El Distrito Federal

Por César Augusto  Moreno Díaz e Iván Salazar Tornez

Desde los inicios del Distrito Federal, la ciudad de México ha sido el centro político y de gobierno por excelencia de nuestro país. Se asienta el valle de México donde floreció la civilización azteca durante el siglo XV y principios del XVI. Ciertamente, no era propiamente un valle, sino una cuenca que carecía de salida natural, cuya parte central inferior se constituía por grandes lagos de poca profundidad, pero ello no fue obstáculo para que se creara una ciudad isla llamada Tenochtitlan- Tlaletelolco, originalmente confinada a una pequeña área de tierra insular pantanosa que se convertiría en una grande sede urbana y en la capital de la nación.[1]

df.jpgLa ciudad de México fue el centro del virreinato de la Nueva España. En ella convivieron las autoridades centrales, representadas por el virrey y la Audiencia, así como por la autoridad municipal encarnada en el ayuntamiento de la ciudad de México. Las autoridades centrales tuvieron una jurisdicción mucho mayor; estaban facultadas para reglamentar las relaciones entre la ciudad y los pueblos ubicados alrededor de ella; el ayuntamiento de la ciudad de México, por su parte, se ocupó primordialmente de la urbe y en 1539 se le decreto una jurisdicción de 15 leguas. Con el paso de los años, creció en importancia.

Posterior a este acontecimiento y obtenida la independencia de nuestro país y, a su vez, expedida la primera Constitución Federal, en su artículo 50 fracción XXVIII, fue que se faculto al Congreso de la Unión para designar un espacio geográfico que sirviera de residencia a los supremos poderes de la federación al que se le llamo Distrito Federal. El asunto se vino a resolver más tarde por el congreso, mismo que por decreto de 18 de noviembre de 1824 creo el Distrito Federal, que estaría comprendido en un círculo cuyo centro seria la plaza mayor de la ciudad de México y con una radio de dos leguas; el gobierno del Distrito Federal quedo exclusivamente bajo la jurisdicción federal, pero coexistiría con un ayuntamiento dependiente de un gobernador.[2]

De esta manera queda claro que el constituyente de 1824 comprendió la sustancial importancia de que para poder entender, estructurar y edificar a nuestro país, México, como un real estado federal, era necesario que se designara un lugar donde quedaran establecidos los poderes federales, para de esta manera, dirimir cualquier tipo de controversia que pudiera presentarse entre las diversas competencias o jurisdicciones de cada uno de los estados miembros de la nacida Federación.

UnknownAsí, el Gobierno del Distrito Federal quedó conformado por un poder legislativo, que era el Congreso General, un poder Ejecutivo bajo la responsabilidad del Gobierno general con un Gobernador con carácter interino que tendría el cargo de Jefe Político y un Poder Judicial. [3]

Resulta trascendente mencionar que hubo una época dentro del desarrollo de nuestro país, en el cual se sufrieron modificaciones y transformaciones en la medida y situación en que había optado por ser un Estado Federal y de manera inaudita, por momentos, se desvío por estructurar un Estado Simple, denominado centralista que reflejaban su profundo sentir contrario al de un sistema federal, sin embargo este fue el que prevaleció.

El Distrito Federal posee una naturaleza compuesta por dos vertientes. En principio podemos hablar que el Distrito Federal es el lugar sede de los Poderes de la Unión, quien se encarga de resguardarlos y al mismo tiempo funge el papel de ser la capital de nuestro país, capital de los Estados Unidos Mexicanos.

Por otra parte el Distrito Federal es una entidad federativa que posee una personalidad jurídica propia y patrimonio propio, lo cual le da la plena capacidad para poder adquirir y poseer cualquier tipo de bienes que sean necesarios para la correcta prestación de servicios públicos, que se encuentran bajo su cargo, y sin ser uno de los Estados miembros de la Federación, en donde se encuentra la principal discrepancia al hablar sobre el Distrito Federal, ya que es un nivel de Estado que se encarga de crear y, por supuesto, hacer aplicar todo el ordenamiento jurídico establecido en su territorio para su correcto desarrollo.

Es por ello que resulta importante, además de interesante, analizar y describir algunas de las diferencias y similitudes entre las entidades federativas, para así comprender con mayor facilidad la naturaleza y la finalidad de creación del mismo.

El primer distintivo entres los Estados miembros de la Federación y el Distrito Federal es, que los primeros, cuentan con una Constitución propia, y por ello, poseen la facultad de poder auto determinarse de acuerdo a los preceptos en ella establecida. Por tanto es que el Distrito Federal carece de esta facultad, de esta autonomía, ya que su estatuto de gobierno es expresamente expedido por el Congreso de la Unión. A su vez, estos Estados miembros, se encuentran encabezados por un órgano ejecutivo de carácter totalmente unitario, quien se encargara de guiar y estructurar el proyecto de gobierno correspondiente, denominado Gobernador, mientras que en el Distrito Federal no sucede de la misma manera, ya que su órgano ejecutivo es de carácter dual por lo cual se entiende que existen dos figuras a la cabeza de este, el Presidente de la República y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Por otra parte y enfocados en la misma distinción de autonomía entre los Estados y el Distrito Federal, podemos hablar sobre otra de las funciones del poder; el poder legislativo. Los Estados únicamente cuentan con un solo órgano legislativo, mientras que el Distrito Federal nuevamente se encuentra frente a un dualismo; El Congreso de la Unión y la Asamblea Legislativa. Esta distribución de facultades y competencias, de las que hemos hecho mención de manera breve, se encuentran fundamentadas, a su vez, dentro del principio establecido en el artículo 124 constitucional, el cual establece que todas aquellas facultades que no es encuentren estrictamente establecidas a favor de los funcionarios y autoridades federales, se encontrarán reservadas para las autoridades locales, es decir, autoridades respectivas de cada uno de los Estados miembros. En similitud de ideas sucede lo contrario para el Distrito Federal, ya que el artículo 122 constitucional y el articulo 24 del Estatuto de Gobierno del Distrito Federal, nos establecen la carencia de atribución para poder hacer uso de esa facultad que los Estados miembros si poseen, ya que dentro de estos preceptos se establece claramente que a las autoridades del Distrito Federal únicamente le competen las facultades que se encuentran expresamente establecidas en ellos.

ciudad-de-mexicoDe esta manera podemos notar que en los Estados miembros no existe una directa intervención de la Federación como sucede en el Distrito Federal, esta únicamente surge en situaciones estrictamente especiales y que se encuentran establecidas dentro de los preceptos constitucionales, como es el caso de la desaparición de poderes o el juicio de alguna autoridad o funcionario local.

Otra de las características fundamentalmente distintivas entre los Estados y el Distrito Federal es la organización política y administrativa de ambos, así como su división territorial; en el primero podemos hablar de la figura llamada Municipio. El Municipio, es una persona moral y como tal es sujeto de derechos y obligaciones, tiene un nombre, un patrimonio y un órgano de representación que es el ayuntamiento o cabildo. Es un tipo de descentralización política y jurídica.[4] Desde esta perspectiva, en sentido contrario, el Distrito Federal actualmente no se divide en municipios, existió un momento histórico en el que si lo fue, pero actualmente se encuentra dividió en demarcaciones territoriales conocidas como Delegaciones.

En esta misma circunstancia, resulta importante destacar que en el proceso de adición o reforma de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se requiere que estas sean aprobadas por la mayoría de las legislaturas de cada uno de los Estados miembros, sin embargo, el Distrito Federal no participa en este proceso, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal no interviene en el proceso de dichas reformas constitucionales, aun siendo que el Distrito Federal es considerado como parte integrante del Estado Mexicano al igual que los Estados miembros.

Podemos decir entonces, que tanto los Estados de la Federación, como el Distrito Federal, si poseen una personalidad jurídica y patrimonio propio, personas jurídicas que se encargan en sus respectivos órganos de gobierno, de hacer cumplir el ordenamiento jurídico de acuerdo al orden territorial que les corresponde, y que en ellos existe una división de las funciones del poder público; ejecutivo, legislativo y judicial, pero en diferente medida y relación. Así mismo, encontramos que las limitantes contenidas en nuestro texto constitucional en son aplicables para ambos, y que sumado a esto, ambos están facultados para desempeñar las mismas atribuciones coincidentes y compartidas con la federación, como lo es en materia de educación, profesiones, salubridad, asentamientos humanos, ecología, entre otros. De aquí es que surgen diferentes conjeturas y la trascendental confusión que se ha generado desde siempre entre los Estados y el Distrito Federal.

De esta manera, podemos establecer que la instauración del Distrito Federal, en primera parte, fue resultado de la necesidad por establecer una manera de organización en la que existiera un mayor equilibrio entre los poderes de la Unión, y por tanto un mayor control sobre ellos.

A su vez, al haber establecido las diversas características de esta entidad, y equipararlas con las de los Estados miembro, podemos encontrar que a pesar de que pudieran, en principio, parecer tener las mismas características, facultades o atribuciones, no sucede así, ya que la naturaleza de ambos es completamente diferente. Ambos poseen figuras dentro de sus órganos de gobierno que no resultan tan iguales como muchos quieren hacernos ver.

Al respecto de esto podemos hacer mención de uno de los temas, que en los últimos tiempos se ha encontrado en el medio de diversas discusiones y      el cual se ha hecho una realidad. Esta idea tan controversial sobre si el Distrito Federal debe ser nombrado como un Estado. Ante esta tesitura, podemos determinar que no debe ser una decisión tomado a la ligera, puesto que no implica únicamente un cambio de nombre, implica el cambio de toda una forma de gobierno, cuya base estructural es la igualdad de condiciones por lo que convertir a un Estado en la sede de los Poderes de la Unión, sería terminar con ese principio, se terminaría entonces con la Federación, por tanto, la reubicación territorial de los poderes sería necesaria si se quisiera seguir manteniendo la real esencia de una Federación.

[1] Fix-Zamudio, Héctor, Valencia Carmona, Salvador, Derecho Constitucional Mexicano y Comparado, 3ª. ed., México, Porrúa, 2003, p. 970.

[2] Ídem.

[3]Aguirre Vizuet, Javier, Distrito Federal: Organización jurídica y política, México, Porrúa, 1989, p. 36.

[4] Orozco Garibay, Pascual Alberto, Derecho Constitucional. El Estado Mexicano. Su Estructura Constitucional, México, Porrúa, 2009. pp. 313, 314.

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