La alienación de Marx y Simmel

Por Ariadna Galiana Moretó

Marx consolida su propio concepto de alienación en su crítica al materialismo de Feuerbach, lo considera insuficiente por ser pasivo y estático. Entiende que la acción y la praxis son condiciones inseparables del conocimiento y plantea que la alienación económica subyace a la religiosa.

marx-cap-pro.jpgLas once tesis de Marx convierten la alienación en un concepto sociológico. Ya no es el Espíritu o la esencia metafísica del género humano lo que produce la alienación del hombre, sino unas condiciones sociales determinadas. En el modo de producción capitalista, las relaciones sociales oprimen al hombre y no permiten desarrollar sus potencialidades, por tanto tiene la necesidad de objetivar sus ideales de manera ficticia e ilusoria. La alienación religiosa de Feuerbach, para Marx, es la consecuencia de la alienación económica de las condiciones de vida capitalistas.

Para comprender por qué la alienación del hombre se origina en el mundo material, se debe analizar la antropología filosófica de la teoría marxista. A diferencia de Feuerbach, el sujeto de la alienación marxista no es el ser humano, es una concreción específica e histórica: es la explotación del proletariado del mundo moderno. De modo que la alienación se relaciona con el trabajo porque la esencia del hombre está vinculada a la naturaleza y este vínculo se escenifica en el trabajo productivo. El hombre se desarrolla y asume todas las potencialidades mediante el trabajo dominador y transformador de la naturaleza.

Cuando el ser humano desarrolla su fin natural, la actividad productora se traspasa al producto y en este reside su ser, su esfuerzo, sus energías, su creatividad, etc. El trabajador se objetiva en el producto y exterioriza las cualidades de una naturaleza humanizada. Contrariamente, la alienación no es la condición del conocimiento, es la condición del trabajo productivo y cuando no se produce el reencuentro entre sujeto y objeto o trabajador y producto el hombre queda alienado.

Las relaciones sociales del capitalismo alienan al hombre porque el producto del trabajo es convertido en mercancía y vendido en el mercado, en esta coyuntura no se produce el reencuentro a causa de la expropiación del trabajo o producto, perteneciente a la propiedad privada del empresario capitalista y a los medios de producción. Los productos pasan a ser una entidad ajena al trabajador y el agente proletario que originalmente los produjo queda vaciado de su personalidad y de las cualidades depositadas en el producto.

En el capítulo II de El Capital, Marx analiza la alienación desde la fetichización de la mercancía y argumenta que se origina cuando el producto del trabajo se convierte en valor:

(…) el valor convierte cada producto del trabajo en un jeroglífico social. Luego los hombres intentan descifrar el sentido del jeroglífico, dar la vuelta al secreto de su propio producto social, pues la determinación de los objetos de uso como valores es tan producto social suyo como el lenguaje. (…) los productos del trabajo son, en cuanto valores, meras expresiones cosificadas del trabajo humano gastado en su producción (…)1

La fetichización de la mercancía marxista permite introducir a Simmel. Aunque la alienación en Simmel no sea un tema central de su obra, se presenta como un eje primordial con el que criticar la modernidad. Los efectos de la alienación o cosificación para Simmel son similares a los de Marx respecto el modo de producción, pero existen diferencias significativas que matizan el autor.

El principal contraste es metodológico: Marx es holista y Simmel es individualista. La elección de Simmel probablemente era deudora de la Ilustración alemana de los siglos XVIII-XIX. Lejos del racionalismo francés y el empirismo inglés, la intelectualidad burguesa alemana integra los valores románticos producto de la reacción hacia la razón empírica, el progreso y la ciencia ilustrada, pues no comprenden el interés político y de clase que los valores ilustrados suponen frente a la aristocracia.

Simmel estudia la cosificación a través del dinero, entiende que el dinero inicia la modernidad en el período del capitalismo mercantil, no en la industrialización. En La filosofía del dinero (1907) explica que el dinero es una figura ambivalente: por un lado, personaliza la vida socioeconómica, libera de la tradición y permite la individualidad; y por el otro, genera relaciones interesadas e impersonales, agrega y masifica en una sociedad anónima, es decir, hace referencia a cómo el dinero despersonaliza o cosifica y aliena. Esta alienación se basa en el dinero como objetivación espectral, universal, de intercambio, interacción y entidad natural.2

imagesLa objetivación se manifiesta como la alteración de la teleología y la intencionalidad humana, pues el dinero, el medio por excelencia de la voluntad moderna, neutra y universal se convierte en fin absoluto. Además se manifiesta la funcionalización de las relaciones sociales modernas: desde la racionalización de Weber, también alienante para los sujetos; y desde la imperiosa necesidad de cálculo de la vida moderna, para la cual el dinero se ofrece como medida universal y objetiva.

La forma de superar la alienación del dinero, la objetivación y la tragedia de la cultura es apelando a un nuevo tipo de individualismo3 que encarna los valores del ciudadano ilustrado, pero sin cometer los errores de la diferenciación dominadora y la supresión de los vínculos tradicionales.4

1 Marx, Karl (2013) El Capital. Crítica de la economía política. Antología. Trad.: Manuel Sacristán. Selección, introducción y notas de César Rendueles. Madrid: Alianza, p. 91.
2 Frisby, David (1993) George Simmel. México: Fondo de Cultura Económica, p. 175-177. 3 Ibíd., p. 183.

4 Simmel, George (1977) Sociología. Estudios sobre las formas de socialización. Vol. II. Madrid: Revista de Occidente, p. 759-765.

Las diferencias teóricas y metodológicas entre Simmel y Marx tienen consecuencias sobre la mirada del objeto y derivan en distintas matizaciones sobre el concepto de alienación o cosificación. Ambos comparten la cosificación producida por la división del trabajo y la economía mercantil. Sin embargo, la conceptualización difiere respecto lo que significa la economía, la esencia del hombre o las relaciones sociales.

El hombre para la antropología filosófica marxista se fundamenta en el trabajo, la producción y la transformación de la naturaleza, al igual que la característica aristotélica del animal social. En este segundo punto coinciden ambos autores pero no el primero, pues Simmel considera que la esencia del hombre es el intercambio. Estas diferencias determinan perspectivas económicas, específicamente en el valor de lo producido.

Marx se adscribe a su teoría del valor-trabajo, la producción determina el uso y el valor de lo producido. En cambio, la teoría del valor de Simmel rinde cuentas a la utilidad marginal y a economistas contemporáneos como Carl Menger o a la Sociedad de economistas austríacos.5 La teoría subjetivista del valor implica el individualismo metodológico y la localización social de la alienación. Si en Marx es el trabajo lo que produce alienación, en Simmel es el propio intercambio, la demanda y el consumo.

En conclusión, Marx examina la alienación desde la teoría del valor-trabajo que conceptualiza dentro la esfera productiva, la sufren los obreros y otros explotados del sistema de producción capitalista. En cambio, Simmel realiza lo mismo pero en la esfera del mercado, la conceptualiza desde la teoría subjetiva del valor y la sufre la cultura completa que se fundamenta en el intercambio, en la modernidad mercantil.

Esta interacción social esencial está atravesada por el dinero, por tanto la alienación no se supera y la distancia entre cultura objetiva y subjetiva aumenta sin cesar. El fetichismo de las mercancías de Marx en El Capital6, según Simmel, sólo es un caso particular del destino de la cultura moderna, pues la alienación económica y del trabajo es secundaria en el marco de la cosificación cultural, la tragedia de la cultura.

5 Frisby, David (1993) George Simmel. México: Fondo de Cultura Económica, p. 161-162.
6 Marx, Karl (2013) El carácter de fetiche de la mercancía y su secreto en El Capital. Crítica de la economía política. Antología. Madrid: Alianza.

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