La contaminación como fenómeno social

Por Ariadna Galiana Moretó

Se suele pensar que la preocupación medioambiental proviene del daño y la degradación de los recursos naturales. En contraste, Lezama (2001) argumenta que sus causas se atribuyen al significado que la problemática ambiental tiene para la sociedad. La manera de entender esta relación entre daño ambiental y conciencia social es a través del análisis del simbolismo relacional del riesgo.

unknown-2En una sociedad moderna y antropocéntrica el peligro no radica en la naturaleza, el riesgo radica en el diseño cultural de una naturaleza particular que se vincula a unas condiciones de bienestar exclusivas al mundo “desarrollado”. Por tanto el riesgo es un símbolo abstracto mediado por la destrucción o el daño experimentado en tanto que alarma cultural y política.

Las demandas ambientales son producto de una elección que se rige por normas sociales y por la voluntad o no de percepción y preocupación. Es decir, en función de la idea de bienestar y las expectativas de valoración de vida del grupo social. De ahí que, ante problemas de contaminación, no siempre exista reciprocidad entre conciencia ambiental y reivindicaciones comunitarias.

Así mismo, los problemas ambientales tienen tanto una dimensión física y química, como una dimensión social que determina (independientemente de la existencia física) por qué un problema es reconocido o no como objeto de preocupación. Tal construcción cultural deriva de un proceso valorativo histórico que encarrila la percepción y el reconocimiento público de los problemas ambientales.

El corriente postmaterialista considera que la preocupación sobre el medio ambiente depende de la satisfacción de las necesidades primarias y secundarias. En caso de satisfacer las necesidades elementales la sociedad tiene la capacidad de atender demandas cualitativas. En consecuencia, los problemas ambientales son objeto de preocupación y reivindicación y, conforme la moral y el bienestar público, reciben atención pública y gubernamental.

imagesNo importa por tanto que una comunidad, como la que habita el Valle de México, respire uno de los aires más contaminados del mundo, ni tampoco las afectaciones a la salud, la economía y los ecosistemas que provoca la mala calidad del aire si socialmente el problema no posee la relevancia necesaria para competir con otros problemas que en la actualidad han adquirido la condición de supervivencia, como es el caso de la inseguridad (Lezama, 2001:333).

Es así como la conciencia sobre los riesgos de la degradación resulta de la reflexión sobre los valores y significados del bienestar y de la calidad de vida de una sociedad. Ahora bien, la mediación simbólica y social puede separar daño y conciencia hasta escenificar posiciones antagónicas; por ejemplo, Ciudad de México tiene una gran contaminación atmosférica y una pequeña conciencia del daño sobre la salud pública, porque la degradación y el daño compiten con otros problemas de supervivencia para la conciencia pública, el bienestar social y la demanda ciudadana.

Por otro lado, la conciencia también proviene del certificado y reconocimiento de la autoridad científica. El hecho de conocer las causas y consecuencias científicas puede suscitar una rabia y ultraje que genere conciencia medioambiental y, por ende, se traduzca en fenómenos políticos organizados en movilizaciones sociales, políticas y económicas a favor de una naturaleza sana y digna con derecho a existir.

El riesgo ambiental global

unknown-1A partir de 1960 aparece una crisis ecología mundial y, con ella, una sociedad global regida por el principio de precaución. Según Riechmann y Tickner (2002) este principio se fundamenta tanto en el impacto de los sistemas industriales catastróficos e irreversibles para la biosfera, como en los procesos de toma de decisiones que se desarrollan en condiciones de ignorancia e incertidumbre.

Siendo uno de los principios rectores de las políticas públicas de la Unión Europea, también forma parte del Derecho ambiental internacional. Pero su extensión abarca mucho más, pues en el mundo contemporáneo los impactos ambientales no son los únicos de ocasionar problemas irreversibles y de extrema gravedad, las decisiones económicas y sociopolíticas también derivan en riesgos y situaciones irreversibles.

El principio de precaución tiene la intención de evitar los riesgos del progreso, mostrando la obligación de renunciar a sistemas tecnológicos que conducen a supuestas catástrofes normales, para así implementar tecnologías alternativas que salvaguarden a las personas de los riesgos estructurales al sistema capitalista global.

Surge de la percepción que la lucha para contrarrestar la degradación natural no avanza con suficiente rapidez; por ejemplo, contra el cambio climático, la degradación de los ecosistemas y el agotamiento de los recursos naturales. También deriva de observar procesos de toma de decisiones en condiciones de ignorancia e incertidumbre y de analizar cómo los problemas ambientales y sanitarios empeoran sin parar, al escapar tanto al control humano como a su comprensión.

En 1990 el mundo cambia de manera radical hacia la sociedad del riesgo global. Beck (2002) describe este proceso con el cambio de una primera modernidad basada en la Ilustración, a una segunda modernidad con nuevas formas políticas y sociales. Esta

rotura se significada con el accidente de la central atómica de Chernobyl, puesto que transforma la percepción del riesgo o los fundamentos del temor que recluyen a las personas. El riesgo pasa a ser descrito en términos colectivos y catastróficos y presentado como externo por el hecho de exceder a las posibilidades de la persona.

Organizada en estados-nación territoriales, la primera modernidad se cambia a causa de la globalización, la individualización, la revolución de géneros, el paro y los riesgos globales (como las crisis ecológicas y los colapsos de los mercados financieros globales). Estos desafíos son consecuencia del éxito de la primera modernidad a la que la segunda, radicalizada, les debe dar respuesta de manera simultánea. En esta segunda modernidad, el consenso científico diagnostica un futuro complejo, desconcertante, lleno de contradicciones y paradojas.

Las sociedades no occidentales forman parte de esta segunda modernidad, desdibujan trayectorias divergentes y producen multiplicidad de modernidades. Por este motivo, para conocer verdaderamente la globalización, resulta imprescindible analizar los países emergentes del “Tercer Mundo”, pues muestran “hoy a Europa la imagen de su propio futuro” (2001:4).

Con la sociedad del riesgo global muere un mundo bipolar de enemigos y nace un mundo de peligros y riesgos. “Riesgo” es el enfoque que previene y controla las futuras consecuencias no deseadas de la acción humana, es un intento institucionalizado de colonizar el futuro mediante procesos administrativos y técnicos de toma de decisiones. En política los riesgos comparecen como una de las formas de movilización fundamentales; por ejemplo, con la naturaleza, la democratización de la democracia y el futuro estatal (exigiendo una apertura en el proceso de decisión tanto estatal como de corporaciones privadas y ciencias).

Los riesgos ecológicos y financieros globales se escampan y mutan en sociales y políticos porque en “nuestras sociedades, las cuestiones de riesgo no son técnicas, sino profundamente políticas” (2002:22). En la “era global”, el riesgo ha polarizado la desigualdad acentuando la pobreza, marginación y exclusión de los pobres, pues “la primera ley de los riesgos medioambientales es: la contaminación sigue al pobre” (2002:8). Gracias a gobiernos tecnocráticos, solo se disimulan los riesgos y conflictos y se distribuyen, en detrimento de los pobres, a favor de los ricos. Mientras tanto los movimientos ecologistas luchan para solventar los daños ambientales y humanos.

Al fin y al cabo, se observa la intrínseca interrelación entre riesgo y responsabilidad o confianza o seguridad. La sociedad de hoy se estructura sobre una irresponsabilidad organizada que urge de una globalización responsable para controlar y reflexionar sobre los riesgos y peligros creados por ella misma.

Bibliografía
BECK, U. (2002) La sociedad del riesgo global. México: Siglo XXI.

LEZAMA, J.L. (2001) ‘El medio ambiente como construcción social: reflexiones sobre la contaminación del aire en la ciudad de México’, Estudios sociológicos, mayo- agosto, año/vol. XIX, número 2, pp. 325-338.

RIECHMANN, J.; TICKNER, J. (coord.) (2002) El principio de precaución. El medio ambiente y salud pública: de las definiciones a la práctica. Barcelona: Icaria.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s