Abuso sexual y vestimenta sexy

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Thania Guevara S.

Duncan Kennedy, en esta obra divulgada por Siglo Veintuno editores, nos presenta una problemática seria: el abuso sexual. El giro o contraste lo da al enfocarse en un polo, aparentemente opuesto y banal: la moda. Abuso sexual y vestimenta sexy es la obra más reciente de este abogado estadounidense que se define a sí mismo como varón blanco heteresexual, y desde su trinchera (muchas veces considerada como la versión atacante o abusadora), reflexiona sobre los polos opuestos del patriarcado y un feminismo radical.

Por abuso entenderá toda manifestación disciplinaria (sistemática) en que se violente a la mujer. Pensemos los distintos ámbitos: doméstico, profesional, laboral, “de la cale”, “de las relaciones entre conocidos”, donde veremos que destacan los homicidios a la pareja, la victimización sexual de pacientes, el ambiente hostil para las subordinadas, violación a desconocidas, acoso callejera y, por supuesto, la violencia ejercida por las fraternidades y amigos de la víctima.

Kennedy reconoce la postura “tradicional” donde la vestimenta sexy se considera el motivo por el cual se da el abuso sexual, sin embargo, mira con atención una postura contraria, donde la vestimenta sexy empiedra a la mujer, dándole libertad de expresión sobre su cuerpo y modo de mostrarse al mundo con el afán de marcar una postura de control sobre su sexualidad y no con miras a seducir y/o atraer a algún hombre.

¿Qué habremos de entender por “sexy”? Lo sexy o provocativo o seductor, de la vestimenta, estará delimitado por el contexto en el que se presente y, por supuesto, por la portadora de la prenda. En tanto al contexto, verá que lo sexy transgrede los límites habituales, jugando con la idea de  estar en otro ámbito, por ejemplo, una blusa de cuello halter, dirá el autor, será considerada provocativa en una oficina, pero pasaría desapercibida o incluso, podría percibirse como conservadora en la playa, por ejemplo. En tanto a la portadora, mujer podrá resultar más atractiva si es joven y posee ciertas medidas establecidas, toda mujer un poco menos joven y/o con proporciones de sobrepeso o delgadez extrema, en vez de seducir, resultará “graciosa” o “desesperada”, pues la sexualidad femenina suele percibirse en función del deseo masculino  y si éste no es atraído, resulta un intento ridículo y vacío.

Si atendemos a esta perspectiva, habremos de aceptar la postura convencional en la que la vestimenta ha provocado el abuso sexual. Y por eso, resulta natural la pregunta “¿qué llevaba puesto?” como si el hombre no hubiera podido actuar de tal modo ya que ha sido invitado por la mujer, siendo ella consiente o no, pero con su vestimenta, parece haber acordado de manera tácita a los riesgos que implicaba presentarse ante cualquier varón heterosexual, asumiendo un estado de vulnerabilidad natural y socialmente reconocido.

Pero, ¿qué sucede con las mujeres que desean vestirse de una manera considerada “sexy”cuando su deseo no es el de provocar? Se dirá, en este caso, que la vestimenta representa la resistencia y un lenguaje específico en contra del abuso sexual. El consentimiento verbal y libre de la mujer debe anteponerse a interpretaciones sexistas del tipo “lo buscaba”, “lo insinúa”…. ¿esto es adecuado?

La respuesta que aventura Kennedy, les permitiremos que la descubran por su cuenta, ya que la lectura de este autor es indispensable para actualizar un discurso no patriarcal sobre el acoso y abuso sexual, por los que los invitamos que se acerquen a este tema, que tristemente, no deja de ser relevante.

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