Cultura de la Legalidad, Cultura del Respeto

Por Ximena Pérez García[1]

¿Cuántas veces en estas dos últimas semanas, usted no ha pensado que algo no  anda bien en su entorno social o se ha visto afectado por actuaciones de terceros que hacen o dejar de hacer cosas?

Comunidad_Gladis_Lopez_Blanco.jpgAlguna de las veces que mi papá y yo acudíamos a un evento deportivo, hace ya bastantes años, en la entrada del estacionamiento un señor nos intentó vender entradas para el evento que eran cortesía. Caminando para llegar a la entrada del recinto ya había gente alcoholizada y pelando entre ellos, y como era natural… muchísima basura tirada por doquier. Recuerdo que mi papá muy molesto, comenzó a quejarse y decirme que la gente que habita la Ciudad de México carece de una cultura de la legalidad[2] y que por eso teníamos tantos problemas como sociedad.

Como no entendí completamente a que se refería con ese término, me explicó que la cultura de la legalidad “se refiere a que las personas vivan realmente dentro de la ley pero no porque se sientan obligadas a su cumplimiento o amenazadas por una sanción, sino porque tienen la convicción de que es la mejor forma de convivencia.”

Aunque ese día comprendí que existen las normas porque son necesarias para aspirar a tener una convivencia pacífica y respetarnos los uno a los otros, de ahí la importancia de cumplirlas y respetarlas, la cultura de la legalidad también implica un conocimiento del orden normativo, un actuar regido por la educación cívica y política por parte de los gobernantes y de los gobernados; implica una trasformación de los paradigmas de pensamiento que tenemos arraigados, puesto que somos personas que trasgreden la norma de forma cotidiana, ya que consideramos que las infracciones que realizamos son insignificantes.[3]

cc99c8e3-5a4a-4c63-a61d-e04966429203Estoy consciente de que lo que digo para algunos puede parecer muy obvio; pero aun siendo tan obvio, una parte de la sociedad no ha logrado comprenderlo, e infortunadamente cuando actúan, solo piensan en ellos mismo, lo que es más cómodo o lo que les aportará un mayor beneficio. No se ha reflexionado de manera suficiente sobre la vida colectiva y la importancia de contar con un mínimo de reglas de convivencia contempladas en normas jurídicas  como no tirar basura en la calle (uno de las causas de las inundaciones); clasificarla para evitar continuar con la masiva producción de la misma; no fumar cerca de la gente, o mínimo no hacerlo cerca de los niños y gente con problemas de salud; respetar las reglas de tránsito o las reglas del transporte público; respetar el trabajo y el esfuerzo de los demás (como el del personal de limpieza); no comprar cosas que tienen un origen ilícito (artículos “pirata”); respetar los espacios destinados a personas discapacitadas, etc…

Constantemente escucho el comentario de que somos una sociedad corrupta, estancada y sin valores. Sin embargo, a veces olvidamos que con acciones elementales podríamos ir avanzando y superando ciertos obstáculos. Entonces, la pregunta es: ¿por qué no respetamos las normas? Yo se lo atribuyo a la ignorancia, pereza, inconsciencia e indiferencia de las personas; en ese orden.

Aunque es imposible poseer aunque sea una pequeña parte de todo el conocimiento que existe, considero que la ignorancia de cosas muy básicas, no debería de justificarse cuando la gente tiene posibilidades para acceder a la información y/o está integrada a ciertos sectores de la sociedad, ya que la misma sociedad impone normas de convivencia. Reconozco que hay casos en los que tener conocimiento de la existencia de ciertas normas es prácticamente imposible, pero siendo realistas, la mayoría hemos tenido una formación, en la escuela o en la casa en la cual, se nos ha dicho que existen dichas normas.

Somos en muchas ocasiones una sociedad perezosa y apática, nos gusta exigir, pero no nos gusta hacer, no nos gusta cooperar, siempre estamos a la espera de que alguien más haga las cosas por nosotros o que los problemas se resuelvan por arte de magia. Las cosas no funcionan así, todos tenemos un rol que desempeñar en la sociedad, y aunque existe la creencia de que algunos son insignificantes me gustaría ver qué pasaría si no hubiera choferes del transporte público, secretarias, policías, recolectores de basura, enfermeras o todas aquellas personas a las que a veces no le damos el debido reconocimiento y no respetamos su trabajo.

En muchas ocasiones, por estar pensando en nosotros mismos, olvidamos que existen otras personas que al igual que nosotros también tienen derechos, y que así como deseamos que nuestros derechos sean respetados, también tenemos la obligación de respetar los derechos de los demás. Sea por inconsciencia de que existen un sinfín de problemas en nuestra sociedad o sea porque simplemente es más sencillo vivir ignorando aquellas situaciones que pueden generar una incomodidad, preferimos no ver y solucionar los problemas que existen a nuestro al redor, como la contaminación, la discriminación, la impunidad, etc.

Es irónico que, después de realizar un ejercicio de observación, me diera cuenta que uno de los lugares en los que menos se respetan las normas, dentro de Ciudad Universitaria, es en la facultad de Derecho; y no me refiero solo a los alumnos, sino también a los profesores y al personal. Ni enseñamos a nuestros semejantes a respetar las normas, ni somos capaces de respetar las normas nosotros mismo, y después, nos preguntamos indignados por qué se nos tiene tan mal catalogados a los que pertenecemos a este gremio o porque nos tienen tanta desconfianza. Evidentemente no se puede generalizar, pero tristemente sí creo que una parte muy considerable de la comunidad de la facultad, es apática, es irrespetuosa y es falsa.

Hemos perdido como sociedad, la noción de lo que es una comunidad sana. Soy una persona que está convencida de que una de las cosas más importantes en la vida de una persona es su autonomía para decir qué hacer y cómo vivir, pero todo tiene un límite, no debemos afectar a terceros con nuestros actos, porque de una u otra forma, también nos estamos afectando a nosotros mismos y estamos afectando a la gente que queremos.

Concluyo diciendo que siendo personas que tenemos acceso a estudios universitarios, que conocemos y entendemos las normas, tenemos como obligación tener una actitud coherente entre nuestra profesión (en el caso de los juristas y los abogados) y la forma en la actuamos de forma cotidiana. Asimismo, tenemos la obligación de enseñar y explicar a la sociedad la importancia del cumplimiento de las normas básicas que rigen la vida en sociedad si queremos ver un verdadero cambio en nuestras vidas. ¿Cómo conseguirlo? Acerquemos a la sociedad y expliquémosle de forma sencilla la importancia de respetar y cumplir las leyes y las reglas; demos el ejemplo a la población con nuestro actuar cotidiano, rechacemos y denunciemos los actos ilícitos y la corrupción; exijamos pero también cumplamos con nuestras obligaciones, y sobre todo, respetemos a nuestros semejantes.

[1]Datos de contacto: xi.mena_pg14@hotmail.com

[2] La Cultura de la Legalidad es la creencia compartida de que cada persona tiene la responsabilidad individual de ayudar a constituir y mantener una sociedad con un Estado de derecho”. México unido contra la delincuencia, A. C., “¿Qué es la cultura de la legalidad?”, 28 de septiembre de 2016, en: culturadelalegalidad.org.mx.

[3] Cfr., Suprema Corte de Justicia de la Nación, “CULTURA DE LA LEGALIDAD. Los posibles significados de una frase que debiera ser parte de nuestra vida cotidiana”, 28 de septiembre de 2016, en: www2.scjn.gob.mx.

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