¿Es la tecnología un medio para la emancipación?

Por Héctor Mondragón González

unknownEl mundo es cada vez más dinámico. Nos adaptamos y evolucionamos. Esta evolución es impulsada por fuerzas poderosas: el genio humano. Ha habido tecnología desde la aparición del hombre. El fuego era ya una tecnología, las armas para cazar animales y poder comerlos también lo eran. Para acercarnos a nuestra pregunta, debemos saber si la tecnología tiene una teleología, en cuyo caso es preciso evaluar si los comportamientos humanos son coherentes con ella. Si estuviésemos fuera del cuadro, cabe preguntar ¿qué hacer entonces? ¿Hay algo por hacer?

En la situación de la que hablábamos algunas líneas antes podemos decir que la tecnología sirve para cubrir necesidades humanas. Es cierto que la naturaleza nos impone condiciones «crueles». La vida es difícil cuando no hay comodidades, donde no se tiene una «cama». Entonces, se es salvaje.

Las necesidades humanas han cambiado a lo largo del tiempo. Nosotros hemos hecho que cambien. En realidad ese cambio no entraña una substitución, sino una ampliación; se ha «facilitado» el acceso a ciertas necesidades para poder crear otras, más caras, que permitan la creación de empresas y empleos cada vez más especializados y diversificados.

El humano ha perdido contacto con la naturaleza. Ahora pierde contacto consigo. Se ata a los medios de producción a cambio de un nivel de vida más o menos confortable.

En este sentido, es necesario pensar en qué es lo que debemos emancipar y si se puede lograr objetivamente. Emancipar es liberar, sacar de la esclavitud. ¿Quién está esclavizado? La evolución de las necesidades ha incrementado la dependencia entre las personas. Simone Weil suponía que el único ambiente que estaba prácticamente puro de opresión era aquel en que la economía estaba aún en niveles bajos[1]. Todo esto puede ser cierto, pero, ¿por qué el hecho de que haya más interdependencia implicaría opresión o esclavitud? Existiría tal si uno no pudiese salir del campo social donde se ubica. Entre más especializado sea el campo social, más grande es el clivaje y más difícil es encajar. ¿Cómo hacer que una persona en un campo social donde hay poco capital cultural y económico pueda convivir armónicamente en un campo social donde existen condiciones diametralmente opuestas? Más complicado todavía es que no sólo conviva, sino que se traslade de un campo a otro. Son los secretos los que no permiten la movilidad; la violencia.

Para emancipar a alguien, se necesitan dos cosas. 1.- Que la persona se dé cuenta de su realidad material y de su condición de oprimido, y 2.- que sea capaz de superar esa condición.

unknown-2El fin de la tecnología es entonces cubrir necesidades, sin embargo, entre campos sociales, las necesidades son distintas. Ahora, para cubrirlas, hace falta pagar un precio que no todos pueden pagar. Quien puede cubrir más necesidades, tiene más poder; éste las cubre a través de otros, los oprimidos, que tienen menos recursos y que, por tanto no pueden cubrir todas sus necesidades, en ocasiones, ni siquiera las básicas.

Lo anterior implica que hay grupos de personas más emancipables que otros, gente menos oprimida que otra. Hay grados, dependiendo, en principio, de las necesidades que puedan cubrir.

Si es cierto que la tecnología puede cubrir la necesidad de la emancipación, entonces ésta debería ser accesible a todos, sobre todo a aquellos que están desprotegidos.

Cuando pensamos en la pregunta propuesta, nos remitimos, casi instantáneamente, dispense si no ocurre así con usted, apreciable lector, en la Internet. Democratización de la cultura. La Internet es un servicio y un espacio del que sólo se pueden servir aquellos que tienen, mínimamente, acceso a un ordenador. En su mayoría, tendrán, al menos, cierta movilidad social. Quienes están en campos sociales más desfavorecidos, no tendrán acceso a la Internet y tampoco a sus contenidos e, incluso si tuvieran acceso, la tarea se dificultaría, dado que el contenido que elegirían, de acuerdo a su gusto, no sería emancipatorio, porque su habitus los dirigiría a contenidos propios de su campo.

Pensemos en algo más asequible. La televisión o la radio son medios que están prácticamente al alcance de todos. Claro que con el «apagón analógico» esto queda un poco en entredicho; la radio persiste, a pesar de esto. Intentar el cometido de que el sujeto tome consciencia de su situación podría lograrse, y darle acceso a la cultura también, sin embargo, ¿cómo habría de sobrepasar su condición? Es insuficiente. Nos sigue la dificultad del gusto, que hace que el sujeto se pierda entre los contenidos.

Un libro podría ser una opción si el sujeto que queremos liberar pudiera tener acceso a él, es decir, tuviera la posibilidad de adquirirlo, las habilidades lectoras y pudiera aprovechar lo aprendido.

Una situación adicional a lo anteriormente señalado, aparece. La tecnología es magia; se nos presenta como objetos del futuro que intentan anihilar el pasado. Dentro del pasado están los oprimidos, que son completamente ajenos a la tecnología (léase: al futuro)[2]. Si la tecnología intenta olvidar el pasado, también intenta olvidar a los oprimidos, es decir, negarlos. La tecnología no es solamente el saber y los procedimientos aplicados para la satisfacción de necesidades sino para que esta satisfacción sea cada vez más fácil, más mágica, menos intuitiva, más difícil de explicar, más extraña; la tecnología tiene la función de alejar a los extranjeros.

unknown-1La tecnología es en consecuencia, incongruente con la emancipación. Ésta puede, empero, utilizarse en su contra. Hay un cierto grupo en la sociedad, los intelectuales, es decir, aquellos que han sido formados como técnicos del saber práctico, pero que se dan cuenta de la contradicción universalidad-particularidad: realidad-ideología en la que viven. Sirven a un sistema en «libertad»; ellos tienen un rol, el de hacer que los demás tomen conciencia de su realidad material[3]. Dado que ellos tienen acceso a la tecnología, han sido formados como técnicos del saber práctico, pueden utilizarla en contra de la tecnología. Si ésta busca olvidar el pasado, los intelectuales buscan hacerlo patente; lo pueden hacer a través de las telecomunicaciones, pero, como ya lo vimos, aunque no negamos que podría tener ciertos efectos, éstos sería reducido.

El intelectual debe actuar con una nueva herramienta: la no-tecnología: el discurso. Como en el ágora, debe acercarse a los oprimidos. La manera más eficaz de hacerlo, sería mediante la educación gratuita universal; sin embargo, para que esta sea verdadera, las condiciones mínimas de vida deben estar aseguradas y el gobierno debería tener un verdadero interés en que los oprimidos dejaran de ser oprimidos. ¿Se puede liberar de golpe al más oprimido de los oprimidos? Parece, aunque la pregunta da para un mayor análisis, que la emancipación debe ser gradual, desde los más emancipables hasta los más oprimidos.

[1] Weil, Simone, Oppression et liberté, Ed. Gallimard, París, 1955, p. 86.

[2] Lucy, Niall, Beyond Semiotics, Continuum, Londres, 2001, pp. 34-40.

[3] Sartre, Jean-Paul, Situations philosophiques, «Plaidoyer pour les intellectuels», Ed. Gallimard, Paris, 2005, pp. 238-262.

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