Museo de Grima e Insomnio

Por: Ernesto Jiménez

14248885_830885467047987_1346805893_nAlfredo García Valdez nación en Cedros Zacatecas en mayo de 1964, desde pequeño encontró su camino en el mundo de las letras, como ensayista y poeta ha sido editor en el Fondo de Cultura Económica y colaborador de aquí vamos, Casa del Tiempo, Deslinde, El cuento, El Seminario Cultural, La Jornada Semanal, Los Universitarios , Sábado, Tierra Adentro y Vuelta. Gracias a su trabajo excelso en el manejo del lenguaje logró las becas del INBA, en ensayo, en 1991, del Fondo Nacional de Cultura, en 1992, y del Instituto Coahuilense de Cultura, en cuento, en 1999.

Es quizá su trabajo poético el más reconocido, en él prevalece una concepción del lenguaje como origen mismo del decir, como si a través del escritor y el lector la poesía se dijera a sí misma y siguiera sus propias leyes, emanadas del pensamiento del autor-lector, a la espera de alguna excusa para salir a relucir.

En su poemario “Museo de grima e insomnio”, Alfredo García Valdez nos entrega una lección extraordinaria de entomología a través de la belleza de las palabras:

El caracol es peldaño

en la escalera del agua,

que un esqueleto le fragua,

escudo de todo daño;

retraído en su tamaño,

teme la sal y la lumbre;

no habrá cima que deslumbre

su pausada burocracia:

la monotonía sacia

a este héroe de la costumbre.

14193869_830884803714720_139364943_nCon un extraordinario sentido de la libertad en el lenguaje García Valdez recorre desde las cucarachas, pasando por las moscas y los colibríes, hasta llegar a las avispas y las mariposas.

El jardín del epitafio es la segunda parada en la carretera de la poesía de este poemario, en él se encuentra la Tumba anónima sobre la carretera de Monclova, título que demuestra la preocupación y el carácter libertador del autor para darle salida a temas sufridos de la sociedad mexicana y que se encuentran atrapados en las plumas y pensamientos de muchos:

Tú que viajas a Almadén

-en árabe La Muralla-

oye a esta piedra que calla

porque no sabe hablar bien;

sientes piedad o desdén

por mi suerte perentoria,

mas no conoces la euforia

de estar a salvo en la orilla,

como durable apostilla

de la vida transitoria.

Alfredo García Valdez actualmente escribe la columna “Abraxas” en la Vanguardia y una sección diaria de epigramas titulada “Gatuperio”. Su trayectoria basta de siete libros: Silva de amor nocturno; Cajón de ausentes. Cambiar es de tontos; Mascaras, prosa de arte menor; Manual de viento y esgrima; La viga en el ojo y Museo de grima e insomnio. Justo este último libro traído hasta ustedes por el Consejo Nacional para la Cultura y las artes, a quien agradezco por haberme proporcionado el material necesario para la realización de este trabajo. Una excelente recopilación poética que desmenuza diversos temas en el autor, temas conflictivos que no encuentran ningún obstáculo para abrirse paso a través de las palabras bien relacionadas.

En su grima más carne de mujer demuestra el conflicto en la condición femenina que lo atormenta:

Más carne de mujer, donde el gusano

corrompa joyas, ropas, amuletos

abriendo los más íntimos secretos

a la luz parpadeante del arcano.

Más carne de mujer, para la mano

que atrapa sombras cuando no esqueletos,

mientras giran los días obsoletos

de una pasión que se reitera en vano.

Bajo el sol impasible el cielo hierve,

más carne de mujer en remolino

convulso, reengendrándose en sí misma

sin un ojo aterrado que la observe,

carne donde el demonio vespertino

abra el arcano y multiplique el cisma.

14249047_830885600381307_604390940_nPara nada representa una tarea fácil lograr que las palabras y su ritmo, los acentos y sus sílabas surjan del discurso de manera sutil, sin la obligación de comunicar algo, por el contrario, con la intención de dar escapatoria y orden al pensamiento claro y acompasado de su anfitrión. Una poesía que deambula por el dolor y la ironía, pero que a su paso deja entrever huellas notables del manejo exquisito del lenguaje y de la danza de sus ritmos para encontrar en el lector un cómplice y un escucha satisfecho e hipnotizado por la cadencia de su prosa.

Debido a estas características se hace difícil en estos tiempos encontrarse con una poesía de este tipo, una poesía que se camufle con el tiempo y se pierda en él, con él y se aproveche de si mismo para transfigurarlo y se vuelva a escapar como lo hace Alfredo García Valdez.

Te dejo en las manos de un poemario ideal para amantes del género y para todos aquellos aventureros en busca de letras gratas para su lectura. Pues se encuentran ante ustedes con una de las mejores plumas de nuestros tiempos.

Que disfruten su lectura.

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