiores y por lo cual llegan a pensar innecesaria y hasta inútil el arte y literatura.

00usigli-destacamos   Sin embargo no todo está perdido. Existen artistas y literatos que no sucumben ante la dominación que busca el Ogro Filantrópico. Aquellos artistas son los más vulnerables ya que al estar en contra de la ideología profesada por este fatuo personaje son susceptibles a la ira del Estado. Ejemplos hay de sobra para representar dicha discrepancia entre el Ogro y los artistas. Uno de ellos es la censura que sufrió por muchos años la obra de Rodolfo Usigli: El gesticulador.

   Es cierto, y bien lo menciona Octavio Paz en su ensayo, es “sospechoso cualquier intento de poner la literatura y el arte al servicio de una causa, un partido una iglesia o un gobierno” y además de sospechoso es defraudar, traicionar y decepcionar al público que recibe el mensaje, pues éste no tiene la culpa de dicho servilismo y manipulación.

   El Ogro Filantrópico no cesará su indigna búsqueda de manipulación hasta tener en sus manos a la totalidad, o al menos a la mayoría, de los medios de expresiones artísticas, culturales o literarias. Es por ello que es necesario realizar una reflexión acerca de la cultura que se consume. Es decir, hay que entender al arte comprometido como una expresión forzada y al arte autónoma como el reflejo natural del artista sin ningún afán de transmitir un mensaje previamente determinado.

   A manera de conclusión quisiera cerrar el desarrollo de mi idea con una invitación al lector a realizar una reflexión del cómo el arte y literatura adquieren un sentido ambivalente. En primer caso el arte y literatura se encuentran sometidas a los caprichos de aquel que ejerce su poder en búsqueda de una causa política y en lado opuesto están aquellas expresiones artísticas y literarias de autores valientes que deciden romper con el arte comprometido, a pesar de sus consecuencias de esta ruptura con lo establecido.

1148005_18738305   Es por ello que en las manos del receptor se encuentran dos  poderosas herramientas: su capacidad de discernir entre lo manipulado o lo autónomo y la oportunidad de aceptar entrar en el juego de la manipulación o de lo soberano. Por lo tanto dicha capacidad que se le otorga al público es aquella que definirá si es necesario o no que el arte sea impulsada por una causa política o que sea el reflejo de una expresión autónoma y soberana.

 

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