Intimidad en riesgo

Por Octavio Fernández Espinosa.

La literatura de ciencia ficción es un excelente lienzo para la creación de mundos imaginarios, de futuros distópicos, pero también es un excelente medio de crítica ante el futuro que se ve distante, pero del cual tanto en el pasado como en el presente ya avistamos ciertas problemáticas.

Unknown-3Tal es el caso de la novela 1984 de George Orwell, una narración acerca de un futuro donde “El Gran Hermano”, controla la información, los medios de acceso a ella y mantiene un sistema de vigilancia eterna para cada uno de los habitantes de la ficticia urbe.

Cámaras y micrófonos en todos lados, en cuadros y esquinas, en pantallas y demás aparatos tecnológicos, con el fin de mantener a todos controlados, si bien esto fue en su momento una manera de crítica a los sistemas totalitaristas, también podemos encontrar ciertos paralelismos con una problemática que nos ocupa en este texto “La Intimidad en riesgo”.

En la citada novela, su personaje principal, debía realizar una gran cantidad de peripecias para escapar de la constante vigilancia de “El Gran Hermano”, refugiándose en rincones de su hogar, en una pequeña esfera de intimidad que parecía permitir el sistema.

Hoy en día, afortunadamente no contamos con un “Gran Hermano” en la plenitud de la expresión, pero si hallamos una problemática, los espacios de intimidad del ser humano presentan una tendencia a reducirse en extensión y alcance, están comenzando a desaparecer.

Pero antes de abordar las posibles causas, conviene dar una definición de lo que entendemos por intimidad, de acuerdo con el diccionario de la Real academia de la Lengua Española es la zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia.

Sin embargo en la perspectiva doctrinaria, esta definición parece ser insuficiente, para describir la complejidad del concepto intimidad y su relación irrompible con la privacidad, puesto que estos dos conceptos coexisten en una simbiosis donde no puede existir la una sin la otra, son causas y consecuencias recíprocas.

UnknownSi bien para fines prácticos, y tal como Fernando Savater en “Ética de Urgencia”, entenderemos por esta ocasión a la intimidad en un sentido amplio, agrupándola con la privacidad, conviene explicar brevemente cada uno de los componentes.

Podemos decir que la intimidad es la parte interna de la figura, toda vez que recae principalmente en el individuo para sí, en palabras de José Martínez Pisón “Es el

Repliegue del individuo sobre sí mismo, abandonando la privacidad intersubjetiva para recluirse en su interior, en un nuevo espacio intra subjetivo”.

Por su parte la privacidad sería un componente tanto externo como interno, de acuerdo con G. Duby lo podemos definir como “lo que poseemos de más precioso, lo que sólo le pertenece a uno mismo, lo que no concierne a los demás, lo que no cabe divulgar, ni mostrar, porque es algo demasiado diferente de las apariencias cuya salvaguarda pública exige el honor”, pero también en el aspecto de vida privada lo entendemos como “Aquello que no es del fuero público”.

Como se ha expuesto, la intimidad coexiste con la privacidad y amabas dependerán de la vida privada de la persona, por ello al estar en riesgo esta última, lo están tanto practica como conceptualmente la privacidad y la intimidad. Por otra parte, dejando de lado las precisiones conceptuales, encontramos el problema en la desaparición de las zonas de intimidad, pero ¿A qué nos referimos con ello?

Hoy en día con el avance de la tecnología, estamos cada vez más expuestos a medios que guardan o graban el desarrollo de nuestras acciones, sean cámaras, micrófonos, dispositivos inteligentes, aplicaciones entre muchos otros medios que se nutren de la información exterior, permitiéndonos no solo almacenarla, sino también compartirla y subirla a redes informáticas como el internet.

Podemos ver a nuestra familia y amigos, así como a desconocidos interactuar entre sí por medio de estas herramientas y en más de una ocasión, nos vemos inmersos en fotografías, grabaciones o demás, siendo en una gran cantidad de ocasiones con nuestro consentimiento o bien una aparición accidental.

O bien, el caso de la información vertida en internet, con el fin de lograr mejoras en la experiencia de nuestra navegación o como algunas compañías promocionan “Ofrecer una experiencia personalizada” con el único requisito de ceder una parte de nuestra información.

En estos dos últimos ejemplos podemos apreciar, que de manera tácita, en múltiples ocasiones cedemos o autorizamos un acceso a nuestra intimidad, permitimos que el mundo obtenga información respectiva a algo que en otros tiempos permanecía en la esfera de lo intocable para el fuero público.

Y día con día nos hemos vuelto más permisivos con las autorizaciones a terceros para poder acceder o ser partícipes de nuestra vida privada y con ello entramos a un proceso donde nuestra esfera de intimidad se reduce en su alcance.

Unknown-5Parece así un destino manifiesto la erosión de la intimidad en beneficio de la practicidad, la gran mayoría de las personas parecen no verse afectadas por ceder parte de su intimidad con el fin de obtener un beneficio, bien sea aprobación social o algún otro aliciente, pero hay en todo esto un elemento vital “El consentimiento”.

El aceptar la erosión de la intimidad, el tomar el riesgo de hacer público lo íntimo, debe ser explícitamente y manifiestamente acorde al deseo del ser humano en cuestión, manifestar nuestro consentimiento se ha vuelto así en una decisión vital pero, ¿Existen elementos que permitan llevar esto a la práctica en materia de intimidad y privacidad?

La realidad parece responder a esta cuestión con una serie de sombras que no permiten una respuesta clara a la interrogante, pues bien el marco jurídico se ha adaptado y en más de una legislación han aparecido normas que regulan el “Derecho a la privacidad”, pero la práctica nos demuestra una vez más que el derecho puede ser rebasado por la realidad y es así como nos encontramos con la necesidad de buscar límites a la intrusión no autorizada en la esfera de privacidad de las personas, o bien hacer una revisión a aquellos puntos donde puede haber un riesgo latente de intromisión, como el caso de la información de aspecto íntimo que puede llegar ser capitalizable por algunas empresas.

Pero mientras encontramos soluciones que permitan conservar ese pequeño refugio del ser humano que es la intimidad, debemos de ser cautelosos con nuestras acciones, especialmente con los medios tecnológicos y propiamente con el internet.

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