La defensa de la Familia

Por Adriana Ortega Luna

Tema de actualidad, imposible de evadir, y que resulta inevitablemente insertado ya en los lugares comunes, son las recientes marchas “por la familia”.

Pero, sirva como preámbulo al tema, un breve repaso de algunos de los problemas que nos han agobiado en este nuestro México, país en donde nos tocó vivir.

A cuatro años del retorno del PRI al poder, tenemos:

  • Un dólar que se ha disparado a casi el doble de lo que estaba en diciembre de 2012, con el consecuente incremento en los precios de los productos básicos y de todo en general, resultando en una carencia cada vez más marcada;
  • El aumento de los índices de pobreza al grado que nuestras Instituciones han tenido que modificar los parámetros de medición en una cínica intentona por no evidenciar lo evidente reflejado en nuestro diario vivir.
  • El innegable fracaso de las llamadas reformas estructurales, tan canturreadas por el peñismo como símbolo de la modernidad en la que por fin entraríamos (recuerdos del salinismo) se ve reflejado en el constante e infrenable aumento de la gasolina y las tarifas de luz, así como en la caída en picada de los precios del petróleo.
  • La reforma educativa, otra joyita del alhajero peñista, con, por lo menos, claros coqueteos hacia la privatización de la educación, no ha mostrado ningún resultado con relación a la mejora del Sistema Educativo del país.
  • El aumento de la inseguridad y la violencia que nos muestra cada día más claramente nuestra condición de narco-estado.
  • La entrega descarada de nuestra dignidad y soberanía ante Estados Unidos reflejada en la visita Trump.
  • Cero respuestas a dos años de la masacre de estudiantes en Iguala, de cientos de muertes, violaciones, despojos, invasiones, vejaciones a los mexicanos en diferentes estados del país.
  • La corrupción enraizada y alimentada por nuestros gobernantes y por todos nosotros en diferente medida, lo aceptemos o no.
  • La falta de oportunidades para miles de jóvenes de empleo y de estudio.
  • El asalto y crimen ecológico a la Ciudad de México y a importantes reservas naturales del país debido al amparo a las constructoras que tantos millones han aportado a los bolsillos de nuestros gobernantes.

quertaro-850x510.jpgY podría seguir enumerando un gran número de problemas que nos aquejan de manera grave violando nuestros derechos humanos más fundamentales, como son nuestro derecho a tener una vida digna y libre de violencia, sin embargo, no seguiré enumerando, no faltará quien me tache de pesimista y amargada, de ver sólo el lado oscuro de las cosas, pero como sobre todo no quiero aburrir al lector de estas mis reflexiones, me dedicaré a comentar cosas más divertidas.

En este complejo enjambre de cosas terribles que vivimos día a día, de pronto, un grupo de personas, unos cuantos miles, se les ocurre protestar en contra del matrimonio entre homosexuales, apelando a que la familia tiene que continuar bajo el modelo de la “familia de Nazaret”, entre lo cómico y lo trágico.

Más allá de lo dicho y redicho en los medios respecto a este tema, sobre la libertad de expresión, la tolerancia, el respeto, quisiera expresar el desdén que me causa cualquier manifestación, independientemente del asunto abordado, que pretenda hacer valer un derecho pisoteando el de otro, porque es claro que la comunidad homosexual no se ha manifestado en contra del matrimonio heterosexual, mientras que este grupo “defensor de la familia” sí está atacando los derechos de estas personas y en ese momento es cuando el asunto toma otro giro.

Agregado a lo anterior, es claro que no se trata de un movimiento independiente fundado en una crítica razonada, sino que es una clara manipulación de la Iglesia católica quien actúa de una manera por demás hipócrita al juzgar el matrimonio igualitario con una moral medieval, cuando han cometido terribles crímenes a lo largo de la historia en contra de esa “Familia” a la que ahora dicen defender.

unknown¿Cuál es el motivo que está en el fondo de esta manifestación?, ¿por qué estas personas pueden reaccionar colectivamente para manifestarse por algo así, y no ocurre lo mismo cuando se presenta alguno de los muchos problemas que mencioné en el preámbulo de estas reflexiones?, ¿por qué les resulta indignante que dos personas del mismo sexo se amen, pero no les molesta la desaparición de 43 jóvenes, o el aumento de la pobreza generalizada en el país?

No sé, la respuesta exacta, pero tengo dos hipótesis, la primera: que sea una cortina de humo, personas pagadas para generar un distractor ante tan complicado panorama nacional; no soy muy afecta a las teorías de conspiración, pero tampoco la deshecho del todo, quizá en la esperanza de pensar que no se debe a la mera estupidez; y la otra, que responda a los enraizados valores de una moral cristiana: el pecado, el castigo, el sacrificio y la resignación, que de igual manera son reprobables por carecer de un pensamiento crítico y racional, pero que sobre todo atenta contra derechos de terceros.

Es evidente que la sociedad se va transformando y los valores morales se ajustan a esos cambios, hay un momento en dicha transición, que esos nuevos valores no se aceptan plenamente, sino que deben ir incorporándose de a poco, pero organizar una manifestación como la que vimos, me parece un exceso.

Según la encuesta sobre la familia realizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, documento que anexo por tener varios otros datos curiosos que pueden interesar al lector, señala que una notoria mayoría acepta las familias homoparentales o por lo menos se manifiesta neutral, hecho que demuestra como la aceptación de este hecho ha ido en aumento.

El respecto a la diversidad, la tolerancia etcétera, son derechos reconocidos jurídicamente en la Constitución, estamos en un Estado laico, es claro que son respetables las creencias de todos, sean cual fueren, pero pretender que dichas creencias religiosas se consideren en los ordenamientos jurídicos, es cuando nos hace encender los focos rojos.

Pienso que, en el ámbito moral, la razón es la que debe imponernos la guía, una ética colectiva basada en el respeto esencial al otro, en la búsqueda de nuestra felicidad sin afectar a terceros. El derecho a ejercer la sexualidad (más allá de concentrarnos en un análisis desde el punto de vista de la psicología respecto a las preferencias) debe ser entendido en su esencia, como un derecho del propio cuerpo, que como cualquier otro derecho no debe ser vulnerado a ninguna persona.

A pesar de los problemas que enfrentamos aún respecto al tema de las preferencias sexuales, como lo son estas manifestaciones retrógradas a favor de la familia tradicional, es importante destacar que hemos tenido avances en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, niños, adultos mayores y grupos vulnerables en general, que de a poco van transformando la escala de valores morales de nuestra sociedad haciéndonos más incluyentes y tolerantes.

Espero que este tipo de manifestaciones efectivamente sean una cortina de humo, y si no, al menos es claro que ocupan nichos cada vez más pequeños, aunque no por ello debemos dejar pasar estos hechos, manifestándonos siempre a favor de la inclusión.

 

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