Manuel de Lardizábal, la teoría penal clásica y su olvido

Por Paul Brandon Villalpando Zumaya

Detalle_del_Retrato_de_Miguel_Lardizabal.jpg1782, fines del siglo XVIII, centenario de la luz del conocimiento y la razón. Cien años que le mostraron al mundo la modernidad, el avance científico y tecnológico, que le devolvieron a la sociedad la esperanza y motivación por el progreso en la tierra. En este año se publica la obra del español Don Manuel de Lardizábal y Uribe, un hombre comprometido con su vocación en el estudio de la teoría y ejercicio del derecho penal. En este texto se analizará su obra brevemente, desde su estructura, la sustancia y los fines que busca el autor al escribirla. Este texto es fundamental para comprender las leyes penales de los países occidentales y en nuestro caso, las leyes penales mexicanas. Lardizábal, con un lenguaje sencillo en un texto corto, pero sustancial, nos ilustra un mundo  de principios con los cuales se debe regir una sociedad en materia penal, para que pueda desarrollarse de la mejor manera posible. Este autor, junto con su antecesor Beccaria al que cita varias veces en su texto, nos heredan está guía que va a sentar las bases de un derecho penal no arbitrario o desproporcionado, sino uno en búsqueda de lo justo y del bien de la sociedad. Sin más, comienzo con la descripción y análisis de lo que a mi consideración son puntos relevantes en el texto del Discurso de las penas[1].

Manuel de Lardizábal y Uribe, el autor, introduce su texto con un argumento ontológico donde propone que a pesar de que el ser humano es un ente bueno, es presa de sus pasiones y que esto provoca la comisión de delitos. Por ello, quien tenga la facultad de crear las leyes tiene una gran responsabilidad en sus manos, ya que  debe adecuarse al espíritu de la sociedad a la que van dirigidas. Después, el autor nos dice que dependiendo de la sociedad de que se trate y de otros factores como el clima se va a legislar al respecto. Y comienza un recorrido histórico de la cultura romana donde nos contrasta como al principio las penas en sus leyes debían ser atroces porque la sociedad al no tener educación y vivir en un ambiente sangriento resultaría inútil decretar leyes suaves. Lo relevante de este ultimo argumento es la tesis que plantea que a las sociedades más bárbaras o más ignorantes le corresponden leyes similares; mientras que a los pueblos cultos sus leyes deben ser menos severas.

CAPÍTULO 1 DE LA NATURALEZA DE LAS PENAS, DE SU ORIGEN Y DE LA FACULTAD DE ESTABLECERLAS Y REGULARLAS

6492462-mLardizábal atiende a la naturaleza de la pena desde sus significado. Entendiendo a la pena como el mal que uno padece contra su voluntad y por superior precepto, por el mal que voluntariamente hizo con malicia o por culpa. También en cuanto a la naturaleza de la pena dice que debe ser personalísima y que deben cumplirse requisitos fundamentales para que esta deba imponerse. Por otro la en cuanto al origen de la pena propone, siguiendo a Rousseau, el contrato social. Finalmente la facultad de establecer las leyes y de regularlas va a dimanar de Dios y se va a depositar en el príncipe. Argumento que va a diferir notablemente de la postura roussoniana.

CAPÍTULO II DE LAS CUALIDADES Y CIRCUNSTANCIAS QUE DEBEN CONCURRIR EN LAS PENAS PARA SER ÚTILES Y CONVENIENTES

El autor describe en este capítulo cómo es que para que las leyes criminales alcancen los fines de la convivencia armónica o en términos del autor “verdadera felicidad” es necesario que las penas impuestas se deriven de los delitos; que exista proporcionalidad; que sean públicas, prontas, irremisibles y necesarias; que sean lo menos rigurosas posibles, que se tomen en cuenta las circunstancias y que estén claramente descritas en una ley.

Lardizábal en este apartado nos establece principios fundamentales del derecho penal en un Estado democrático. Este tipo de requisitos son hoy garantías que deben ser respetadas bajo cualquier cosa.

 CAPÍTULO III DEL OBJETO Y FINES DE LAS PENAS

Se parte de la teoría contractualista donde se dedúcelos siguientes objetos y fines de imponer las penas: la más importante y que da origen a la sociedad entre los hombres, la seguridad, de los ciudadanos y por lo tanto de la misma sociedad. Además existen otros fines para imponer penas a las conductas antisociales. Son: la corrección del delincuente para hacerlo mejor, y para que no vuelva a perjudicar, el escarmiento y ejemplo para que los que no hayan delinquido se abstengan de hacerlo; la seguridad de las personas y de los bienes de los ciudadanos; el resarcimiento o reparación del perjuicio causado al orden social o a los particulares.

 CAPITULO IV DE LA VERDADERA MEDIDA Y CANTIDAD DE LOS DELITOS

Lardizábal parte del significado de cantidad entendido como el conjunto de cualidades y circunstancias que constituyen una acción más o menos mala, u por consiguiente más o menos perniciosa. Critica a aquellos criminalistas que proponen las penas como verdaderas medidas de los delitos, después distingue el pecado con el delito. Y justifica por qué deben ser separados en el Estado. Posteriormente, aunque Lardizábal reconoce el trabajo del Marqués de Beccaria lo confronta cuando lo cita un argumento de este autor. Beccaria piensa que la única y verdadera medida es el daño hecho a la sociedad. Lardizábal al contrario piensa que si esta afirmación fuese cierta no habría diferencia entre los delitos cometidos por dolo y los cometidos por culpa, entre otros.

manuellardizabaluribeLardizábal propone por su lado que establecida la medida de los delitos, es fácil señalar la medida y cantidad de las penas. Según el autor los delitos más graves son aquellos que atenten directamente con la sociedad; los segundos más graves son aquellos que atenten contra la seguridad y tranquilidad de los particulares y por último los delitos que atenten contra los bienes patrimoniales debiendo graduarse las penas por el mayor o menor daño que causaren. Después el autor habla sobre las circunstancias en las que una pena puede excluirse o disminuirse, a saber,  las circunstancias de tiempo, modo, lugar y ocasión. Así como las capacidades de los sujetos activos y su intervención o participación en el delito. Describe la exclusión de la pena por indulto en caso de que un cómplice que manifieste a sus compañeros. Posteriormente se refiere más a los encubridores y a los cómplices, a los instigadores y a los que tienen posibilidad de evitar un delito y no lo hacen. Finalmente en este capitulo habla sobre la reincidencia del sujeto y la impunidad de los delitos. En términos generales hace un análisis de las cualidades y circunstancias que constituyen la naturaleza del delito que deben tenerse presentes al momento de determinar una pena para no faltar o exceder en la medida adecuada.

CAPÍTULO V DE LOS GÉNEROS DE LAS PENAS Y CUALES SON ÚTILES PARA LA REPÚBLICA:

En este capítulo Lardizábal habla primero de la Ley del Talión. Primera forma de ejercer justicia creada por los seres humanos. El autor señala la ventaja de la creación de esta figura, sus características y en que casos es posible y prudente aplicarla. Ya que no todos los delitos son  susceptibles a esta figura. Después en el subtítulo siguiente nos describe la pena capital y la paradoja que significa este tipo de medida partiendo del contrato social donde su fin es la protección del individuo. En el siguiente habla sobre las penas corporales donde explica que son todas aquellas que afligen el cuerpo causando dolor o alguna incomodidad. Habla sobre la tortura y un poco sobre la filosofía de la educación de los hombres para que no sean violentos. Al final de este subtitulo habla de la privación de la libertad (cárcel) y el destierro.

 Las penas de infamia (entendida como la pérdida del buen nombre y buena reputación que un hombre tiene dejándole aislado de la sociedad) son de carácter un poco más social ya que los equipara con un tormento por la necesidad del hombre de la sociedad. Finalmente las penas pecuniarias y la confiscación de bienes; según el autor son las que corresponden a las conductas menos graves y que históricamente se han utilizado para persuadir a las personas a no cometer delitos de este tipo.

 Las ultimas páginas del Discurso, Lardizábal las dedica a analizar el tormento, hoy conocido como tortura. Partiendo de que ha sido un medio utilizado para descubrir la verdad con base en la  imposición de dolor. Sin embargo, el piensa lo contrario. Analiza todo un debate sobre las ideas filosóficas que fundamenten el uso del tormento como medio para descubrir la verdad. Y critica de la misma forma la contradicción del uso de un medio como ese en búsqueda de la “justicia”.

 [1] Lardizábal Manuel, Discurso de las penas 1ra edición 1782, ed. Porrúa 2005, México

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