“Si ser distinto es un crimen, yo mismo me colocaré las cadenas”

Por Daniel Najera Yivale

images-3Los tiempos han cambiado, o al menos están cambiando, pero en la época victoriana muchas cosas eran combustible para estallar escándalos y condenar a cualquiera que intentara salirse de las normas establecidas por la moral de la época, no importando si eras un escritor de renombre como Oscar Wilde.

El irlandés siempre fue conocido por su ingenio y humor y en todas sus obras lo demostró. Sin embargo, detrás de esta comedia se esconde algo más ya que en ella se encuentra una crítica hacia la sociedad que lo rodea.

Wilde trata, de manera frívola y banal, temas vinculados con el corazón de la alta sociedad inglesa de la época. La época victoriana era una sociedad basada en convencionalismos y con unos códigos de moralidad muy estrictos. Los conocidos como “gentlemen” eran hombres que la gente admiraba debido a su clase y aparente perfección.

Muchos de estos hombres tenían una vida secreta, o vicios secretos, que intentaban ocultar ya que, si eran descubiertos esa imagen idealizada que tenían de ellos se rompería. Él también era tomado por un caballero admirable, pero nadie sabía de sus tendencias homosexuales por lo que cuando su secreto fue descubierto, lo condenaron.

El autor destapa una serie de situaciones de falsas apariencias y engaños aparentemente inocentes que hablan, de forma indirecta y en tono cómico, de la vida opresiva y llena de restricciones sociales de la Inglaterra de la época.

Los valores del deber social y el respeto frente a los demás miembros de la clase alta están por encima de todas las cosas. Ser serio y honesto era la meta principal de cualquier persona que quisiera considerarse un aristócrata inglés de la época victoriana.

Wilde criticaba este comportamiento y decide burlarse en sus obras de esta idea de falsa moral hasta lograr retorcer las normas y la moral y convertirlas en una parodia de sí mismas. Wilde no se plantea qué es inmoral y qué no lo es, sino que se burla de la idea de moral de la sociedad victoriana y desnuda la hipocresía que se encuentra detrás.

En sus obras se puede ver su inteligencia, agudeza y además lo desarrolla todo de manera exquisita.

unknown-9Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados en uno de los mayores fraudes de la historia. Este caso buscó ser un ejemplo, dando a entender que hasta los más grandes pueden caer y tuvo mucha repercusión ocasionando un aumento de la intolerancia sexual no sólo en Gran Bretaña, sino también en toda Europa.

Ironías de la vida, parece ser que su historia se volvió en su contra ya que él fue una víctima más de la sociedad que tanto criticaba.

La afirmación de una libertad que Wilde atribuía a Francia y que negaba constantemente a Inglaterra, que solía manifestar públicamente en expresiones como esta: la gran superioridad de Francia sobre Inglaterra se debe a que en Francia todo burgués quiere ser un artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser un burgués.

Wilde denunció una crisis de credibilidad de las normas que debían regular la conducta social y en la práctica llevó un estilo de vida que, si bien parecía coincidir con sus convicciones y con su genio -aún dentro de la doble moral de su tiempo-, entraba en franca confrontación con grupos de interés y de presión política y social al interferir con sus prejuicios y su esfera de poder.

Aquel regusto de cinismo de quien sabe que no podrá cambiar el mundo y que aspira, al menos a un espacio diminuto, personalísimo si se quiere, de tolerancia y libertad

No podríamos decir que Wilde fuera un ideólogo, o que sus textos y actitudes buscaran una modificación de las relaciones sociales, éticas o jurídicas de su tiempo; en cambio, si estamos frente a un hombre de particular talento, de un revolucionario en el ámbito literario y de una manifestación clara de las disyunciones de un sistema jurídico y político cuyas clases dominantes, en tanto que creadoras de las normas jurídicas, habían perdido contacto con la realidad o que, aún teniéndolo no estaban dispuestas a acotar sus privilegios ni sufrían presiones suficientes para hacerlo. No debe olvidarse que incluso Marx, basado en esta misma observación suponía que la revolución proletaria debía comenzar por Inglaterra.

mundo-vida-desmotivaciones-4.jpgEn 1891, comienza su relación con Bosie, Lord Alfred Douglas, hijo del marqués de Queensberry. Días después del estreno y triunfo de The Importance, el drama del poder frente a la libertad, de las convenciones sociales frente al genio y de un sistema jurídico, social y político, que por su duplicidad moral y su represión de conductas, debiera haber estado en crisis pero que por la red de convenciones, creencias firmes y promesas de poder que lo sostendrían , todavía hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, frente a la dignidad, harán colisión de una manera lamentable.

La lucha de Wilde contra Queensberry resulta penosamente desigual. La superioridad del artista no alcanza a tocar la potencia del Marqués, porque aún cuando el último ni siquiera puede escribir la palabra “sodomita” correctamente, no puede ser tocado por los alegatos de Wilde sobre la necesaria inmoralidad del arte y sobre la deseable independencia del escritor; Queensberry, a diferencia de Wilde, ha sabido elegir correctamente sus armas.

Al juzgar a Wilde se juzgaba la expresión del arte moderno en el contexto de su influencia social, y por la otra, se juzgaba la libertad – materializada en la preferencia sexual – dentro del entorno de la represión de la era victoriana. Para el escritor, el centro del litigio no se encontraba en el juicio de sus actos, sino en la calificación que una sociedad decadente y moralmente hipócrita, según sus propios parámetros, pudiera hacer de la expresión de un artista, y consecuentemente de su conducta.

Visto así, la situación de Wilde deviene desastrosa desde el principio, pues se acoge a una narrativa literaria que acepta equívocos diversos, mientras que la del marqués se torna cada vez más fuerte y estable porque está amparada por la narrativa jurídica que es monolítica y no puede aceptar más que una sola lectura, que aunque proviene de razones diversas, conduce a un sólo puerto racional y consensuado.

Literatura y Derecho participan de la naturaleza común de la narrativa; sin embargo, aunque construyen vasos comunicantes y son alimentos recíprocos, el Derecho aspira a crear una narrativa final, aquella a la que llamamos “verdad legal” y también “texto legislativo” o “jurisprudencial”, mientras que la Literatura huye de lo definitivo y se ampara continuamente en la metáfora y la posibilidad.

En ese sentido Wilde triunfa, vence y vencerá para siempre la represión victoriana, doblegará a sus censores y someterá a su tiempo, pero no logrará vencer a Queensberry ni podrá convencer a sus jueces; al primero porque no acusará recibo de una batalla que lo excede y no comprende, y a los segundos, porque en su papel de operadores jurídicos no buscan el sentido de la verdad que se les ofrece, sino la coherencia en el marco narrativo que es su deber preservar.

El abogado tratará de realizar un desplazamiento en el lenguaje, atribuyendo el significado de su texto no al habla común sino a una literaria que, además, pertenece a la pluma sensible de un artista.

Es justo en la finísima frontera entre lo jurídico y lo literario donde han sido ya sembradas las semillas de la caída de Wilde.

Por un lado sabe que los prejuicios, las estrictas normas culturales y la doble moral de la época le son favorables y que pesarán sobre la credibilidad de Wilde y no de Queensberry; por el otro, sabe que aún en esa coyuntura afortunada, el arte y la belleza gozan de privilegios aún frente a quienes no los comprenden, que el aura que acompaña al escritor se presenta como un misterio indescifrable que genera respeto y aún reverencia.

Wilde se preguntará si en realidad hay un espacio para la libertad creativa, si puede suponerse la voluntad del artista para señalarlo como un caso de particular sensibilidad de la cual depende en gran medida su capacidad creativa y el florecimiento del estilo; se habrá de preguntar, si, ciertamente el arte vale la pena y si tiene un lugar en el mundo real de los hombres.

La defensa, además de la exégesis de la conducta, se refiere a la intención de Wilde de propagar su visión del mundo -lo cual es inherente a cualquier literatura y sin lo cual no habría necesidad de lectores- convirtiéndose así en un peligro para la sociedad

El desarrollo del juicio, la natural alianza entre la defensa de Queensberry y el tribunal, mostraron la salud de la arraigada escala de valores del victorianismo y del sentimiento imperial, pero además dieron a entender al gran público, al lector y a quienes seguían de cerca a la naciente opinión pública, que no habría tolerancia para la heterodoxia, ni siquiera bajo el halo de la fama o el talento; o bien, como lo expresaría casi cien años después Duncan Kennedy, aún cuando se reconociera que los jueces de hecho influían sobre los resultados distributivos, y que también influían sobre los conflictos entre grupos, en realidad no lo hacían por cuenta propia sino como agentes de un proceso político restringidos en cierto modo a aplicar la ley.

Por eso, la moraleja había de ser implacable, la sentencia brutal y el castigo ejemplar.

Con The Ideal Husband el escritor irlandés lanza un ataque fino y certero contra la doble moral victoriana. En este sentido, los textos de Wilde ofrecen varias lecturas, entre ellas, la crítica política. En The importance of being Earnest, Wilde denuncia una crisis de credibilidad de las normas que debían regular la conducta social, entrando en confrontación con los grupos de interés. Posteriormente, el autor describe los procesos judiciales en contra del escritor, exponiendo cartas que sin duda son ejemplo del género epistolar en la literatura. Finalmente se expone el destino dramático del artista a través de una sentencia brutal y un castigo ejemplar.

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