Las drogas: el monstruo de mil debates

Por Daniel Nájera Yivale

Hablar del uso de las drogas en este momento de crisis de seguridad nacional, sugiere responsablemente ir más allá del estigma perverso y maléfico que le ha colocado la sociedad moderna inducido en gran parte por la sociedad estadounidense.

unknownNo se trata de buscar responsabilizar solamente al tráfico de drogas,  de la crisis de inseguridad que agobia al país y que mantiene entretenido al pueblo en salvar su vida y rompe con la máxima de los Emperadores romanos de “al pueblo dale pan y circo y se mantendrá ocupado”, hoy esa ocupación es luchar por no ser víctima.

Tampoco se  trata de exculpar y justificar el uso de las drogas, sino simplemente de revisar algunos antecedentes y tratar de enfocarlos hacia una opinión.

La propia historia de Estados Unidos, en los años 20 del siglo pasado, cuando se aprobó la enmienda 18, que prohibió la comercialización de bebidas alcohólicas, podría ser una muestra de las consecuencias de mantener una prohibición de este tipo.

La Ley Seca de mérito, no prohibía el consumo de alcohol, sino la manufactura, venta, y el transporte de bebidas alcohólicas, lo que hacía francamente difícil el consumo. A pesar de ello, el alcohol, continuó siendo producido e importado clandestinamente de países limítrofes, provocando un importante aumento del crimen organizado gracias a la persistencia de la demanda. La ilegalidad de esta práctica provocó altísimos precios del alcohol, atrayendo a importantes bandas de delincuentes como al famoso Al Capone y a muchos otros jefes de la Mafia que ganaron millones de dólares con el tráfico y la venta, incitando además a la corrupción de los funcionarios y policías encargados de hacer cumplir la Ley Seca.

La opinión pública se dió cuenta de que la prohibición no había resuelto los problemas sociales y la Ley Seca había llevado el crimen organizado a sus niveles más elevados de actividad como nunca antes se había observado. El Gobierno Federal Americano, gastaba enormes sumas de dinero intentando forzar la obediencia a la Ley Seca, pero la corrupción de las autoridades locales y el rechazo de las masas a la Prohibición hacían muy impopular sostener la Ley Volstead. Finalmente 14 años después fue derogada la Ley a pesar de que es un hecho que el consumo de alcohol mata 20 veces más personas que el consumo de drogas perse.

En México, dijera Roger Bartra, el libre albedrio es un bien escaso pero existe, luego entonces hasta dónde debe el estado tutelar las decisiones individuales sobre qué sustancias debe usar para su pasatiempo, medicación o diversión.

unknown-1Uruguay fue el primer país de América en reglamentar la producción, venta y comercialización de la mariguana y contrario a lo que incluso la propia ONU pensaba, no ha sucedido nada o a la fecha tal vez sea muy prematuro evaluar los efectos de la aprobación, sin embargo países como Holanda cuyo consumo recreativo tiene  ya más años puede darnos mayor luz sobre si hay efectos catastróficos sobre eliminar la prohibición.

Sin embargo es un hecho tal vez insuficientemente documentado que la marihuana es la puerta de entrada a otro tipo de drogas y esa es la parte preocupante, sin embargo, la pregunta sigue siendo si el Estado debe mantener la tutela sobre esa decisión que opino debiera ser personal.

Pensar que despenalizar la marihuana en México sería la solución mágica a la inseguridad es totalmente debatible, porque desde mi opinión, la delincuencia organizada superó desde hace al menos 10 años el solo esquema del trasiego de droga y ahora se ha diversificado con su incursión plena a la comisión de delitos del fuero común que resultan aún mas lesivos para la sociedad y es que el crimen organizado se diversificó y tomo enfoque empresarial ante una autoridad desorganizada.

El mejor caldo de cultivo que pudo tener la cultura del narcotráfico y su derivación hacia delitos directos hacia el ciudadano común son la precaria educación que padecemos gracias a quienes la mantienen secuestrada, la corrupción y la impunidad, asi como la acentuada pérdida de valores morales en la familia, que lleva a los jóvenes a concluir que si no hay castigo aquí ni habrá castigo allá en el cielo, pues vamos a delinquir.

La mal llamada guerra al narcotráfico o a las drogas parece no tener fin y a mi parecer pudiera ser ya calificado como un asunto generacional, un asunto que tal vez la generación que gobierna ya no alcanzara a ver su solución pero si puede aportar desde ahora, porque es un hecho demostrado que esta guerra no se ganará con armas sino con políticas públicas que permitan volver al estado de derecho y desafortunadamente ya no son de corto plazo:

Educación de calidad

Cero impunidad

Estímulo a la integración familiar

Fomento a la lectura

Oportunidades para los jóvenes y porque no?

La despenalización de la marihuana.

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