“Somos estrategas”: Dirección de Comunicación Empresarial e Institucional

Por: Ernesto Jiménez

A finales del año pasado, el total de la población mexicana se preparaba para dar paso a la televisión digital (al menos el sector que pudiera, debido a sus capacidades económicas, tener un televisor), el objetivo: modernizar y entregar una mejor calidad en la televisión abierta. Es entonces donde cabe la siguiente pregunta ¿y el contenido? Siendo un país educado por la televisión pública, exigir un mejor contenido, no es para nada una cuestión simplista. Seguimos educando a las nuevas generaciones con programación barata, simple aburrida y repetitiva; televisión que es vista por los niños y adolescentes quienes también crecieron a la par de las nuevas tecnologías, con la imagen y no con las palabras; parafraseando a Sartori, son la generación teledirigida. Lamentablemente para nuestro país, no sólo tienen la desventaja que les genera la falta de racionamiento a consecuencia  de la recepción de la imagen, además se le suma la pésima calidad en la oferta televisiva nacional.

13454073_785137911622743_112690415_nEn un entrono comunicacional en pleno momento evolutivo, parece ser la televisión, un medio retrogrado, aferrado a un barco que se hunde. A diferencia de las redes sociales que fueron el cambio y el comienzo de una nueva manera de comunicación, a la televisión le ha costado mucho trabajo deshacerse del modelo antiguo de comunicación: emisor-mensaje-receptor, sin retroalimentación y con un receptor tan pasivo como sus intereses lo requieran.

Si bien es cierto, la imagen y un vocabulario mayor ayudaron a crear mensajes mejor construidos dentro de la televisión, la manipulación de estos hizo que perdieran su credibilidad, los fue haciendo monótonos y en ocasiones de bajo impacto para el televidente, pues éste olvidaba de manera rápida para dar paso a nueva información.

Para salirse de los modelos clásicos de comunicación, la publicidad, por ejemplo, echó mano directamente de su comprador, involucró más al público otorgándole la capacidad de retroalimentar el proceso comunicativo y, además, le creó nuevas necesidades de las que él creía tener.  Sustituyo  casi en su totalidad a las palabras por la imagen, con un slogan corto que llevara a la reflexión del receptor; imágenes que atacaran, en términos publicitarios, su entorno social, cultural, económico y político.

13453507_785138028289398_506757117_o.jpgA medida que el receptor tenía mayor publicidad, más quería tener los productos, comprarlos, adquirirlos para sentirse parte de ella, entonces comenzó a consumir en mayor cantidad, sin saber, que a cada paso que daba hacia ellos ya no lo satisfacían; era ahora la marca quien llenaba sus expectativas y le generaba deseos, comenzó a adquirir pues a la marca porque no sólo le gustaban sus productos, también le proporcionaban un status, una experiencia agradable aunada al valor de la mercancía en sí. Todo esto siempre con la ayuda de las redes sociales que permitían un mayor acercamiento entre clientes y empresas.

A esto se llamó “los inteligibles” en la comunicación y tuvo su mayor auge en la década comprendida entre 1995-2005, a la par del despunte de las nuevas tecnologías, pues fueron precisamente ellas y su magnética atracción hacia los compradores, quienes hicieron posible crear esa relación vendedor-comprador.

Esto generó nuevas identidades en los compradores, les otorgó valores que antes no les pertenecían, en otras palabras, los fue moldeando a su conveniencia, el valor que les proporciona cierta marca, es un valor añadido a su vida diaria. Ambos se han convertido en dependientes el uno del otro.

“Somos estrategas”: Dirección de Comunicación Empresarial e Institucional es un libro que ve la luz de la mano de sus coordinadoras, Ana María Enrique Jiménez, Doctora en Comunicación Audiovisual y Publicidad, y Francisca Morales Serrano, Doctora y Máster en Dirección de Comunicación Empresarial e Institucional, por la Universidad Autónoma de Barcelona. En él encontraremos ensayos dedicados a la comunicación organizacional, marketing, publicidad, comunicación interna y dirección de comunicación, con el firme objetivo de contextualizar al lector en un en un entorno nuevo, debido al incremento de las tecnologías y al cambio acelerado que esto trajo a la comunicación.

13454149_785138034956064_1151653467_nUn libro infaltable para los estudiantes de comunicación, investigadores y docentes que quieren conocer el estado actual de la Dirección de Comunicación;  ágil en su lectura  y concreto en sus definiciones, acorde con el momento presente acelerado de los medios y las maneras nuevas de comunicarse; un libro que puede aportar un valor en demasía si se enfoca correctamente, puede ser considerado como una guía práctica para todos aquellos emprendedores que buscan una mejora en sus empresas, pero han perdido el hilo de las estrategias comunicacionales a causa de su rápida evolución.

Antes de despedirme quisiera agradecer a editorial Gedisa por haberme proporcionado el material necesario para la realización de este trabajo y hacer hincapié en el esfuerzo  del comunicador por estar a la vanguardia, no sólo en cuanto a nuevas tecnologías se refiere, también a las técnicas, procesos y estrategias que avanzan a pasos agigantados, tengamos en cuenta que los medios han evolucionado y con ellos se han roto barreras antes casi inviolables, las distancias se acortaron, los mensajes se difunden y los medios continúan proporcionando más herramientas para ampliar la comunicación. Quizá sea hora de cuestionarnos, qué haremos con la vastedad de información que poseemos.

Que disfruten su lectura.

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