Fundamentos del pensamiento moderno y sus implicaciones a partir de su manifestación en América Latina

Por Rubén Rivera Hernández

Unknown.jpegLa modernidad, entendida como proyecto cultural, comienza su exponencial desarrollo algunos años antes del estallido de la Revolución acaecida en Francia en el siglo XVIII; el movimiento de Ilustración es en muchos sentidos el origen de las ideas que han dado sustento a la modernidad, pues en éste se pugnaba por un liberalismo político, económico e ideológico que iba acompañado del uso preeminente de la razón humana para explicar los fenómenos naturales y sociales que hasta ese momento se habían gestado y que continuaban evolucionando. El afán de progreso, por lo tanto, ha sido sin duda un sello característico de las sociedades modernas desde su incipiente manifestación en el siglo XVIII hasta nuestra época que algunos autores optan por nombrar posmodernidad.

Autores como Armando Roa y Tzvetan Todorov coinciden en que el concepto de autonomía -entendido como la libertad del hombre para regir su propio destino sin sujetarse a condición alguna- es un elemento característico de la modernidad (Todorov, 11), en cuanto aquella se adecua a los fines que ésta persigue que son fundamentalmente el progreso y el desarrollo de las civilizaciones humanas. Dicha libertad, apunta Roa, se ejerce y desenvuelve a partir del uso de la razón, entendida como el medio idóneo para la aprehensión del conocimiento que se materializa a partir de un lenguaje matemático –por ende, lógico- que permite que cualquiera que se aproxime a un fenómeno real pueda comprobarlo por sí mismo a través de un método de experimentación (Roa, 21)

En el mismo sentido, Roa señala que el discurso moderno postula en numerosas ocasiones un quiebre entre el presente y el pasado, pues la modernidad representa y aboga por un avance constante al constituir un momento en que el hombre moderno vive devorado por el afán de novedades, como apunta el propio Roa citando a al filósofo alemán Martin Heidegger. (Roa, 23). El pasado contiene numerosos momentos que han conllevado acciones humanas que no han sido sujetas al ejercicio intelectual de la razón, es decir, momentos de oscuridad para el pensamiento humano, como señalarían los que portan el pendón de la modernidad consigo

punch-image.jpgEn este sentido, ha sido fundamental para el pensamiento moderno el conseguir separar las relaciones entre la religión y la razón, lo cual se hace patente a través del fenómeno del secularismo. En el caso de México, verbigracia, el esfuerzo juarista decimonónico por escindir los intereses del Estado de los intereses contrapuestos de la religión constituye un verdadero paradigma de cómo los países de reciente surgimiento en América hacían esfuerzos descomunales por instaurar los modelos europeos dentro de sus regímenes políticos, económicos y jurídicos. Hoy en día es difícil negar que las acciones llevadas a cabo por gobiernos liberales como el de Juárez fueron motivadas por un afán progresista eurocéntrico; parte importante de la historia de América Latina, considero, se nutre de las ideas de la ilustración; sin embargo, es innegable que muchos de los conflictos y desavenencias surgidos en su territorio son también producto de la misma causa.

Así, cabe apuntar que Roa de hecho afirma que la modernidad ha sido por antonomasia etnocéntrica, al posicionarse ideológica y geográficamente en las regiones que abarcan Europa y Estados Unidos; un ejemplo de cómo estas regiones han llevado consigo una significación de progreso para América se encuentra también en el discurso pronunciado por Andrés Bello ante la universidad de Chile en el año de 1843:

“¿A qué se debe este proceso de civilización, esta ansía de mejoras sociales, esta sed de libertad? Si queremos saberlo, comparemos a la Europa y a nuestra afortunada América, con los sombríos imperios del Asia, en que el despotismo hace pesar su cetro de hierro sobre cuellos encorvados de antemano por la ignorancia, o con las hordas africanas, en que el hombre, apenas superior a los brutos es, como ellos, un artículo de tráfico para sus propios hermanos.”

El esfuerzo que Andrés Bello hace en este discurso por resaltar que América, al igual que Europa, es ejemplo de civilización y desarrollo es indiscutible; en la actualidad, empero, resulta complejo un análisis comparativo puesto que a pesar de que América ha sido recipiente del fenómeno de “occidentalización”, lo cierto es que fácticamente las condiciones socioculturales –primordialmente- de una y otra región son dimensionalmente diferentes, lo que no significa desde luego que una u otra región sea mejor respecto de otra, sino simplemente que se trata de contextos sociales, culturales e históricos diversos, cuya evolución ha sido por ende distinta.

Retomando las características de la modernidad cabe mencionar que otra cuestión importante en juego es el hecho de que el hombre debe conseguir que la naturaleza se adapte a sus necesidades, y no al contrario como se hubo hecho en siglos anteriores; he aquí un ejemplo de por qué el constante esfuerzo por minimizar el pasado: el progreso depende enteramente del presente y del porvenir (Roa, 25). Esta idea trae consigo una especie de deshumanización, es decir, una separación de motivos espirituales con respecto a motivos racionales -para un ideólogo portador de la idea de que el ser humano es un ente cuyo espíritu y razón son inescindibles esta idea resultaría desastrosa- considero en este sentido que mucha de la mecanización del pensamiento actual y sus consecuencias en el ámbito social y económico lo debemos en buena medida a esta idea, lo que quizá sea materia de otro ensayo que refiera a la posmodernidad.

imagesPara finalizar, aludiré a Todorov –que sigue en este sentido la línea de pensamiento de Kant- quien refiere que los hombres “determinarán sus nuevas leyes y normas recurriendo a medios exclusivamente humanos” reconociendo en el mismo sentido como fuente principal del conocimiento a la experiencia. Asociado con esta idea es el señalamiento que hace Roa sobre la democracia como medio idóneo de construcción sociopolítica para el pensamiento moderno (Roa, 21); a mi parecer –y aprovecho estas posiciones- el problema de la aplicación de la democracia en nuestro país y de la creación y ejecución de las leyes es también producto de lo señalado líneas arriba: América y Europa son construcciones distintas, diversas, desiguales; para construir un sistema diferente vale la pena cuestionar desde la raíz los postulados de la modernidad. No sólo para hacer críticas vacuas, sino para ayudarnos a construir un verdadero esquema organizativo hecho por y para México, por y para América.

Referencias bibliográficas:

Bello, Andrés, Discurso Inaugural de la Universidad de Chile, 17 de septiembre de 1843, Caracas, Academia Venezolana de la Lengua, 1969.

Roa, Armando, “La modernidad”, en Modernidad y Posmodernidad, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1995, pp 19-38

Tzvetan Todorov, “El proyecto”, en El espíritu de la ilustración Galaxia Gutenberg México 2014 pp 9-2

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