La territorialidad de las corporaciones

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Thania Guevara S.

“Business are business”
“In Iraq, the postwar business boom is not oil . It is security” James Hider

La territorialidad de las corporaciones es un atractivo ensayo escrito por Ana Esther Ceceña y forma parte de una interesante recopilación elaborada por ella y Raúl Ornelas en el libro: Las corporaciones y la economía-mundo. El capitalismo monopolista y la economía mexicana en retrospectiva, texto editado por Siglo XXI editores este año.

La relevancia de este material radica en el análisis del trabajo de Ceceña sobre el “desentrañamiento de los hilos ocultos de proceso de fortalecimiento, profundización  y expansión del capitalismo, a través del seguimiento de sus protagonistas más directas: las corporaciones y su estructura de poder”. Es decir, este libro trabaja desde el interés por esclarecer “las redes de poder económico mundial para poder entender los meandros y retos que nos impone el capitalismo”, desde una revisión del pasado, ver los escenarios presentes e identificar las posibilidades futuras.

La obra principal de Ceceña se publicó hace 50 años y se tituló: “El capitalismo monopolista y la economía mexicana”, hemos de entender que los once ensayos presentados en este nuevo material editado por Siglo XXI contribuye al estudio del funcionamiento de las corporaciones, es por eso que en esta entrada se abordará la problemática planteada por Ana Esther Ceceña.

La autora inicia la reflexión a partir de la relación que existe entre las corporaciones y el Estado. Hemos de entender que por corporación tenemos: “institución que agrupa la gran empresa coas us filiales y subsidiarias, los negocios o intereses coligados en todos los paìses donde tiene inversiones, y las activadas financieras o de servicios relacionadas del mismo grupo e propietarios; estas características la dotan de capacidad de acción sobre la sociedad y, en ese sentido, actúa como un grupo de poder”. Desde aquí podemos percatarnos de la magnitud de su valor y por qué no puede no evaluarse sus alcances y efectos.

Tendremos que rechazar la idea de que, si funcionan con capitales privados, las corporaciones están en competencia y esto las “debilitaría”, porque en realidad, dado el nivel de negocios alcanzado mundialmente, se ha rebasado el nivel de acumulación originaria (pensemos en siglos anteriores), posicionándoles así en un estrato superior. De esta manera, tenemos que las corporaciones como el Estado son formas de institucionalización del sujeto capitalista.

En esta institucionalización veremos que el Estado con “su acción cómplice con las grandes corporaciones no es, ni puede ser, un fenómeno excepcional. Es, más bien, consustancial”. Esto es de suma importancia a la hora de analizar los costos de la expansión capitalista, que como bien sabemos, no se reduce a un marco monetario. Sino que:

Supone un arrobamiento perpetuo que se enfrenta a las historias milenarias de los territorios que pone en cuestión. Los proyectos capitalistas violentan las dinámicas locales, cambian los usos y costumbres, reacomodan o expulsan alas poblaciones humanas y dañan el medio ambiente deteriorando o cancelando la condiciones de vida de las poblaciones de fauna y flora locales, además de irrumpir en los entramados espirituales y de relación comunitaria.

Por esto, ante este avance o progreso, se alzan voces de protesta y resistencia. Éstas voces buscan ser acalladas con falsas promesas de crecimientos laboral, beneficios mínimos a nivel local o de plano, con amenazas, intimidación y represión. Donde vemos, el Estado juega un papel de intermediados interesado o de actor directo. El Estado está dispuesto a defender incluso, de manera militar a sus inversionistas capitales, presionará a gobiernos, autoridades y poblaciones para no perder un negocio y, por su parte, las empresas apoyarán a ciertos candidatos, sobornarán funcionarios, contratarán mercenarios y aplicarán el chantaje, todo con tal de guardarse las espaldas.

¿Cómo percibimos los efectos de tan ruines técnicas de negocio? Fácilmente. Como bien señala la autora,  la tasa de desaparición de especies tiene iml correspondencia estrecha con la del grado de industrialización y con el aumento en la capacidad de transformación o con el avance tecnológico. Ceceña muestra una desoladora verdad: el progreso está destruyendo la vida.

Me gustaría concluir con la última reflexión que realiza la autora, misma que denomina “epistemología Monsanto”:

Es un modo de reproducción social y perverso y tendiente a la catástrofe ecológica total. Es una amenaza para la vida bajo todas sus modalidades. Es el modo de ser del capitalismo. No hay capitalismo sin corporaciones. Pero no habrá vida con corporaciones.

 

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