Una historia de zozobra y desconcierto

Unknown-3.jpeg

Gracias  GEDISA en colaboración con la Universidad Autónoma de la Ciudad de México tenemos la oportunidad de hablar de esta obra que acota “La recepción de las primeras escritoras profesionales en México (1867-1910), escrita por Leticia Romero Chumacero quien es profesora-investigadora de la UACM.

Este texto ha surgido, en palabras de la autora surge como protesta a la observación popularizada (y poco rigurosa) de que la escritura de las mujeres mexicanas era limitada a la poesía de tono romántico, lo que conlleva a que se le considere de poca calidad e interés, por no mencionar, respeto entre los demás escritores. Durante el libro se analiza la parte final del siglo XIX y principios del siglo XX pues es ahí, donde, se puede establecer un “contexto primigenio”, es decir, es el momento en donde “varias mujeres tomaron sistemáticamente la pluma, para hacer pública su expresión a través de textos poéticos, dramáticos, narrativos, ensayísticos y periodísticos”.

El hecho de que se vean su aparición de manera sistemática permite descartar que las escritoras pasen por “casos aislados, excepcionales”, sino que, rechazando el statu quo, se buscan posicionar en labores comunicativas y artísticas, de manera profesional. Es decir, la identidad ahora adquirida será la de: escritora. La escritora es la mujer que ocupa un espacio público, que tiene algo que decir y que dará a conocer en palabras sus ideas e inquietudes a una audiencia mayor, es pasar del diario o cartas privadas del principio.

En este libro, la autora nos relata los retos a los que tuvieron que enfrentarse las mujeres que iniciaron “el arte de la pluma”, nos habla del papel de escritoras nacionales y extranjeras, por ejemplo: Isabel Prieto, Gertrudis Gómez de Avellanada, Emilia Pardo Bazán, Laura Méndez de Cuenca, Laureana Wright, entre otras; lo que nos da una mirada más completa y profunda de la historia de la literatura mexicana.

Sin duda alguna, la inserción de las mujeres en el mundo literario, les permitió posicionarse en el ámbito intelectual, sector rezagado hasta el momento. Las mujeres eran percibidas, de acuerdo a su obra, como poetisas o literatas. Las primeras contaban con la aprobación social pues en ellas había una marcada expresión efectiva, es decir, no las alejaba de su esfera socio-simbólica; por otro lado, las literatas eran consideradas una amenaza, ya que desde la incursión a otros géneros, cuestionaban la opinión general, aquellas que desafiaban los esquemas establecidos… ¿no será ésta la razón por la que la poesía femenina se popularizó y no así los ensayos?

La respuesta es afirmativa, como bien señala la  autora, fue una omisión deliberada. Las literatas, además, coincidían en las esferas de discusión política e intelectual, presentando “una peligrosa masculinización que se evitó a toda costa”. Podemos finalizar con la sentencia que deja Romero: “la crítica y la historia literaria del siglo XX, han estado en deuda, durante mucho tiempo, con un grupo de personas cuya vocación fue más enérgica que las graves admoniciones en derredor”, es por lo tanto, la lectura de de esto texto, no sólo un deber intelectual sino un gozo por igual.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s