El Estado mexicano

POR MELISA AKETZALI LULE MACÍAS

Unknown-11Los funcionarios imperialistas fueron en su mayoría mexicanos, hombres políticos experimentados, de opiniones e ideologías diversas, por ello que fueran un grupo heterogéneo (Pani, 2001, p.191). Su objetivo fue llevar a cabo acuerdos que dieran forma al Estado mexicano para solucionar los problemas del federalismo, jurisdicción, instituciones, justicia, economía y proyecto social-cultural mediante el ‘proyecto conservador’. Esta élite política vio en el imperio una “oportunidad de reforzar y racionalizar al poder público, mediante un cuerpo de leyes, un aparato administrativo eficiente y un sistema legal”(Pani, 2001, p.239). Esperaban que Maximiliano, como extranjero, conciliara a la sociedad mexicana y, como católico, abogara “por un Estado laico y secular, cuya autoridad no fuera cuestionada por la Iglesia”(Pani, 2001, pp.231 y 239). El Estado necesitaba un sistema administrativo y de Hacienda, que asegurara la paz y estabilidad a la economía (Pani, 2001, p.200). Así, la falta de códigos, leyes y reglamentos eran los obstáculos más importantes para el establecimiento de la paz y el orden, éstos fueron el objetivo del Porfiriato, por lo que el régimen respondió con mano dura e implacabilidad para finalmente establecer la construcción de la Nación mexicana basado en la soberanía de la sociedad civil a través de la educación.

Contenido: Sin duda, los imperialistas llevaron a cabo la imprescindible construcción de los principios y mecanismos gubernativos y normativos que debían regir la vida pública para darle estabilidad y continuidad al Estado mexicano. “Las instituciones educativas de provincia (…) los formaron cultural e ideológicamente y los dotaron de una serie de redes sociales y políticas que permitieron su ascenso y permanencia en las regiones del poder” (Pani, 2001, p.193). Esto es, el gobierno de Maximiliano estaba conformado por políticos de clase media que habían ascendido gracias a su educación, desempeño profesional y a sus contactos (Pani, 2001, p.195). El objetivo de éstos era inventar un vínculo de identidad que uniera a todos los mexicanos y forjara una cultura nacional (Pani, 2001, p.197). Los imperialistas propusieron la definición y delimitación de los poderes para que no hubiera injerencia entre ellos. Así, las dos caras del proyecto imperialista eran: racionalización del poder público; desarrollo y modernización económicos (Pani, 2001, p.241).

Los proyectos políticos conservadores fueron homogéneos; los económicos fueron poco consensuales y muy conflictivos. Mientras algunos imperialistas ideaban una Hacienda pública que gravara a todos los ciudadanos de forma eficiente y un Estado autónomo sin intereses particulares; habían otros que ideaban un Estado que se metiera lo menos posible con ellos. De esta manera, las políticas fiscal, de fomento y agraria fueron siempre contradictorias (Pani, 2001, p.306). Así se dio el intento por generar un imperio con justicia distributiva y una política de apoyo a los sectores económicos más poderosos para que fueran los arquitectos de la política fiscal. Por su parte, el sistema imperial permitió al Estado ejercer poder sobre el territorio y los contribuyentes; asimismo, pretendió que los intereses de los propietarios estuvieran protegidos de los abusos del fisco: dependencia a ingresos aduanales, imposibilidad de abandonar las contribuciones indirectas e incapacidad de centralizar las rentas (Pani, 2001, pp.247-249). Por otra parte, la imposibilidad de gravar a la población, fue peor con el arraigo del agio que era contrario a los principios de uniformidad e igualdad (Pani, 2001, pp.256-257). Para ello, el gobierno imperial, buscó adoptar un sistema tributario más moderno y uniforme en el que se gravara el producto y no el capital, se eliminaran los impuestos indirectos y se separara la tasación de la recaudación. Quiso poner a la industria agrícola y fabril en competencia con las extranjeras. Pretendía desaparecer los rendimientos de las contribuciones (Pani, 2001, p.268). Ahora bien, el apoyo al gobierno estaba sostenido en los prestamistas -exigentes de réditos exorbitantes- y por ello se requería un gobierno que reconociera los adeudos de los gobiernos anteriores. La falta de un compromiso financiero-político entre las élites y el gobierno central era el problema para la imposición de un sistema tributario funcional y acarreaba una economía atrasada e inerte.

Por otro lado, la relación Iglesia-Estado tuvo conflicto. La desamortización estancó los bienes del clero en manos de desamortizadores, quienes monopolizaron las tierras y vivieron de sus rentas. Por ende, las leyes de desamortización no cumplieron su ideal democrático de la propiedad (Pani, 2001, pp.297-298).

Unknown-12No obstante, la primera administración de Porfirio Díaz compartió la experiencia de todos los gobiernos previos del siglo XIX, afectada por los conflictos internos e internacionales característicos de la mayor parte de la historia de México independiente. El país carecía aún de las necesidades básicas para lograr la estabilidad política: fronteras definidas, relaciones estables con los vecinos, identidad nacional. La inestabilidad financiera y fiscal, acrecentada por el endeudamiento externo, seguía siendo un obstáculo importante para el desarrollo económico –mercado nacional-. A pesar del triunfo del liberalismo -1867-, promovedor de la conciencia ciudadana, el país no contaba con un gobierno legítimo y de instituciones estables, y la construcción tanto del Estado como de la Nación estaba aún por consolidarse (Garner, 2003, pp.75-76). No obstante, la prioridad de Díaz era la “paz interna y para ello hizo uso de represión, coerción, intimidación” (Garner, 2003, p.76). Los principios de su política fueron la defensa del pragmatismo, el patronazgo a los individuos que lo apoyaron durante sus campañas militares -1850-, “el cumplimiento de las prácticas constitucionales, el mantenimiento de un delicado equilibrio entre la autoridad central y la estatal y otras prácticas autoritarias, como herramientas para mantener la paz” (Garner, 2003, p.77). El sistema político estuvo basado en una administración pragmática, más que en principios constitucionales. Díaz mostró compromiso y afiliación hacia los principios liberales de forma patriarcal: “la reforma electoral garantizaba una representación y una participación política mayor en el proceso electoral, (…) así como la protección de la soberanía y la autonomía locales” (Garner, 2003, p.77), a pesar de que violentó constantemente estos principios. El positivismo fue aplicado para remediar deficiencias y asegurar “orden y progreso”, así como una soberanía popular con un gobierno central fortalecido. La política porfiriana fue personalista, de control, persuasión, represión y censura hacia la prensa. Díaz adoptó dos estrategias para el ejército: la desmovilización de la Guardia nacional y la profesionalización del ejército. El objetivo del régimen fue, como en el caso del ejército, subordinar la iglesia a la autoridad de Díaz (Garner, 2003, pp.116 y 121). Por tanto, Díaz ordenó que las propiedades que estuviesen en manos de corporaciones debían ser entregadas a las autoridades municipales para ser repartidas en actividades educativas y caritativas. Díaz mantuvo una política de reconciliación exitosa con la iglesia, pero mantuvo conflictos debido a “la creación de un sistema educativo secular y la prohibición de la educación religiosa en las escuelas estatales” (Garner, 2003, pp.121 y 125).

El desarrollo de la política moderna del siglo XIX sirvió “para mostrar la pertenencia de la Revolución Mexicana a un momento histórico común a otros países” (Guerra, 2002, p.293). Pues ya se habían adoptado principios como “la soberanía, el régimen representativo, elecciones fundadas en el ciudadano, la separación de poderes, la igualdad civil, las libertades individuales” (Guerra, 2002, p.295). No obstante, el país aún no lograba dar cabida con los conflictos ideológicos entre las élites políticas, ni con un sistema político estable legítimamente fuerte. Por tanto, el principal problema del siglo XIX como mencioné anteriormente era la construcción de un Estado-Nación vinculado al ciudadano soberano -“el voto (…) no sirvió para expresar la opinión política” (Guerra, 2002, p.302)-, pues no se lograba organizar la estructura política territorial del país, debido a los conflictos constantes entre centralistas y federalistas. El Porfiriato buscó conservar los principios y las libertades individuales modernas para asegurar la cohesión social -así como ganarse la confianza de inversionistas extranjeros para que hubiera flujo de capital-, pero la aplicación de muchos de éstos se mantuvo suspendida. Las relaciones entre las autoridades y los actores políticos y sociales establecieron acuerdos mutuos: las primeras reconocieron la existencia y los derechos de los segundos, y éstos respondieron con lealtad hacia ellas. De ahí surge la fuerte legitimidad del régimen de Porfirio Díaz, que consiguió combinar principios modernos con estructuración real del poder fundada en vínculos y prácticas antiguas (Guerra, 2002, p.310). El Porfiriato tuvo muchos logros, estableció elementos del Estado moderno: códigos jurídicos, restauración de la Hacienda y administraciones públicas. Pero con ello desapareció la capacidad del régimen de integrar a la mayoría de los actores sociales importantes (Guerra, 2002, pp.311-312). Así, Madero tenía que resolver el problema que derrumbó al Porfiriato: el de la perpetuación del sistema imponiendo un régimen representativo por medio de elecciones verdaderas (Guerra, 2002, p.322).

Opinión personal: A través del análisis de las lecturas percibí que el fracaso del imperio se dio por la ausencia de un buen sistema administrativo y porque no centralizó las lealtades de sus ciudadanos hacia la nación; no fracasó por ser dirigido por individuos ignorantes que desconocieran el manejo del Estado mexicano. Pues, los imperialistas intentaron racionalizar el poder público con leyes intransigentes que aseguraran el orden y la protección de los derechos de los ciudadanos.

Unknown-10Porfirio Díaz se escudó en la pax porfiriana y la manipulación electoral constitucional para justificar sus sucesivas reelecciones. Sus proyectos económicos desenmascararon las debilidades intrínsecas del régimen, pues jamás dispuso de recursos para lograr las mejoras materiales modernizadoras que tanto fomentaba. Sin embargo, el grado de estabilidad política que logró la dictadura de Díaz no tuvo paralelos en la historia del México independiente. El problema residió cuando las clases comerciantes se inquietaron, pues así los mecanismos de compromiso del régimen de Díaz dejaron de funcionar al ser insuficientes los pactos sobre los que estaba fundado el equilibrio del sistema.

Ficha bibliográfica:

❖ Erika Pani, “Los imperialistas; su mundo ideológico”, en El imaginario político de los imperialistas, México, El Colegio de México – Instituto Mora, 2001, pp. 189-241.

❖ Erika Pani, “Los ‘intereses materiales’. Los proyectos económicos de los imperialistas”, en El imaginario político de los imperialistas, México, El Colegio de México – Instituto Mora, 2001, pp. 243-310.

❖ Paul Garner, “El liberalismo pragmático, 1876-1884” y “La consolidación del poder: liberalismo patriarcal, 1884-1911” en Porfirio Díaz. Del héroe al dictador, una biografía política, México, Editorial Planeta, 2003, pp. 75-137.

❖ François Xavier Guerra, “La revolución mexicana en una perspectiva secular: las mutaciones del liberalismo” en Leticia Reina y Elisa Servín (coord.), Crisis, reforma y revolución. México: historias de fin de siglo, México, Editorial Taurus, 2002, pp. 293-328.

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