Estudio sobre cifras que ponen en alerta al sistema de educación pública superior en México

Por Luz Miriam García Vargas

educacion-superior-1Año con año, la noticia con la que iniciamos el día en los meses de agosto, parece ser siempre la misma, los titulares que presentan los periódicos en esta recién bautizada “Ciudad de México” cambian de título pero no de contenido: “Avanzan negociaciones de rechazados con universidades” publica el periódico La Jornada, “Se atora negociación con universidades; estudiantes rechazados instalan plantón en la SEP”, escribe el diario El proceso, Rechazados se reúnen con autoridades educativas”, confirma El Milenio; decenas de notas como estas nos confirman un hecho, la educación en México experimenta una severa crisis en materia de  instituciones y políticas públicas. Como estudiante de la Máxima Casa de Estudios de México, me uno a la preocupación que acompaña a los jóvenes al terminar la etapa media superior, y es que, si analizamos con detenimiento el índice de descensos de estudiantes al llegar al nivel superior aumenta gradualmente, no así cuando se trata del nivel medio superior (Preparatoria y bachillerato), pareciera que conforme los alumnos avanzan, académicamente hablando, los lugares en los centros educativos van disminuyendo y con ello nos encontramos con estos actores sociales, hoy día llamados: Rechazados.

 El presente ensayo tiene como objetivo ilustrar el real escenario que presenta nuestra sociedad actual y desentrañar esta problemática, analizando cada uno de los elementos que la integran, tales como los desaciertos en las políticas públicas implementadas y las consecuencias de permanecer pasivos en implementarlas, esto del lado de los actores políticos, pero es preciso mostrar el otro lado de la moneda, ¿Qué ocurre con los estudiantes que no lograr acceder a este escalón académico? y ¿Por qué son denominados “Rechazados”?, ¿Será que en realidad les cierran deliberadamente las puertas a la educación? ¿Qué factores son los que realmente influyen para frenar este camino hacia una formación profesional? estos son elementos básicos para determinar en un primer momento, en dónde reside el problema, y ulteriormente, decretar las correcciones correspondientes.

 kareLas características de los actores sociales que ahora mismo nos ocupan, son las siguientes: La población de aspirantes se encuentra conformada casi por igual número de hombres como de mujeres, con una proporción ligeramente mayor de las mujeres que los hombres (56% y 44%) respectivamente. Tratándose mayoritariamente de jóvenes solteros, sin hijos y que dependen exclusivamente de sus padres. En lo que se refiere a sus antecedentes escolares, los jóvenes provienen, en su mayoría de escuelas públicas y realizaron sus estudios inmediatos anteriores en el Distrito Federal y el Estado de México.[1] Con esto, estamos hablando de jóvenes cuyos ingresos familiares no rebasan los 4,500 pesos mensuales, pues las principales ocupaciones de sus padres son: empleados, obreros y comerciantes de hecho, contrario a ello, se observa un bajo índice en la concurrencia de hijos de empresarios, directivos o funcionarios. El punto de partida se ubica aquí y es que con tales ingresos, resulta imposible cubrir las cuotas que requieren las universidades privadas, tomando en cuenta que, de acuerdo a lo establecido por la Secretaría de Economía, la cual señala seis tipos de clases sociales en nuestro país, el 83% de los mexicanos se encuentran en los últimos tres escalones de esta pirámide, los cuales están integrados por trabajadores temporales, inmigrantes, comerciantes informales, desempleados obreros, campesinos técnicos, supervisores y oficinistas.[2]

 Con tales cifras no resulta extraño que los estudiantes estén a la merced de lo que disponga el poder Ejecutivo y Legislativo en lo relativo al presupuesto que destinen al sector de la educación, pese a ello, en las tres últimas décadas, el Estado mexicano ha desistido en su responsabilidad de impulsar y apoyar la educación superior pública, hecho que ha llevado a que cada año  miles de estudiantes  se abstengan de cursar una carrera universitaria en una institución pública.

 El problema es que tan sólo en 2012 se tenían más de 10 millones los mexicanos en edad de contar con formación universitaria (establecida entre los 19-23 años), de éstos, tan solo 3 millones 274 mil 639 estaban inscritos en licenciatura, alcanzando una cobertura de 32.8 por ciento para ese nivel, de acuerdo con datos oficiales.

Del total de jóvenes que cursan la educación superior, un millón 180 mil 694 lo hacen en colegios particulares. Aunado a ello, datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) muestran que de las 3 mil 159 instituciones universitarias existentes hasta el ciclo escolar 2011-2012, 2 mil 36 son particulares.[3]

Uno de los mayores problemas que estimo debería ser resuelto con urgencia es el concerniente a un parte de la educación superior privada, pues bien es sabido por muchos, que está fragmentada peligrosamente, y lo calificó de esta forma porque en este núcleo de escuelas privadas están aquellas que son de alta exigencia y por lo mismo, alto nivel académico, pero están,  en contraparte, las llamadas “universidades de atención a la demanda” que se desempeñan en condiciones peligrosas, pues cuentan con un déficit de calidad en la educación y carentes de un alto nivel académico, el problema reside en que este tipo de instituciones son las que se encargan de atender a todos estos estudiantes no aceptados en las Universidades públicas, y ello preocupa, pues qué clase de profesionistas está aventando al mundo laboral.

unknown-6Es claro que existe un problema relativo al bajo nivel económico en que se encuentran los estudiantes de las familias mexicanas, quienes no están en posibilidades de financiar una educación privada, pero por otro lado tenemos un problema de sobrepoblación de aspirantes a una formación universitaria y por último una clarísima carencia de instituciones educativas públicas, responsabilidad que le compete al estrictamente Gobierno Federal, quien hasta el año 2015, financió un presupuesto total para educación de 305,057 mdp, y el monto para 2016 fue de 299,359 mdp[4], tenemos una vez más esta constante falta de inversión a la educación pública, y por si no fuera poco, El Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño en complicidad con Miguel Ángel Mancera, acaban de declarar su obstinada decisión de aumentar y continuar aumentando la matrícula de las tres Universidades más reconocidas de nuestro país: UNAM, IPN y UAM. Y  hacer como que solucionaron el problema de la falta de espacios de la educación superior.

[1] Guzmán Gómez, Carlota y Serrano Sánchez, Olga, “Las puertas de ingreso a la educación superior: el caso del concurso de selección a la licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México”, Revista de la Educación Superior, México, V.I, 2011, p. 4.

[2] Cifras de Forbes México, Mayo 2014.

[3] Olivares Alonso, Emir, “El Estado renunció a velar por la educación superior: expertos”, Periódico La Jornada, México, 6 de agosto de 2012, p.36, disponible en: <http://www.jornada.unam.mx/2012/08/06/sociedad/040n1soc>

consulta: [Lunes 22 de agosto de 2016]

[4] Cifras Forbes, Septiembre, 2015

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