Derechos Humanos y Servidores Públicos

Por Fabiola Larissa Gordillo Morales

Los derechos humanos han existido a lo largo de un periodo relativamente corto en comparación al tiempo de la vida del hombre. Existen algunos antecedentes que buscaban enmarcar estos, tales como la Carta Magna de Juan sin Tierra, la Declaración de Independencia de las trece colonias, y no fue sino hasta la Declaración de los Derechos del Hombre que estos cobraron real importancia. Derivados del iusnaturalsmo, especialmente los de la primera generación, han trascendido como ideales de una sociedad “justa”, “tolerante” y “armónica”.

Sin embargo, los derechos humanos no pueden operar fehacientemente debido a que, buscando llegar a la superficie, unos chocan contra otros y, a pesar de que dos o más derechos humanos estén en conflicto, a través de un ejercicio de ponderación , uno siempre quedará por encima de otro, perdiendo todo sentido de armonía, sin mencionar la justicia, especialmente porque esta última es muy subjetiva, pero no por eso menos importante.

Nota-ServidoresPublicosViéndolo desde un punto de vista más objetivo, y más específicamente en el caso de nuestro país, las garantías que señala expresamente nuestra constitución, en su mayoría, son solo ideales de lo que debiera ocurrir dentro del Estado, sin embargo, al chocar crean un conflicto de intereses, haciendo complicado tomar una decisión sobre cuál debería de ser el más importante y porqué. Por ejemplo, pensemos en una manifestación y en el derecho en el que nuestra Carta Magna nos otorga la libertad de asociación y manifestación, siendo un no hacer del Estado; cerrarán calles y avenidas sin que les sea impedido manifestarse siempre y cuando no incurran en un ilícito, ¿pero qué ocurre entonces, con la libertad que el resto de los ciudadanos detentamos para circular libremente? ¿Acaso tenemos menos derecho a comparación de aquellos que se expresan al marchar?, o peor aún, si una persona gravemente herida que es trasladada en ambulancia se encuentra con distintos obstáculos al dirigirse al hospital debido a tal manifestación ¿tiene más derechos que cualquiera de nosotros? y si es así, ¿cuál es la posición del Estado frente a estos conflictos al ser las garantías individuales un acto de no hacer? La persona en ambulancia, por cuestiones obvias, posiblemente sea quien tiene más derecho, pero mientras el resto  crea que el suyo es más justo y no le permitan pasar, existirá un grave conflicto, por lo que en muchas ocasiones  podríamos decir que las personas afectan también la esfera jurídica de otras personas, no solo las autoridades.

UnknownEntonces, si entre nosotros mismos afectamos los derechos de otras personas, ¿cabe la posibilidad de que pudiéramos afectar “derechos” de una autoridad, no por el hecho de que sea servidor público, si no como persona física? Es bien sabido que los derechos humanos se crearon para proteger a los gobernados del arbitrio de la autoridad, pues ésta detenta el imperium que podría emplear con vicios o como un mero capricho con el fin de coaccionar a los gobernados a fin de obligarlos a obedecer sus mandatos, entonces, ¿qué ocurre en el caso contrario?

Un buen ejemplo de un caso que podría ser poco común y que, a pesar de sonar fantasioso, no deja de ser verídico, es: qué pasaría con un policía que se encuentra en una persecución para capturar a dos delincuentes que acaban de robar un automóvil; uno de los ladrones porta un arma que usó para amenazar desde un principio a la víctima, así como utilizando la violencia física en su contra con el propósito de poder arrebatarle el vehículo. Al momento en que los delincuentes son alcanzados en una calle sin salida y se sienten sin escapatoria, se bajan del vehículo y aquél que porta el arma apunta y amenaza con disparar al agente de policía, pero no detona el arma, por lo que el oficial, creyendo que el contrario dispararía y, al intentar repeler el futuro ataque, comienza a disparar a los agresores. Finalmente una bala da a uno de los maleantes, el cual no portaba pistola alguna, muriendo instantáneamente, cayendo al piso inmóvil mientras que el otro logra escabullirse y escapar. La historia no termina ahí, el policía es detenido pues debía demostrar que efectivamente existió legítima defensa que diera motivo a utilizar su arma. Toda vez que el policía iba solo y la calle quedó vacía al momento en que entraron ambos vehículos, pues la gente buscaba resguardarse para salvaguardar, no existía prueba alguna de que el agente hubiera actuado así con el propósito de repeler un ataque inminente en igual proporción, por lo que se decidió dictar auto de formal prisión iniciando así su procedimiento ante un órgano judicial pues se alegaba que no debió haber hecho uso de su arma y en consecuencia haber privado de la vida a una persona que tenía tanto derecho como él a vivir. Todas las pruebas estaban en contra del policía, y no fue sino hasta que el dueño del auto robado en un principio conoció del asunto  que pudo  ayudarlo a salir en libertad a través de su testimonio, en el cual, señaló que efectivamente uno de los ladrones portaba un arma y que incluso él fue amenazado para posteriormente ser despojado de su patrimonio. Afortunadamente terminó bien  este hecho, pero como éste hay otros tantos miles de casos, que si bien no ocurren a diario, pueden llevar a la decadencia la vida de una persona, de una familia, etcétera.

imagesComo particulares muchas veces alegamos el arbitrio de la autoridad o de algún servidor público, pero como vimos en el caso expuesto no siempre defender cierto derecho humano es la mejor postura, pues también existe la posibilidad de que otros factores salgan afectados. Tal vez, ciertos sectores de los servidores públicos, deberían de contar con mecanismos de defensa para sus propios derechos no desde el punto de vista de gobernado, sino que también son susceptibles de ser afectaos, pues aunque como autoridades no detenten derechos humanos, la interacción con otras personas también puede generar conflictos y puede que, al ser el particular quien tiene derechos, solo se tomen en cuenta sus intereses, olvidando que al fin y al cabo un servidor público, por más autoridad que sea, nunca deja de ser una persona.

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