En defensa de los animales. Pt3.

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¿No podríamos empezar por estar de acuerdo acerca del amor que se les debe a los animales? […] Y eso es simplemente en nombre del sufrimiento, para matar al sufrimiento.
Émile Zola

Para terminar con esta serie de entradas, me gustaría compartir con ustedes parte del Epílogo que corre por cuenta de Thegchog Chöling, quien en el 2014 en Bután, presentara un discurso tanto elocuente como motivador, titulado “Una llamada a la razón y a la bondad humana”.

En la primera parte de esta serie de entradas se habló de la esquizofrenia moral, Chöling lo llama “incoherencia”. Incoherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Nos dice que si bien la mayoría de nosotros (decimos que) amamos a los animales, dicha compasión suele encontrar el límite al borde del plato. Y aunque esto nos lleva una insatisfacción ética, las repercusiones de nuestra incongruencia adquieren niveles tangibles cuando vemos que la cría industrial es la mayor responsable del cambio climático y que su consumo frecuente, afecta nuestra salud. Y esto lo cataloga como faltas de respeto:

En lo tocante a los animales, faltar al respeto por ignorancia consiste, concretamente, en no reconocer que tienen emociones y son sensibles al dolor. también es ignorar el continuo que vincula al conjunto de las especies animales. cuando resulta que disponemos de los suficientes conocimientos científicos y elegimos ignorarlos, estamos negando la realidad .
Faltar al respeto por orgullo es imaginar que la superioridad que tenemos en ciertos campos nos confiere el derecho de  vida y muerte sobre los animales. Faltar al respeto por egoísmo es utilizar a los animales como si fueran simples instrumentos destinados a satisfacer nuestros deseos o a alentar nuestros intereses económicos. Finalmente, faltar al respeto por ideología es justificar nuestra instrumentalización de los animales basándonos en dogmas religiosos, tortas filosóficas o tradiciones culturales.

Si hemos de evitar esta incoherencia, deberemos “concederles (reconocerles) un palor intrínseco”, es decir, considerarlos de manera ética y, de manera legítima, tener en cuenta sus aspiraciones. Para tener un sistema ético estructurado, hemos de incluir a todos los seres sensibles: “el altruismo y la verdadera compasión no deberían de conocer barreras”.

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