La otra mano de Lepanto

Por Miriam Viridiana Cabello Reséndiz

 

Introducción

2d9k4tl.jpgLa novela histórica es una remembranza de los acontecimientos del pasado que ge- neraron conmoción en alguna región del mundo; cuando un autor decide reconstruir la memoria del pasado desde un tiempo actual, que con algo de temor podríamos llamar pre- sente, puesto que queda preguntarse ¿qué es el presente? Se cree que la novela histórica ofrece un pasado lejano, acabado, o con valores sin vigencia, sin embargo no es así con obras como La otra mano de Lepanto de Carmen Boullosa o Noticias del imperio de Fernando del Paso. Si bien tales obras son estilísticamente distintas, la que a este texto corresponde nos remite al siglo XVI con una historia de carácter actual, sin olvidarse de su construc- ción narrativa, tan cercana al S. XVI por sus descripciones prolongadas y cautivadoras. La tradición del siglo ya mencionada se manifiesta página por página, desde el vocabulario hasta su tema central, circunscrito este a una historia cervantina y sin abandonar su te- rreno propio, constatando su pluma dentro de la narración.

DESARROLLO

Esta obra narra la historia de una mujer gitana “María la bailaora” que atraviesa tantas circunstancias y que además atestigua el caos que impera debido a la expulsión de los moros en España. Cuando se piensa en el tema actual que toca la novela, se podría de- cir que es sólo uno. Es fácil evidenciar que en el siglo XVI se vivía una realidad que no es tan distinta a la actual, si bien, los acontecimientos temporales son otros, las vivencias son parecidas. ¿Cuáles son los temas del presente que esta historia toca?

art9La cristiandad que se vive, es uno de ellos: su vigencia es tal puesto que este país fu conquistado por España y la imposición religiosa fue vital para consolidar el control de la pluralidad de las ciudades mesoamericana. Entonces la realidad contextual de la novela de Boullosa no es lejana y para muestra basta recordar cuando María es llevada al convento. Ella narra cómo las mujeres que ahí habitan no dejan de ser tan humanas – en el sentido estrictamente moral y el perenne conflicto que ello significa – como quienes están fuera de él: observa cómo las monjas aprovechan el dinero que poseen y su posición para abusar de

otras. Sin duda, lo anterior es semejante a lo que se vive fuera del convento, y a pesar de ser otro el lugar y otra la época, relámpagos de realidad caen sobre el lector y por supues- to que se piensa en el presente. Asimismo se piensa en historias a voces que existen sobre los conventos actuales u otras dependencias eclesiásticas y es incontrolable en la mente la evidencia de una moral polifacética, no sólo ejercida a conveniencia sino con todo ánimo de obtener provecho, aquélla con la que se ha jugado desde siempre en los sectores cristianos.

También está el fragmento dónde María se ve embargada por los valores morales de la época y que están relacionados intrínsecamente con lo que el personaje atraviesa, aquí, el ejemplo: María aborda una embarcación y nota que los galeotes la miran, siente repugnancia pues éstos viajan en condiciones deplorables aunque al mismo tiempo recuer- de a su padre y se agobiada por la tristeza y la lástima. Sentimientos, éstos muy cristianos, y fundamentales para el texto pues, pensando en la actualidad, el hombre se mira inmerso en sentimientos en una red compleja de desprecio, el interés pecuniario, el deseo, la ambi- ción y, ¿por qué no?, la lastima. Evidencia de sobra de la cristiandad que ha existido y seguirá existiendo.

La realidad económica que se vivía, sin exagerar, tan semejante a la actual que lee- mos en la novela que el dinero posee un valor más que potenciado y que sus mecanismos de distribución estimulaban la formación de clases, ya tan inevitable y ominosa como es que lo ganado por María no cubre su alimentación y que, no suficiente con ello, después de ser capturada debe pagar su rescate, al igual que su padre. Su padre, reúne dinero para que María se vaya con él, María creía que ayudando a su padre, él podría estar en mejores con- diciones y, como podría temerse, aparece el embustero, ruin y mendaz como debe ser, que engordaba sus bolsillos con el dinero que robaba a ambos. Considerar que con el dinero podían lograrlo todo y que, muy a pesar, eso no siempre era o es así. «Aquí traigo monedas en la bolsa, no tengo ninguna necesidad de piso» es el poder supremo que se ha otorgado siem- pre al dinero, sólo con éste el hombre imagina que puede obtenerlo todo sin considerar que su esencia material y opresiva aminora su valor hasta ser efímero; aun si el ritmo que marca esté repleto de conquistas falsas que no sólo algunos estratos ansían.

Dentro del mismo marco, se evidencia cómo desviar recursos es un acto casi tradi- cional del burócrata o el encargado de una dependencia o región, el ejemplo de don Jeró- nimo de Aguilar, generales como él abusan de sus soldados al quedarse con buena parte de su sueldo. «Todos los capitanes ruines son los que quedan ricos, que los hay también valientes y honorables» Nuestro país es bien conocido por tales desfalques perpetrados contra los hombres que trabajan honradamente; la firme intención del abuso es llenar las arcas gubernamentales y empresarios con el esfuerzo de otros.

CONCLUSIÓN

el-manco-de-lepantoUna novela histórica – al menos ésta y con seguridad otros ejemplos – no atraviesa únicamente la realidad de una época de un modo superficialmente revisionista, sino que narra las relaciones causales y complejas de cada hecho acontecido para concentrarse en sus puntos esenciales evita que la gran suma sea, como ocurre regularmente con la Histo- ria, una versión parcial e inacabada, aunque sí inabarcable. Es sólo así que el individuo reconoce omisiones, errores, tragedias y, quizá pocos pero al fin, aciertos de una civiliza- ción; situación que se repite infaustamente pues los valores morales son humanos y repeti- tivos, susceptibles a la equivocación, aunque esto sea aprovechado para oprimirse unos a otros. Con obras como ésta reafirmamos percepciones sobre la vigencia de la realidad so- cial de épocas precedentes que permean las valorizaciones contemporáneas hasta conse- guir una semejanza innegable; esto a pesar de que en La otra mano de Lepanto sean cuatro siglos los transcurridos. Recuérdese que en todo esto, al final y principio de la sucesión de hechos está el hombre, asestando golpes sin detenerse, como parte de una gran cloaca o un gran valle, oscuro, pero valle, buscando el espacio fértil para labrarlo para beneficio de él y de otros, o quizá, sólo por no descartarlo, para venderlo al mejor postor.

BILIOGRAFÍA

  • –  Boullosa, C. La otra mano de Lepanto. Fondo de Cultura Económica. México, 2005.
  • –  Cervantes de Saavedra, M. La gitanilla en Novelas ejemplares. Porrúa. México, 1989.

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