¿Qué es más caro el remedio o la enfermedad? Democracia en México

Por Mitzi Gabriela Alvarado Peregrino

Hace no mucho en México se celebraron dos grandes acontecimientos que forjaron la grandeza de este país: el bicentenario de la independencia y centenario de la revolución mexicana. Se festejaron estos acontecimientos que “nos dieron patria” de una manera asombrosa, hubo conciertos, cine, danza, escultura, exposiciones, se abrieron monumentos y, sobre todo, el sentimiento de nacionalismo y arraigo a esta nación fue inconmensurable.

gal_9542Estos dos movimientos tuvieron características sumamente diferentes, pero con un común denominador: el hartazgo de una nación que resultaba indispuesta ante la manera de gobernar. En el primer caso, la independencia, tuvo como resultado el nacimiento de una nación y sobre todo un turbio siglo XIX, pues México se vio implicado en conflictos tanto internos como externos que desembocaron en dos intervenciones estadounidenses, una francesa y la división de la nación.

En el caso de la revolución mexicana las causas son ya bien sabidas, pero pocas personas conocen las consecuencias. Estas van más allá de la caída del régimen de Porfirio Díaz y la promulgación de la constitución en 1917. El siglo XX mexicano fue protagonista de un somero cambio. En teoría se estableció la vida democrática en el país, pero ¿de verdad fue así?

Es muy conocido que el que tiene el poder, tiene la capacidad de cambiar y escribir a su conveniencia la historia. Así surgió la llamada “historia de bronce” en México. Pues la difusión histórica que se realiza en esta nación se limita al engrandecimiento de movimientos armados, la creación de los llamados héroes nacionales, la descripción de la grandeza del pasado milenario y la construcción de un sentimiento patriota y nacionalista que más allá de todo nos ciega ante la realidad.

mex-coffinEn dicho panorama es donde el libro La presidencia imperial obtiene considerable importancia y relevancia, pues en el no solo se describe la manera en que la vida democrática surgió en el país. Sino que se realiza una completa descripción del cómo la aparente democracia se institucionalizó y se monopolizó en las manos de un solo partido, el “el partido oficial”, el tan polémico Partido de la Revolución Institucional.

Igualmente, es una reflexión que nos invita a tomar conciencia de las maneras de gobernar de un régimen al cual me atrevería a llamar neo-porfirista y de qué manera mantuvo el poder a lo largo del siglo XX. Sin embargo sería mentira negar los grandes avances, a los que estaba obligado, que el gobierno realizó a lo largo de su régimen pues realmente los hubo, pero ¿a costa de qué se realizaron?

Democracia ¿en México?

La Reforma Política Electoral, aprobada por el Presidente Enrique Peña Nieto el pasado 10 de febrero de 2014, ha sido (entre tantas otras) una de las reformas constitucionales más polémicas dentro del mandato del presidente priista, puesto que dentro de dicha reforma se creó el Instituto Nacional Electoral, el cual asumió las funciones del hoy extinto Instituto Federal Electoral.

   Dentro de dicho panorama surgieron diversos cuestionamientos tales como ¿por qué cambiar el nombre de la institución democrática por excelencia en México? Y ¿qué implica dicha modificación? Seguramente las respuestas no se harán esperar, sin embargo es necesario, si se quiere tener una solución concreta y objetiva, analizar desde la historia de las instituciones los motivos que han dado pie a modificaciones de índole político electoral.

   Es en dichas circunstancias donde se hace indispensable el estudio de la obra Historia mínima de la transición democrática en México, pues en tal libro se muestra una explicación del largo proceso electoral por el cual la nación se vio implicado, sobre todo a partir del sexenio de José López Portillo, y la necesidad de creación de una institución que garantizara elecciones imparciales, donde se procurara una mayor competencia dentro de la famosa “dictadura perfecta”.

   A partir de dicho texto se puede comprender la necesidad del PRI de tener mayor competencia, lo cual no significa que estuviese dispuesto a perder una contienda electoral, pues las reformas político electorales, como la de 1977, garantizaban la competencia más no la imparcialidad y claridad de los comicios ya que de igual manera el partido oficial obtendría la victoria.

Es por ello que surge tanta inquietud en torno a la Reforma Política Electoral aprobada hace un par de años, pues a partir del análisis de la historia hace surgir un cuestionamiento más ¿La extinción del IFE y la creación del INE es un cambio únicamente de terminología o tiene finalidades políticas electorales a favor del partido en el poder con miras en el 2018? La respuesta, sin duda, aún no se puede resolver, sin embargo la moneda está en el aire y la incertidumbre también.

Muchos días, pocas soluciones, mucha inconformidad, pocas acciones; Ayotzinapa

Es la tarde del 26 de septiembre de 2015, una tarde lluviosa, melancólica, solemne y taciturna. Es una tarde que refleja el sentimiento de decepción y desesperanza que en México se respira. Un panorama claro-obscuro por el que atraviesa el gobierno de mexicano, más obscuro que claro. Un descontento generalizado en la sociedad y mucha intriga derivada de los acontecimientos suscitados hace un año en Guerrero.

03elect_600x331   En este panorama la sociedad mexicana ha decidido expresar nuevamente su descontento, incomodidad, tristeza, decepción y sobre todo inconformidad. Alrededor del mediodía y las trece horas de la tarde diversos contingentes formados por sindicatos, asociaciones civiles, organizaciones no gubernamentales, universidades y la sociedad en general han decidido salir a las calles con un solo propósito: recordarle al gobierno que sigue inconcluso el tan polémico “Caso Ayotzinapa.”

   En diversos puntos de la avenida reforma llegaron los colectivos de las diferentes organizaciones que decidieron hacer escuchar su voz. Es el caso de algunos sindicatos que decidieron conglomerarse entre la Glorieta de la Palma y el Ángel de la Independencia, o el caso de las universidades, donde el punto de reunión resulto ser el metro auditorio.

   Con el contingente encabezado por los padres de los normalistas y sus representantes inició la mega marcha, alrededor de las trece treinta horas. Acto seguido iniciaron las ya muy conocidas consignas de protesta que en cada marcha se hacen sonar. Sin embargo, independientemente de las diferentes expresiones que adoptaba cada contingente, el que más se hizo sentir fue la consigna característica de este movimiento: “vivos se los llevaron, vivos los queremos.”

Sin dejar de tomar en cuenta el motivo por el que se manifestaban, cada contingente se hizo notar con las diferentes expresiones características de su movimiento. Un ejemplo es la UNAM, además de exigir “la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos”, manifestaron su inconformidad por la manera en que se ha satanizado la protesta social, el presunto recorte presupuestal y demás factores que resultan ser motivo de protesta.

Los primeros instantes de la movilización pacífica resultaron en saldo blanco. Sin embargo no todo es miel sobre hojuelas, pues los tan polémicos grupos anarquistas acudieron a la llamada “XVI acción global por Ayotzinapa”. Indudablemente su manera de actuar, expresarse y manifestarse fue significativamente diferente a la de los demás, pues dicho “grupo de choque” inició a dar indicios de violencia en una movilización meramente pacífica.

A lo largo y ancho de la manifestación, los grupos anarquistas se hicieron notar con sus características pintas a los monumentos históricos de la ciudad, igualmente al romper los vidrios del café Starbucks ubicado en la avenida Juárez. Pero no fue sino hasta llegar al cruce entre la calle 5 de mayo y el eje central donde llamaron la atención con más fuerza que antes: iniciaron a lanzar petardos, piedras y cualquier objeto al alcance de sus manos para provocar al cuerpo policial que se dio cita para “cuidar la manifestación”. Fueron momentos donde el miedo y la intriga se apoderaron de los manifestantes pacíficos, sin embargo no trascendió y la marcha siguió su curso habitual.

En la explanada del zócalo capitalino el mitin se desarrollaba. En él tomaron la palabra diferentes grupos del país: desde los representantes de los padres de los normalistas, hasta el líder de las autodefensas michoacanas, Hipólito Mora, pasando por representantes del STUNAM y de la comunidad Yaqui.

Fue una tarde donde el cielo lloró por la memoria de 43 estudiantes, donde la sociedad civil grito por la justicia en México, en la cual los sindicatos expresaron su sentir y apoyo, donde la comunidad universitaria salió a las calles a cumplir con su obligación histórica, donde el gobierno sigue sin dar la cara, sin dar una postura clara y ofrecer soluciones sensatas al “Caso Ayotzinapa.”

Al finalizar esta reflexión he llegado a la conclusión que tanto independencia como revolución solo fueron aparentes cambios, pues el primer caso desemboca innumerables pugnas y el segundo tiene como resultado la formación de la llamada “dictadura perfecta” que logró grandes avances, pero no cambió en nada la manera de gobernar. Por lo cual concluyo con el siguiente cuestionamiento ¿de verdad hubo revolución o únicamente el poder cambio de mando? ¿Qué se tiene que hacer para llegar a la democracia? ¿La democracia es el camino para llegar a la justicia de estos 43 jovenes?

 

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