Hacia una filosofía de la ciencia centrada en prácticas

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Gracias al Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, tenemos la oportunidad de hablar de este interesante texto que corre por parte del Dr. Sergio F. Martínez y del Dr. Xiang Huang, quienes en colaboración con Fudan University y Bonilla Artigas Editores presentan en ocho capítulos la importancia de las prácticas en Filosofía de la Ciencia.

Los autores parten de una importante premisa: “la filosofía de la ciencia tiene que estrechar sus relaciones con las ciencias sociales”, esto ha de entenderse no como una reducción a las segundas, sino, como se ha expresado, ver en su justa dimensión los puntos de encuentros entre estos saberes, no optar por un extremo simplista; sino más bien, redimensionar a la filosofía de la ciencia como fuente para “replantear importantes problemas filosóficos desde perspectivas novedosas y productivas”.

De este modo, ves que la principal invitación que nos hacen los autores es la de cambiar nuestra percepción de la ciencia, dado que, como han señalado otros pensadores, fuera del canon occidental, existe una vasta riqueza intelectual en otros países, cuya presentación del saber adquirido varía de nuestro “modelo científico”, no significando, en absoluto, una ausencia de validez, solo un distanciamiento al modo tradicional de explicación.

Antes de continuar, resulta necesario establecer que “una práctica es un complejo de actividades (y, por tanto, de normas, reglas, valores, estándares y tecnología) que tienen una estructura estable con la capacidad de reproducirse (con variantes) a través de diferentes procesos de aprendizaje”; por lo que, dar relevancia a las prácticas significa “dar respuesta al sentido en el que la ciencia es  acumulativa pero no linealmente acumulativa”.

Las prácticas no deberán restringirse al contexto del descubrimiento, sino que deberá considerarse también en el papel que desempeñan en la justificación. En otras palabras, se dirá que no el conocimiento no es “indiferente de valores o concepciones metafísicas”, entra en juego la carga teórica de la observación y los motivos auxiliares en la dinámica científica, lo cual sitúa el saber en una dinámica más atractiva por estudiar ya que aborda algo más complejo.

Concluyendo, la filosofía de la ciencia “tiene que hacerse desde y para la ciencia, y por lo tanto, los filósofos de la ciencia ya no pueden hacer filosofía de la ciencia sin saber de ciencia y de su historia”. Por ejemplo, Machamer y Silberstein abogan por la discusión de la filosofía de la ciencia desde su “práctica de hecho”, desde cómo se plantean dichos problemas científicos que interesan a los filósofos. Dado que se evita un enfoque centrado exclusivamente en teorías, una filosofía de la ciencia centrada en prácticas agrega una dimensión cognitiva.

 

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