Una semana con Francisco Villa en Canutillo

18142-2-539x640.jpgRegino Hernández Llergo es tal vez uno de los más grandes periodistas mexicanos del siglo XX, nacido en 1874 y fallecido en 1976, él fue fundador y director de publicaciones de contenido político y social como participe en el impulso innovador que se dio al fotoperiodismo de nuestro país.

Cuentan rumores que Hernández Llergo fue salvado de un pelotón de fusilamiento y a partir de ese momento cambió su vida, llegando a las puertas de un periódico (El Universal) y de ahí empezar una carrera prodigiosa en donde fundaría varios diarios y revistas.

Lo cierto es que él nace en Cunduacan, Tabasco, empieza su carrera en el diario “El Universal”, posteriormente en “La Opinión”, un diario de Los Ángeles, California, diario del cual sería fundador y que llegó a ser considerado como un baluarte del periodismo mexicano en los Estados Unidos.

semana_3.jpgAños después fundaría la revista “Hoy”, una revista sin la cual no se podría hablar de la libertad de prensa y de medios que hoy puedan ser críticos esta revista fue la pionera. Esta revista la fundó con su primo José Pagés Llergo.

El día de hoy gracias al Fondo de Cultura Económica tenemos el gusto de hablar de la entrevista que consolidaría a Hernández Llergo como el periodista que hoy se le conoce y esta es la entrevista que se le hizo a Pancho Villa en la Hacienda de Canutillo y que sería publicada entre el 12 y 18 de junio de 1922

La entrevista nos deja conocer un Francisco Villa que no es el que ha hecho fama, muy cercano a la versión de Paco Ignacio Taibo y la de Friedrich Katz, la entrevista que por si sola es fabulosa pues es una que se hace sin tapujos, sin miedo, con honestidad y franqueza se vuelve fascinante. Uno de los mejores momentos para mí se da en la entrevista del 17 de junio de 1922 cuando Villa le dice:

“-Yo sé de todo, señor. Lo único que me falto fue cultura. Pero todas las noches, desde que estoy en canutillo, estudio unas cuantas horas. Allá, en mi sala, tengo mi biblioteca –y me miró, esperando verme sorprendido.”

Y Villa lo llevó a su biblioteca en donde dio cuenta que tenía “El tesoro de la Juventud” (libros que le gustaban sobre manera), “La divina comedia” de Dante Alighieri, algunos libros de inglés, Geografía y Pedagogía.

Villa con la mano en pistola dialogando con Regino Hernandez Llergo 1922 No1Hernández Llergo tuvo un huésped formidable, que independientemente de que en ese entonces no se encontraba en el mejor momento político habló con total honestidad de sus pretensiones políticas, de sus anhelos, de las personas que admiraba como era el caso de Felipe Ángeles. Honestamente el documento es invaluable para los que queremos conocer de primera mano a Francisco Villa, es leer de primera mano lo que el propio Villa pensaba, sin intermediarios, realmente una lectura que emociona, en partes conmueve y en otras sigue dejando ese halo de inspiración que genera la personalidad de Villa.

Agradecemos al Fondo de cultura Económica el que nos permitiera hablar de esta interesante obra.

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