La Ciudad de México desde una perspectiva de cooperación y comunicación

Por Brenda Nathalie Prado Sánchez

Durante 4 años me he trasladado por la misma ruta para dirigirme a mis lugares de estudio. Tengo que caminar por una larga avenida y ser cordial con ciertos rostros conocidos. Conozco los puestos ambulantes y las tienditas de la esquina, también el parque donde las personas van a pasear a sus perros y corren por las mañanas. Las personas dentro de este gran monstruo que es la Ciudad de México, cuidamos de manera muy especial dos cosas: nuestra seguridad y nuestro valioso tiempo.

images-2Actualmente, una persona puede asegurar conocer a un vecino por el simple hecho de contestar con unos buenos días todas las mañanas, o de ocasionalmente los sábados encontrarlo en los camiones de basura mientras juntos tiran sus desechos. La manera en que las personas entablamos relaciones personales se ha modificado, pues conocerse implica ceder poco a poco tiempo y seguridad, al menos, es lo que he percibido en la estancia de 4 años que he tenido en la unidad habitacional donde resido.

Los fines de semana, se acostumbra a escuchar temprano las lavadoras, a eso de las once de la mañana, las personas salen de sus casas para tender y a partir de las dos, el estacionamiento se vacía ya que todos aprovechan su fin de semana, pocas son las personas que atienden a las juntas vecinales o que tan siquiera se limitan a leer los avisos de la administración y es muy simple la respuesta ante esta indiferencia: No hay tiempo.

Lo más valioso que poco a poco fue robado con el desarrollo de la ciudad ha sido justo el poder tener certeza sobre nuestros ritmos de vida. Cada día existe un nuevo reto, un contratiempo más que agota la paciencia, la capacidad reflexiva. Evidencias existen: El tiempo de traslado del centro a cualquier extremo de la ciudad es de mínimo dos horas, la alternativa del sistema público es deficiente no sólo en tiempo sino en seguridad, lo que fomenta un círculo vicioso entre movilidad y seguridad. Sabemos que una excelente opción para el flujo vehicular es el transporte público donde un automóvil lleve a más de una persona, a pesar de esto, no es posible concebir que la población prefiera desplazarse en transporte público, principalmente por el riesgo de ser asaltado o de accidentarse por la falta de cuidado de las unidades y de la capacitación del chofer.

images-3.jpegMucho se ha hablado sobre los temas de las contingencias ambientales, sobre las medidas inmediatas para atacar los problemas más graves que tiene la ciudad, pero el problema más grave que he podido observar como pobladora, es la falta de planeación a largo plazo en materia de infraestructura y vialidad, en materia de seguridad. Todos los días recibimos noticias sobre desperfectos o de accidentes negligentes en relación a la estructura de algún servicio.

Es raro no tener noticias de atrasos en el STCM o en MetroBus, de no poder llegar al ser tantas personas las que deben trasladarse.

Evidentemente nuestro ritmo de vida se ha acelerado a un grado tal, que tener cinco minutos para reflexionar sobre lo que has hecho en el día se vuelve lujo.

Muchas personas sabemos que la mejor forma de administrar el tiempo, es cuando varios nos organizamos y distribuimos tareas, un ejemplo sencillo es el de llevar a los hijos a la escuela,

Tan fácil sería que un vecino se encargara de llevar a los compañeros de su hijo con él y esa responsabilidad se turnara. Hecho simple pero imposible dentro de nuestro entorno.

Pues el entorno de la ciudad de México fomenta que las personas nos enclaustremos, no es posible generar vínculos fraternos de manera tan sencilla. Somos tantas personas, encerradas en una olla de presión, que de cierta manera lo que buscamos más que otra cosa, son los momentos donde no exista tanto ruido, donde nos podamos sentir a salvo, donde a nuestros hijos nadie se les acerque. El miedo es natural, la respuesta no lo es tanto.

Me parece contradictorio que la seguridad y lo colectivo no convivan actualmente. Hasta cierto punto, entiendo que alguien me diga “está bien tratar temas entre varios, pero en la ciudad de México no es entre varios, es literalmente varios sobre varios, somos demasiados”

unknown-1No entiendo cómo es que los proyectos de desarrollo urbano de las delegaciones mencionan que su principal objetivo sea desarrollar la sana y libre recreación de sus ciudadanos, cuando evidentemente lo que no existe es recreación (ya no hablemos de libertad)

La planeación difusa de los espacios, aunado a la corrupción en materia de uso de suelos, ha generado un desastre urbano, que si el día de hoy resentimos, en 20 años promete ser un verdadero apocalipsis el tener que salir de casa.

No sólo hablamos de una cuestión de diseño de ciudad, tiene que ver el hecho de no poder salir de casa, una situación que determina que ciertos sectores no podrán movilizarse tan fácil como otros.

Yo vivo a quince estaciones del metro Copilco (por consiguiente de la escuela) y todos los días durante el 2014 hacía una hora con veinte minutos. El día de hoy es incierto, puede extenderse hasta por 2 horas y media el tiempo de traslado, siempre, por desperfectos. Hago los cálculos sobre amigos míos que viven en áreas metropolitanas y el promedio son tres horas y media.

Problema que evidentemente aumentará con el transcurso del tiempo, hasta hacer imposible que las personas de la zona periférica a la ciudad, puedan desplazarse desde sus casas. Tendrán que buscar un lugar donde vivir más cerca si es que quieren estudiar en Ciudad Universitaria, algo que es difícil de encontrar y además muy caro en relación a los servicios que brinda ese tipo de estancia.

El problema de no participar dentro de procesos colectivos, que impliquen reclamos a la autoridad por la falta de seguridad de servicios (o hasta del servicio en sí), es que poco a poco nos aislamos en nuestras causas, es que por razones de tiempo las personas no podemos comunicarnos, no podemos organizarnos.

Pocos son los esfuerzos, y cuando un esfuerzo colectivo surge, existe siempre una fuerza al inicio, que se va consumiendo conforme avanza el tiempo, porque una vez más, en la Ciudad de lo que más carecemos es de paciencia, de capacidad reflexiva.

Estar en los procesos vecinales me ha permitido entender, que muchos dramas personales han querido buscar refugio dentro de algo colectivo, desgastando al final el proceso mismo de crear vínculos.

Son muchos factores los que influyen en crear conciencia de lo que es para todos, de las múltiples ventajas que representa el estar conectado a otro ser humano. Crear puentes comunicacionales permite que las personas tengan nuevas perspectivas, encuentren espejos que les permitan optar por otro tipo de soluciones.

En lo colectivo puede encontrarse una perspectiva menos desoladora que la que ofrece el enclaustramiento, pues lo que aparentemente es un problema personal como el no poder llegar al trabajo o el no poder prestar atención a una junta vecinal, son problemas por los que pasamos gran parte de los habitantes de la Ciudad.

El poder conocer el entorno tiene repercusiones benéficas y lo he comprobado, pues poder ubicar a las personas que viven cerca de mi casa me salvado en algunas ocasiones de ser asaltada.

Buscamos solos las soluciones que deberían ser materia de discusión de toda una población y es curioso como la distinción entre lo que es individual y colectivo se ha ido marcando cada vez más en la sociedad (paradójicamente en los medios de comunicación la situación es totalmente inversa) Por un lado somos territoriales en cuanto a nuestro espacio personal, por el otro nuestras redes sociales son libros abiertos con toda la información que queremos dar a conocer, una construcción de nuestro ser que nos impide lo tangible. Que no permite encarar a los seres con quienes entablamos una conversación.

Reflexionar en torno a quiénes somos, implica la reinvención de un sujeto dotado de voluntades y capacidades para actuar, movilizado entre la libertad y la responsabilidad, enfrentado a un mundo compuesto de heterogeneidades simbólicas provistas de lógicas disímiles y complejas. Lógicas que retan su comprensión sobre la cotidianidad en la que vive, lo cual le demanda asumirse como un ser inclusivo; así, estamos ante la consideración de actores sociales producidos en la interpretación dada al interior de la intersubjetividad que los ratifican como seres pluralmente únicos, de cara a expandir las prácticas socio-culturales que demarcan la construcción de la convivencia en los diversos sistemas sociales funcionales como fuente auto-producida de comunicación.

Las sociedades modernas han despersonalizado las relaciones humanas, en base a “la posibilidad de control gubernamental o simplemente social sobre las conductas individuales, cada vez más vigiladas y obligadas a someterse a ciertas normas comunes; y dadas las tantas normas para la vida en común, se desconocen las ventajas que ésta supone. De este modo, las lógicas identitarias construidas en la sumisión derivada de la relación entre lo global y local, señalan las asimetrías socio-culturales que han sido impuestas por los sistemas políticos sustentando la igualdad y homogeneidad subjetiva en detrimento de la diferencia y diversidad como bien común. Además, revelan como se ha establecido la relación entre saber-identidad-poder como dispositivo de control para la formación de un sujeto democrático ajustado al ideario moderno de nación cívica que define, de modo vicario, los comportamientos socialmente establecidos, aprobados y esperados para el buen funcionamiento de la vida en común, enfatizando la homogeneización de las diferencias, la individualización y la inclusión de culturas híbridas.

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