¿Cómo esta constituido la formación del Estado Mexicano?

Por Melisa Lule Macías

Unknown-1México como estado libre y soberano pasó por un proceso lento y difícil. Los constituyentes llevaron a cabo una división de poderes en dos tensiones: la horizontal con el predominio del ejecutivo; y la vertical por la imposición de la federación sobre estados y municipios, ambas con el propósito de evitar la tiranía de un poder central. La horizontal provenía de teorías clásicas, mientras que la vertical, de una imitación del esquema federal estadounidense resultante de los intereses regionales de los grupos locales (Medina, 2004, p. 119). No obstante, el federalismo era un esquema de organización con escasa implantación teórica, y por ende, en la práctica política (Medina, 2004, p. 120). La aprobación de la Constitución de Cádiz trajo el reconocimiento de las regiones que darían forma al pacto federal y éste sería quien finalmente conduciría de la reforma de acceso a la propiedad privada al mercado nacional.

UnknownContenido: Sin duda, “la constitucionalización del regionalismo, la introducción del sufragio y la participación política (…) fueron el embrión de los estados federales” (Medina, 2004, p. 121). No obstante, el sistema federal de México fue una técnica para descentralizar poderes. Así, las actividades económicas entre las regiones unieron los estados federados mediante intereses mineros, comerciales y agrícolas (Medina, 2004, p. 122). Por su parte, la ciudadanía dio lugar a una sociedad política donde el reconocimiento de los vecinos se premiaba con propiedad, mérito e inscripción a milicias. Por tanto, se estableció un Estado unitario con diputaciones ejecutivas y dependientes del gobierno central. Aunado a esto, el Plan de Veracruz y el Acta de Casa Mata al convocar un nuevo congreso, otorgaron la constitución de una nueva federación. En consecuencia, México adoptó una república representativa, popular y federal, donde “las partes integrantes son estados libres, soberanos e independientes” (Medina, 2004, p. 141). La Constitución de 1824 estableció una soberanía nacional y estatal, con los poderes “activos” organizados, y la independencia del poder judicial. Tomando parte importante dentro del proceso de la definición de la soberanía, se empezó a dar la modernización en la insurrección agraria para romper con el dominio feudal que había en el campo (Miller, 1999, p. 127). Las haciendas del siglo XIX eran propiedades feudales como las de Europa; feudales “por sus métodos arcaicos, su manejo autosuficiente, su sistema coercitivo y su endeudamiento al peonaje”, por ello, la hacienda mexicana siempre se vio como una horrorosa imposición extranjera (Miller, 1999, p. 128). Pues, la producción capitalista que caracterizó al porfiriato fue muy eficiente, pero aún la tendencia feudal era muy fuerte y sobre ésta se continuó todavía trabajando en el agro mexicano a lo largo del siglo XIX. Así, los elementos clave para la transición que daría lugar a la llegada del capitalismo serían “un mercado libre de tierra y de fuerza de trabajo y la presencia de trabajo asalariado” (Miller, 1999, p. 132). La productividad de la tierra y del trabajo –reducción de impuestos- incrementó mediante la inversión de capital que conllevó a una mejor infraestructura, producción diversa en conjunto con la introducción de maquinaria y nuevos métodos agrícolas (Miller, 1999, p. 133). La recuperación en la zona de guerra fue tardía, sufrió muchos impactos la moneda circulante, las minas y las pérdidas humanas. Asimismo, el transporte era ineficaz, por tanto las ganancias hacendarías no eran muy buenas. Además, la producción de cultivo directo fue descuidada y se le empezó a dar mayor importancia al ingreso mediante el arrendamiento (Miller, 1999, p. 135). Para ese entonces, el dilema esencial al que se enfrentó la hacienda era el “cómo asegurar la mano de obra del campesinado sin incurrir en gastos en efectivo” (Miller, 1999, p. 148), y lo solucionó mediante la mano de obra endeudada y el ofrecimiento de tierras; así, el campesino la rentaría a bajo precio y la pagaría con sus servicios. Finalmente, en 1890, la economía de México estaba en expansión con demanda principalmente en el maíz, el trigo y el chile y la hacienda se había transformado para emplear fuerza de trabajo con relaciones productivas capitalistas (Miller, 1999, p. 165).

imagesAhora bien, la república naciente, independientemente de que fuese federalista o centralista no le bastaba con sólo dividir los poderes, sino en establecer las instituciones para que se equilibraran entre sí. El sistema que instituyó la Constitución de 1824 padecía deficiencias: la concurrencia de los poderes activos que dejaban fuera de cuadro al poder judicial y la acción de estos dos poderes activos se traducía en persecuciones contra ciudadanos inermes, carentes de garantías. Por ello, era necesaria la división de poderes acompañada de mecanismos que aseguraran su equilibrio y colaboración que evitaran una tiranía (Medina, 2004, pp. 78-79). Así fue como “los constituyentes de 1824 concibieron el poder judicial con una Suprema Corte de Justicia vía poder tutelar de las garantías civiles pero carecía de facultades para vigilar la constitucionalidad” (Medina, 2004, pp. 84y 104). La comisión diseñó el Supremo Poder Conservador que llevaría a la separación de poderes a través de su documento llamado las Siete Leyes. Mediante este organismo se improvisó un cuarto poder separado del ejecutivo, “teóricamente superior a los otros tres poderes, encargado de vigilar la constitucionalidad de sus actos e interpretar la voluntad general” (Medina, 2004, p. 98). Pero este poder sólo se mantuvo 5 años, pues tenía muchos enemigos federalistas.

No obstante, la organización de las finanzas públicas requería que la clase política y la opinión pública definieran “el nuevo papel que debía desarrollar el Estado a nivel económico” (Carmagnani, 1994, p. 25). Así, la ley de presupuestos fue “el instrumento del Estado federal para promover la reorganización económica del país” (Carmagnani, 1994, p. 25). Sin ella no hubiera habido organización de finanzas públicas. No obstante, los ingresos fiscales per cápita estaban muy por debajo de la deuda pública (Carmagnani, 1994, p. 28), ahí radicaba el problema fiscal de la Federación, pues la situación hacendaria financieramente era grave. Por su lado, la Secretaría de Fomento registró anualmente las finanzas federales, estatales y municipales y organizó los primeros censos de población de 1895, 1900 y 1910 (Carmagnani, 1994, p. 29) para aplicar impuestos a la población. Con el presupuesto, el Estado federal dejó de ser conocimiento de funcionarios (Carmagnani, 1994, p. 32) y empezó a ser de secularización pública. Por tanto, la clase política y la opinión pública podían valorar la política fiscal y de gasto federal del gobierno. La Constitución de 1824 garantizó los derechos económicos “a través de la libertad de trabajo, la prohibición de los monopolios y los derechos de propiedad al asignar al Poder Judicial la defensa de las garantías individuales” (Carmagnani, 1994, p. 33). Así, la libertad económica y los derechos de propiedad privada especificaron el mercado nacional en cuanto a los impuestos y tasas del Estado para fomentar la reproducción de la riqueza y garantizar los derechos al ciudadano (Carmagnani, 1994, p. 33). A partir de la libertad surgen los derechos económicos y el mercado nacional. Las compañías privadas por su parte, proveían de insumos, maquinaria y talleres de reparación que tenían un costo y tiempo de amortización que a los 70-80 años se convertía en ganancia y generaba tarifas a la población para la producción, de ahí se incrementó el comercio y surgió la libre competencia, pues ofertaban mejores tarifas porque obtenían mejores ganancias. La competencia económica se dio por la implementación de los derechos económicos – cuya expansión se debió a la ley de desamortización- y el presupuesto a nivel de ingresos, créditos y gastos públicos (Carmagnani, 1994, pp. 44-45). Así fue como efectivamente, había menor preocupación por la regulación monetaria debido a la estabilidad de la moneda acuñada en plata y mayor interés en cuanto a la reducción de la deuda pública (Carmagnani, 1994, p. 46). Sin más concluyo que el liberalismo y sus mecanismos permitieron la creación del espacio económico autónomo motivado a través del mercado nacional mediante la libre competencia anti-monopolios.

Opinión personal: A través del análisis de las lecturas percibí los hechos políticos federales y estatales que pusieron en práctica las habilidades políticas de los primeros liberales, como Lucas Alamán, para organizar al país, a pesar de la escasa aplicación política del federalismo que se tenía. Tras el Imperio, los grupos locales empezaron a actuar en el Estado liberal, buscando la defensa del territorio como elemento primordial. Así, el federalismo y centralismo republicano fueron las técnicas que se aplicaron en busca de unidad y protección. El federalismo mexicano respondió a un proceso largo y violento, pues fue culpado en un principio como el causante de la ingobernabilidad del país, por esta razón se tomó el centralismo, que no funcionaría y se retomaría el federalismo ya definitivo para establecer un gobierno federal y estatal a partir de las instituciones, la justicia y el mercado nacional. No obstante, fue mediante la insurrección agraria que se dio la transición a la producción capitalista para finalmente llegar a la modernización. Así, la hacienda se enfrentaría a la costosa mano de obra, por lo que la tecnología de maquinaria se vio necesaria para hacer llegar el agro moderno mexicano. De esta manera, se hizo a la hacienda productiva y capaz de acumular capital. Así fue como el proyecto del presupuesto resultó ser una programación financiera y de autenticidad para la soberanía. Con éste se redujo la deuda pública, se desarrolló la producción y las necesidades tecnológicas que el país reclamaba. Bien cierto fue que éste era un problema de crecimiento económico contra una crisis fiscal. Por consiguiente, fue necesario definir soberanía y garantías individuales para empezar a ejercer los derechos del contribuyente. Pero debo remarcar que sin la libertad no habría presupuesto porque se debilitaría el ejercicio de la opinión pública como lo dice la lectura. Así fue como a partir del regionalismo y las invasiones extranjeras, los liberales se plantearon la sólida formación del Estado mexicano; partieron de un proyecto muy claro y definido, que iba desde la organización institucional hasta la formación del mercado nacional, donde finalmente al desaparecer el corporativismo, surgiría la libre competencia anti-monopolios.

Ficha bibliográfica:

❖ Luis Medina Peña, “El Federalismo”, en Invención del sistema político mexicano. Forma de gobierno y gobernabilidad en México en el siglo XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 2004, pp. 119-170.

❖ Simon Miller, “<<Junkers>> mexicanos y haciendas capitalistas, 1810-1910”, en Margarita Menegus y Alejandro Tortolero (coords.) Agricultura mexicana: crecimiento e innovaciones, México, Instituto Mora – El Colegio de Michoacán – El Colegio de México – Instituto de Investigaciones Histórica-UNAM (Lecturas de Historia Económica Mexicana), 1999, pp.127-173.

❖ Luis Medina Peña, “El equilibrio de poderes”, en Invención del sistema político mexicano. Forma de gobierno y gobernabilidad en México en el siglo XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 2004, pp. 78-118.

❖ Marcello Carmagnani, “Riqueza nacional, derechos económicos y regulación estatal”, en Estado y mercado. La economía pública del liberalismo mexicano, 1850-1911, México, Fondo de Cultura Económica – El Colegio de México, 1994, pp. 25-56.

 

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