Una aproximación a la eternidad del arte desde el Weltschmerz

Por Sergio Artemio Guillermo Valentín

Abordar cualquier problema filosófico a partir de Schelling implica, además de los esfuerzos naturales que requiere la filosofía, asumir riesgos necesarios con la finalidad de poder llegar a una reflexión vital. Es decir, esgrimir las problemáticas en pos de una manera distinta de reflexionar. ver y asumir la vida misma.

En el presente texto se reflexionará en torno al tiempo y al arte; se buscará plantear la idea images-1de la eternidad del arte.a partir de textos de suma importancia en la obra de Friedrich Wilhelm Joseph Schelling: Las edades del mundo y La filosofía del arte. Asimismo, tomaremos como base el término romántico Weltschmerz, del cual surgirá un acto de creación artístico que posicionará a la obra en la eternidad y haciendo énfasis en una concepción distinta de la acostumbrada sobre el tiempo se explicará lo eterno del arte.

La reflexión sobre el tiempo la encontramos en Las edades del mundo[1], libro que desde mi perspectiva, ha sido presa de una gran injusticia de la historia del pensamiento, ya que, inexplicablemente ha pasado inadvertido en una gran medida en comparación con otros textos fundamentales de la filosofía. Dicha obra, tenía planeado Schelling, debía constar de tres libros, referentes al pasado, presente y futuro. Sin embargo, sólo llegó a redactar el primero sobre el pasado aunque en tres versiones distintas; en este sentido, estamos frente a tres textos que pretenden ser tres versiones de lo mismo, no obstante, son tres escritos diferentes.

La primera versión fue terminada en 1811, la segunda en 1813 (resaltando que es la más breve de las tres) y la tercera (la más extensa) en 1815. Debido a una etapa en la que Schelling se había mantenido en un silencio editorial, ninguna de las versiones fue publicada mientras él tenía vida.

Partiendo de la versión de 1811, encontramos una postura acerca de la negación en el mundo, por así decirlo, de un pasado y un futuro, en palabras de Schelling,

… todo lo que ha sucedido en él desde el comienzo y lo que sucederá hasta el final pertenece a un único gran tiempo; que el auténtico pasado, el pasado sin más, es el premundano; que el auténtico futuro, el futuro sin más, es el futuro postmundano; y de este modo se nos desplegaría un sistema de los tiempos, del cual, el sistema del tiempo humano sólo sería una copia, una repetición en un círculo más estrecho-[2]

UnknownEn este sentido, al pertenecer el mundo a un único gran tiempo, se desprende que todas las cosas en él de igual manera y contrario a lo que se cree de que cada cosa es en el tiempo, nace la idea de que cada cosa tiene su tiempo en sí mismo.[3] Así pues, ninguna cosa tiene un tiempo exterior, sino que cada cosa tiene su tiempo interior propio e innato a ella.

En cada cosa el tiempo surge de nuevo e inmediatamente desde la eternidad[4] y, en este orden de ideas podemos afirmar que, aunque no todas las cosas se sitúan en el comienzo del tiempo, sí podemos afirmar que el comienzo del tiempo se encuentra en todas las cosas. en el caso del arte esta idea se puede ejemplificar de una manera más concreta.

En la versión de 1811, además de repetir las ideas acerca del tiempo premundano y el sistema de los tiempos, añade una reflexión sobre un antagonismo que permite que el tiempo sea; una disputa de dos principios, uno que impulsa hacia adelante, al desarrollo, y otro que detiene, que frena, es decir, que se opone al desarrollo[5]. ambos son necesarios para que pueda ser posible el tiempo, sin el freno existiría el desarrollo sin escalas del mismo, y sin el desarrollo existiría una detención absoluta, por lo que no podría haber tiempo.

En la versión de 1815, Schelling nos muestra una idea de suma importancia para el presente trabajo, pues, partiendo de la divinidad que es un ente eterno, precisa de un pasado eterno, porque, si no se puede pensar ningún presente que descanse en un pasado, tampoco se puede pensar en un presente eterno que no tenga como fundamento un pasado eterno. Por ello, la verdadera eternidad no es la que excluye todo tiempo, sino la que contiene sometido a ella el tiempo (el tiempo eterno). la eternidad real es la superación del tiempo.[6]

images-2Parafraseando al filósofo de Leonenberg, todo surge de donde ha surgido todo, y al mismo tiempo todo volverá ahí. Desde la reflexión del tiempo, en donde cada cosa tiene su tiempo en sí, pero al mismo tiempo contiene a todo el tiempo en si, solo refleja aquella pertenencia a un origen. Uno de los más grandes problemas que, ciertamente origina una gran cantidad de problemas a la humanidad es ese olvido del origen; ante ello, en esa melancolía de la añoranza por retornar a él, el artista o el genio, es el encargado de mostrarlo a la humanidad a través de sus actos de creación, y al mismo tiempo, debemos señalar la descripción de esa melancolía de la vuelta al origen.

En la lengua alemana existe una palabra que describe de manera exacta aquella sensación que, si bien no es propia de los artistas, es necesaria para que éstos puedan desarrollarse como tal. Weltschmerz se compone de welt que es mundo, y schmerzen que significa dolor. Así pues, el dolor del mundo o dolor cósmico es aquella necesidad que impulsa al artista a transformar al mundo.

Dicho más claramente, la sensibilidad romántica que se desarrolla en torno al dolor del mundo, desde mi punto de vista, podemos encontrarlo en dos posiciones; la primera que lleva a la singularidad sensible a la añoranza de no-ser, y que ciertamente en ejemplos literarios magníficos, en este sentido, podemos mencionar el Werther de Goethe, lleva al suicidio al protagonista al no poder soportar más aquel dolor de la existencia; por otro lado, ese dolor del mundo puede llevar a buscar una razón, una meta o motivo a la existencia, como Nietzsche menciona en su segunda intempestiva:

Cuál es la finalidad del «mundo», cuál es la finalidad de la «humanidad», por ahora, no debemos inquietarnos por tales cuestiones a no ser que queramos hacer bromas […] Pero con qué finalidad existes tú, como individuo, pregúntate esto y, si nadie te lo puede decir, trata de justificar el sentido de tu existencia de alguna manera -a posteriori-, proponiéndole un objetivo, una meta, una «finalidad», una alta y noble «finalidad». ¿Si pereces en el intento? Yo no conozco ningún objetivo mejor en la vida que perecer por lo grande y lo imposible, animae magnae prodigus. [7]

Dicho lo anterior, el Weltschmerz en el artista, es la necesidad que lo impulsa a ese acto de creación; la nostalgia de haber pertenecido a un tiempo orgánico, estando en uno mecánico es el origen de un malestar. Sin embargo, ese retorno al origen puede hacerse desde el arte, puede el artista estar en su tiempo y estar en El tiempo a la vez. De igual modo, en la obra de arte vemos su pertenencia al tiempo mecánico, pero por una razón casi inexplicable está fuera de éste tiempo mecánico; pertenece a algo superior, ya que no deja de mostrar el origen del todo. .

Es conveniente pues, mirar la Filosofía del arte en Schelling, la cual procede fundamentalmente de las conferencias que fueron impartidas en Jena (1802-1803), y en Würzburg (1804-1805), y publicadas hasta 1809. Sin embargo, ya desde las páginas iniciales de lo que sería su primera obra maestra, es decir, el Sistema del idealismo trascendental (1800), consideró a la filosofía del arte como el órganon de la filosofía.[8]

Es cierta la idea de que la producción de la obra de arte o el acto de creación artístico inicia conscientemente y se observa en la intencionalidad que tiene el artista de emprender el camino hacia esa meta. Sin embargo, esta se verá rebasada, ya que en la consumación de la obra de arte se objetiva una necesidad que supera las intenciones del propio artista.

La producción va de la libertad a la necesidad, de la conciencia a la no conciencia, como se dijo anteriormente, imperando una necesidad en el producto. Por tanto, la verdadera expresión objetiva de la armonía entre la libertad y la necesidad, no es la filosofía sino el arte; de este modo, el producto (artístico) tendrá en común con el producto de la libertad, es decir, el ser algo producido con conciencia y con el producto natural, el ser algo producido sin conciencia[9] causando así la aparición de una paradoja ontológica.

El genio, figura señalada sobre la cual recae aquella emergencia del arte. El genio por la inspiración, penetra en el principio que anima las formas[10], hace un puente entre el consciente e inconsciente, une lo opuesto mediante la actividad productiva de la imaginación; el genio constituye ese lugar en donde se iguala lo general de la idea y lo particular del individuo.

Ahora bien, en el genio se realiza la actividad ya mencionada, la cual refleja la unidad de lo ideal con lo real, pero además, se debe añadir algunas cuestiones importantes. En el plano del arte existen dos elementos fundamentales: por un lado lo que se puede ser enseñado y/o aprendido: es decir. El arte, propiamente dicho por Schelling. Por contra, lo que no se puede alcanzar por aprendizaje o ejercicio y que “únicamente puede ser innato gracias a un don libre de la naturaleza”, lo nombra como La poesía en el arte.[11]

Como ya se sabe, en el verdadero genio ninguno de los dos componentes tiene mayor importancia que el otro. En él se muestra una conjunción que no puede clasificarse jerárquicamente uno sobre el otro, ya que, poesía sin arte es una fuerza completamente ciega y repelente a toda limitación formal y arte sin poesía es la superficialidad orgullosa de mostrarse sólo a sí misma. Únicamente la reunión indiscriminada de la poesía y el arte, la fusión que solventa el conflicto entre el impulso originario y el esfuerzo meditado alcanzan la transparencia simbólica de lo infinito en lo finito: la belleza.

Con ello, se muestra claramente que en la obra de arte, en ese producto artístico deben coincidir lo artificial que se entiende como lo adquirido externamente y lo poético, que es lo natural, lo propio del ser, como el único modo de representar la identidad que al diferenciarse hace posible la necesidad natural y la libertad humana. Lo propio del genio, como artista, es configurar la forma sensible acogiendo la existencia real de las ideas, para hacer comprensible este poder configurado.

Schelling recurre una vez más a la oposición complementaria de poesía y arte. La poesía es el aspecto real del genio; lo que proviene del poder productivo de la naturaleza como configuración de lo infinito en lo finito; el arte es el lado ideal, la forma particular en la que acontece la configuración de lo finito en lo infinito.La actividad originaria, representa lo infinito, las posibilidades del ser en sus potencias. La obra de arte al ser una objetivación de la intuición intelectual, es a su vez un reflejo de la actividad originaria. Por lo tanto, cada obra de arte posee en sí misma lo infinito, sólo que representado finitamente. Esto nos abre la pauta para entender el porqué de las múltiples interpretaciones a las cuales puede someterse cualquiera de ellas, ya que lo infinito siempre está presente.

A través de este breve análisis, podemos observar que el tiempo se presenta en dos modalidades, por intentar decirlo claramente, una en una esfera que pertenece a cada cosa en su singularidad y otra, en donde está conectada cada cosa existente. Así pues, pertenecemos a un tiempo propio, y a un tiempo universal que es de todos. Pero habría que tener cuidado con esto, ya que las cosas no son en el tiempo sino que el tiempo es en las cosas.

Se puede mostrar como lo hicimos en las líneas anteriores, la forma en la que la obra de arte se produce desde la concepción de la filosofía del arte. No obstante, se puede añadir una nostalgia a la pertenencia de ese Tiempo al cual se pertenecía antes de que apareciera el sistema de los tiempos. El Weltschmerz es esa consecuencia de la nostalgia-melancolía de una singularidad sensible y, al mismo tiempo, es causa de un acto de creación que buscará superar ese dolor tan arraigado por dicha sensibilidad. Así pues, el Weltschmerz es causa y consecuencia de dos cosas fundamentales para el arte. dichas implicaciones colocan al arte fuera de todo tiempo conocido, es decir, pertenece a un tiempo no mecánico y por ello, una verdadera obra de arte se caracteriza por ese rompimiento del tiempo, ya que fue hecha no para un tiempo sino para todo tiempo.

Si bien la naturaleza encuentra a seres que cumplan con el elemento poético, que se traduce en lo innato del artista, y al desarrollarse en lo que se puede aprender (que es la técnica), cumple con lo fundamental y necesario para que la naturaleza, al ver la libertad-conciencia con la que empieza a actuar el genio, lo toma y lo utilice generando una necesidad para reflejarse en su infinitud y belleza, también el dolor del mundo es necesario para que se consiga la eternidad. Tal situación coloca no sólo a la obra, sino al mismo artista fuera de todo tiempo, en la eternidad misma, Schelling mismo menciona, que es necesario padecer, antes de celebrar el triunfo de la liberación.[12]

BIBLIOGRAFÍA

  • Grave, Crescenciano, Metafísica y tragedia. Un ensayo sobre Schelling
  • Grave, Crescenciano, Schelling: Filosofía del arte y tragedia, signos filosóficos, núm. 8, julio-diciembre 2002., UAM Iztapalapa, México.
  • Schelling, Friedrich, Sistema del idealismo trascendental, Anthropos, Barcelona, 2005.
  • Schelling, Las edades del mundo, Akal, Madrid, 2002-
  • Schelling, Sistema del idealismo trascendental, Las edades del mundo,Colección Clásica de Gredos, Gredos, Madrid, 2010, LXII.
  • Nietzsche, De la utilidad y los inconvenientes de la Historia para la vida. Alianza, Buenos Aires, 2002.

[1] En alemán Die Weltalter, también podría traducirse como vejez o ancianidad del mundo.

[2] Schelling, Las edades del mundo, Akal, Madrid, 2002, p. 56.

[3] Ibid. p. 97

[4] idem.

[5] Ibid. p. 127

[6] Schelling, Op. Cit. p. 207

[7] Nietzsche, De la utilidad y los inconvenientes de la Historia para la vida. Alianza, Buenos Aires, 2002, p. 82.

[8] Grave, Crescenciano, Schelling: Filosofía del arte y tragedia, signos filosóficos, núm. 8, julio-diciembre 2002., UAM Iztapalapa, México, p.71.

[9] Schelling, Friedrich, Sistema del idealismo trascendental, Anthropos, Barcelona, 2005, 413, p. 410

[10] Schelling, Friedrich, Sistema del idealismo trascendental, Las edades del mundo,Colección Clásica de Gredos, Gredos, Madrid, 2010, LXII.

[11] Grave, Crescenciano, Metafísica y tragedia. Un ensayo sobre Schelling, p. 175

[12] Schelling, op. cit. p. 253

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