DEMOCRACIA

Por  Iván Salazar Tornez y César Moreno Díaz

El sistema democrático es la forma de vida política que da la mayor libertad al mayor número, que protege y reconoce la mayor diversidad posible. Una sociedad democrática combina la libertad de los individuos y el respeto a las diferencias con la organización racional de la vida colectiva por las técnicas y las leyes de la administración pública y privada.

issue_strengthening_democracyEl espíritu democrático puede responder a las dos exigencias que a primera vista parecen contradictorias; limitar el poder y responder a las demandas de la mayoría. Estos temas se reúnen en un tema central, la libertad del sujeto. Se le llama sujeto a la construcción del individuo como actor, por la asociación de su libertad afirmada y su experiencia vivida, asumida y reinterpretada, impone una imagen de si y del mundo más que el respeto a la ley y el ordenamiento, el sujeto resiste y se afirma al mismo tiempo mediante su particularismo y su deseo de libertad, es de creación de sí mismo como actor, capaz de transformar su medio ambiente, por lo que la democracia no es únicamente un conjunto de garantías institucionales, una libertad negativa. Es la lucha de unos sujetos en su cultura y su libertad, contra la lógica dominadora de los sistemas.

Por ello es que resulta que ningún principio tiene una importancia tan central en la idea democrática como lo es el de la limitación del Estado, es decir, la limitación al poder, el cual debe respetar los derechos humanos fundamentales. Algunos de los fuertes adversarios a los que se ha enfrentado esta tesis han sido la monarquía de derecho divino, o la dominación de una oligarquía de hacendados y señores feudales, y el más reciente el totalitarismo. Para combatirlos y evitar si quiera una leve cercanía a estos regímenes debemos tener muy presente la idea de soberanía popular y la de igualdad.

imagesLa limitación del poder político nació de la alianza de la idea de derecho natural y la de sociedad civil, concebida al principio como la sociedad económica cuyos actores reivindicaban la libertad de emprendimiento, intercambio y expresión de sus ideas. Sin esta libertad, la idea de los derechos fundamentales habría seguido siendo puramente crítica, confundiéndose con la resistencia a la opresión defendida por la mayoría de los filósofos políticos que la doctrina marca van de Hobbes a Rousseau; y sin la defensa de los derechos fundamentales, el espíritu democrático. Éste nació de la alianza del espíritu de libertad y del espíritu de igualdad.

El individuo guiado por sus intereses, la satisfacción de sus necesidades o incluso el rechazo a los modelos centrales de conducta, no es siempre portador de una cultura democrática aun cuando le sea más fácil prosperar en una sociedad democrática en la que viven; a menudo prefieren salvar sus bienes mediante la huida o simplemente por la búsqueda de las estrategias más eficaces y sin tomar en consideración la defensa de principios e instituciones. La cultura democrática solo puede nacer si la sociedad política es concebida como una construcción institucional cuya meta principal es combinar la libertad de los individuos y las colectividades con la unidad de la actividad económica y las normas jurídicas.

Ante esto la cultura político francesa ha llevado lo más lejos posible la idea republicana, la identificación de la libertad personal con el trabajo de la ley, la asimilación del hombre al ciudadano y de la nación al contrato social. Ha logrado concebirse a sí misma como el agente de valores universales, borrando casi completamente sus particularidades y hasta su memoria, creando una sociedad por la ley y a partir de los principios del pensamiento y la acción racionales. De modo que es mostrando la oposición entre la cultura democrática y la cultura republicana a la francesa, como se comprende mejor la transformación de la idea de democracia. Esta procura la unidad, la cultura democrática protege la diversidad; la primera identifica la libertad con la ciudadanía; la segunda opone los derechos del hombre a los deberes del ciudadano o a las demandas del consumidor. El poder del pueblo no significa para los demócratas que el pueblo se siente en el trono del príncipe sino, al contrario, que ya no exista otro trono. El poder del pueblo significa la capacidad para la mayor cantidad posible de personas, de vivir libremente, es decir de construir su vida individual asociando lo que se es y lo que se quiere ser, oponiendo resistencia al poder a la vez en nombre de la libertad y de la fidelidad a una herencia cultural.

UnknownAl hacer mención sobre el poder del pueblo resulta importante definir a que nos referimos como menciona Sartori al poder en primera parte ¿Qué es el poder? El poder es una relación: un individuo tiene poder sobre otro porque lo obliga a hacer lo que de otra forma no haría[1]  ante esta tesis podemos entonces definir que la relación poder del pueblo se traduce a que aquellos conformantes de este conjunto de individuos tendrán poder en la medida que lo posee sobre otros, es decir sobre ellos mismos. Como menciona este mismo autor, existe un movimiento ascendente de transmisión de poder del pueblo hacia la vértice de un sistema democrático, y después un movimiento descendente del poder del gobierno sobre el pueblo.[2]

De esta forma podemos comprender que la relación de poder que se presenta en la democracia consiste en el pueblo como gobernante pero al mismo tiempo se convierte en el gobernado, es decir existe una titularidad y ejercicio de poder representada por la misma figura; el pueblo. La titularidad se refiera a la idea del poder me corresponde por derecho y el poder efectivo resulta de quien lo ejerce y es ante estas dos tesituras que se origina una hipótesis, puesto que resulta en principio difícil  entender que es lo que sería necesario para atribuir a la misma figura titular de un derecho, el derecho de poder ejercer este mismo. La respuesta ante este dilema nos menciona Sartori es que la solución ha de buscarse en una democracia representativa, en la transmisión representativa del poder[3].

Un gobierno democrático debe representar los intereses de la mayoría, es ante todo para que resulte la expresión de las clases más numerosas, para que se defina por su vínculo con los intereses de las categorías populares, las que no son sólo las más numerosas sino las más dependientes de las decisiones tomadas por las élites. El vínculo proclamado de la democracia y el pueblo. No es necesario para frenar los intentos de definir la democracia sin referencia a la representatividad, únicamente mediante la libre elección de los gobernantes, con lo que se corre el riesgo de reducirla a la competencia entre equipos dirigentes que pueden situarse en el interior de la elite dominante. De hecho la idea democrática nunca es socialmente neutra.

Lo que da una tonalidad popular a la idea de democracia es que opone un principio de igualdad a las desigualdades sociales. Esta inversión de las jerarquías sociales que se decían naturales en nombre de la igualdad de derechos no tiene como único efecto crear un orden político distinto al orden social; transforma a este último, dado que la igualdad de derechos sería una idea vaga si no se tradujera en presiones hacia la igualdad de hecho, hacia una cierta igualdad de condiciones como decía Jean Jacques Rousseau.

Es en el momento en que actores sociales y actores políticos están vinculados unos a otros y por lo tanto en que la representatividad está asociada a la limitación de los poderes y a la conciencia de ciudadanía. La democracia no se reduce jamás a la victoria de un campo social o político y menos aún al triunfo de una clase, sería una palabra muy pobre si no fuera definida por los campos de batalla en los que tantos hombres y mujeres combatieron por ella.

Si necesitamos una definición fuerte de la democracia, en parte porque hay que oponerla a aquellos que, en nombre de las luchas democráticas antiguas, se constituyeron y siguen constituyéndose en los servidores del absolutismo y la intolerancia. Ya no queremos una democracia de participación; no podemos contentarnos con una democracia de deliberación; necesitamos una democracia de liberación.

Ya no concebimos una democracia que no sea pluralista y, en el sentido más amplio del término, laica. Si una sociedad reconoce en sus instituciones una concepción del bien, corre el riesgo de imponer creencias y valores a una población muy diversificada. Del mismo modo que la escuela separa lo que compete a su enseñanza de lo que corresponde a la elección de las familias y los individuos, un gobierno no puede imponer una concepción del bien y del mal y debe asegurarse antes que nada de que cada uno pueda hacer valer sus demandas y sus opiniones, ser libre y estar protegido al mismo tiempo, de tal modo que las decisiones tomadas por los representantes del pueblo tengan en cuenta en la mayor medida de lo posible las opiniones expresadas y los intereses defendidos. La imposición por parte del Estado de reglas de orden moral o intelectual es incompatible con la democracia. La libertad de opinión, de reunión y de organización es esencial dentro de ella, porque no implica ningún juicio del Estado.

Esta concepción procesal de la libertad  no basta para organizar la vida social. La ley va más lejos, permite o prohíbe, y por consiguiente impone una concepción de la vida, de la propiedad, de la educación. Así pues debe responder a dos exigencias que parecen opuestas: por un lado respetar lo más posible las libertades personales y por el otro organizar una sociedad que sea considerada justa por la mayoría. Esto es lo que vincula la llamada libertad negativa y libertad positiva que se definen como la voluntad democrática de dar a quienes están sometidos y son dependientes, la capacidad de obrar libremente, de discutir en igualdad de derechos y garantías con aquellos que poseen los recursos económicos, políticos y culturales.

[1] Sartori, Giovanni, La democracia en 30 lecciones, trad. de Alejandro Pradera, México, Taurus, 2009, p 20.

[2] Ibidem p. 21.

[3] Sartori, Giovanni, La democracia en 30 lecciones, trad. de Alejandro Pradera, México, Taurus, 2009, p. 21.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s