Robar por Hambre

Por Juan Manuel Zeferino Beltrán Cruz

Unknown-1En las primeras páginas de “Los Miserables”, de Víctor Hugo, se narra la tragedia a partir de la cual inicia el largo camino que habría de recorrer Jean Valjean, el protagonista de esta obra, en donde se enfrentara a una serie de percances, miserias y desventuras, hasta llegar a su redención: Al sentir el azote del frío y la pobreza, al no contar con ninguna oportunidad para conseguir unas cuantas monedas y ver con sus propios ojos a sus sobrinos muriéndose de hambre, correría desesperado a una panadería para romper el cristal y llevarse los panes necesarios que evitaran el fatal desenlace de aquellos pequeños.

Desgraciadamente las cosas no le salen según lo planeado, pues resulta atrapado y llevado ante los tribunales, en donde se le condena a pasar una gran parte de su vida en prisión. Jean Valjean experimentó en aquel momento el peso de una ley dura, de un sistema de aplicación de justicia mecánico. Al salir de prisión, nuestro malaventurado personaje se enfrenta con una sociedad que lo excluye continua y decididamente; es señalado por las personas de cada ciudad por la que transita, se le trata con frialdad, percibe el rechazo por todas partes debido a su calidad de ex convicto. Y él mismo ya no es quien era antes de pisar los calabozos; se ha convertido en un ser sin corazón, con un profundo resentimiento contra la vida y la sociedad misma: Un miserable a quien sólo le quedó el odio como último refugio.

Sin duda, Víctor Hugo en su novela se encarga de hacer una fuerte crítica a las leyes de su tiempo, así como a la manera mecánica en que las aplicaban los jueces. Mediante un poderoso clamor, este novelista romántico se quejó del sufrimiento por el que pasaban día tras día los miembros de aquellos sectores más desdichados de su tiempo, los pobres, los hambrientos, los desprotegidos, los huérfanos, las madres solteras, los ex convictos que no podían rehacer su vida. En fin, para englobarlos en una sola idea: Los miserables.

Cierto es que la obra del maestro francés va mucho más allá de lo antes planteado, y su excelente manera de unir en un solo texto los principales problemas de su sociedad junto con una historia vibrante, llena de emociones, hacen a este libro obligatorio para todos. Sus palabras tienen tanta fuerza hasta el día de hoy, que sin duda podríamos tomar la situación específica mencionada y trasladarla a nuestro contexto inmediato.

 

LUnknown-3a necesidad de robar por hambre (la propia o la que sufre alguien más y a quien se busca auxiliar) no es algo que cometiera únicamente Jean Valjean en esta apasionante obra literaria. Es un hecho que vemos se repite una y otra vez en cualquier lugar, en todos los países, desde hace mucho tiempo. El robo de famélico, frecuentísimo en la Edad Media, fue motivo de filosófica preocupación de teólogos y canonistas. Tomás de Aquino llegó a decir que el pobre es acreedor del rico. Más adelante, para justificarlo, Grocio se refirió a la vuelta a la comunidad de bienes. El propio éxito literario que provocó “Los miserables” en el siglo XIX hizo poner la atención de los penalistas sobre este especial tipo de robo1.

En la actualidad, la situación no ha cambiado. Personas que van a la cárcel por robarse un litro de leche, una manzana, una charola de carne o unas latas de atún, porque no tenían dinero y necesitaban comer. La historia de hombres y mujeres en nuestro país, que tienen que pagar condenas desproporcionadas en prisión, a veces por robar alimentos o artículos cuyos precios no rebasaban los cien pesos. En el año 2015 el periódico digital Sin Embargo, publicó un artículo donde daba a conocer la existencia de aproximadamente 7000 personas en prisión, que robaron por la necesidad de comer, siendo la mayoría mujeres2. Este artículo es apenas un botón que muestra la existencia de miles y miles de personas en nuestro país, que protagonizan el papel de Jean Valjean en la realidad, y que son arrojados a pudrirse en calabozos, de los que es muy probable que salgan corrompidos, con un profundo resentimiento hacia la sociedad.

Podemos decir, sin embargo, que tenemos el consuelo de contar con una legislación penal que, a diferencia de la que regía en la Francia de Víctor Hugo, ha contemplado esta forma tan peculiar de robo. A ello hay que sumarle por supuesto, los apuntes doctrinarios existentes hasta ahora, a cargo de numerosos juristas.

Unknown-4En efecto, ya desde 1931, cuando contábamos con el Código Penal para el Distrito y Territorios Federales en Materia de Fuero Común y para Toda la República en Materia de Fuero Federal, se mantenían dos disposiciones relevantes para poder objetar un robo por hambre. Por un lado, se contemplaba al artículo 15 Fracción IV, en donde se señalaba como excluyente de la responsabilidad penal “el miedo grave o el temor fundado e irresistible de un mal inminente y grave en la persona del contraventor o la necesidad de salvar su propia persona o sus bienes o la persona o bienes de otro, de un peligro real, grave e inminente, siempre que no exista otro medio grave y menos perjudicial”, es lo que conocemos como el estado de necesidad. En este mismo sentido, el artículo 379 del Código en mención, dentro del capítulo referente al robo, señalaba: “No se castigará al que, sin emplear engaño ni medios violentos, se apodera una sola vez de los objetos estrictamente indispensables para satisfacer sus necesidades personales o familiares del momento”. Leídos ambos artículos, podríamos comprender que el art. 15 Fracción IV contemplaba una circunstancia para excluir de responsabilidad al que cometiera cualquier delito, siempre y cuando contuviera los requisitos ahí mencionados; mientras que el art. 379 limitaba la no aplicación del castigo correspondiente, únicamente a la comisión del delito de robo, bajo los presupuestos ahí contemplados.

Hoy en día, contamos por un lado, con el Código Penal para el DF, y por el otro, existe el Código Penal Federal; en estos dos, podemos notar similitudes, pero también razonamientos distintos. En efecto, nuestro actual CPDF ya no contempla un art. 379, ni contiene en ningún otro, lo que en dicho artículo sostenía el Código antecesor. Conserva, sin embargo, la excluyente del “estado de necesidad”, ahora en el artículo 29, Fracción V, señalando que existe cuando “se obre por la necesidad de salvaguardar un bien jurídico propio o ajeno, de un peligro real, actual o inminente, no ocasionado dolosamente por el sujeto, lesionando otro bien de menor o igual valor que el salvaguardado, siempre que el peligro no sea evitable por otros medios y el agente no tuviere el deber jurídico de afrontarlo”. Por su parte, el Código Penal Federal contempla todavía tanto el estado de necesidad (en su artículo 15, fracción V), así como la no aplicación del castigo correspondiente al robo, cuando se cometiera bajo los mismos presupuestos que contemplara su antecesor, quedando entonces aquí también, la posibilidad de pensar en un expreso robo de famélico (art. 379).

Unknown-5De lo anteriormente dicho, surge la duda (y seguro para muchos, con bastante preocupación) acerca de si ya no es posible objetar un robo de famélico, ante la ahora inexistencia de un artículo que lo contemple (como lo era el art.379) en nuestro CPDF. Ante ello, sería necesario recordar al Lic. Javier Cruz Angulo, director de la Clínica de Interés Público del CIDE, cuando señalaba en un artículo de opinión publicado en El Universal, que no obstante aquello, “los principios del derecho penal permiten sortear las consecuencias de la criminalización que impusieron los cambios al Código, pues una persona que roba alimentos no debe ser castigada conforme a la excluyente del delito conocida como estado de necesidad. Así lo confirman las decisiones de los jueces federales que se han pronunciado respecto al robo de famélico y al estado de necesidad…”3 Lo anterior nos permite entender que alegar robo de famélico sigue siendo una opción jurídica viable, siempre y cuando se acredite conforme a los requisitos exigidos para que exista estado de necesidad. Se eliminó la situación específica del delito, pero aún es posible encuadrarla dentro de la general.

 

Más aún sobre el tema, el Dr. Raúl Carrancá y Trujillo en su libro “Derecho Penal Mexicano”, señala y se adhiere la opinión de autores como don Francisco Argüelles, cuando este último dijera que más allá de “robo de famélico”, habría de llamarse (a lo que ahora tenemos previsto en el art. 379 del Código Penal Federal) al “robo de indigente”, dada la amplitud de la fórmula legal recogida4, pues la disposición no se limita a robar alimentos para comer (la RAE define “famélico” como “hambriento, muy delgado, con aspecto de pasar hambre”)

En este orden de ideas, Carrancá y Trujillo emite un análisis de la ponderación de derechos aplicada al estado de necesidad como excluyente del delito, que para nuestros efectos, sin ningún problema sirve también para justificar la no aplicación de castigos ante robos famélicos (que como ya vimos, tienen una gran relación con el estado de necesidad). El autor en mención señalaba que cuando se trata de bienes que reconozcan desigual valoración, “debe prevalecer justamente el de más alta jerarquía jurídicovalorativa sobre el de menor jerarquía”. Complementaba su opinión con la del autor Berner, quien había afirmado que “cuando existe colisión entre derechos desiguales el Estado debe proteger el derecho superior; por tanto el que sacrifica un derecho inferior para salvar a otro de más importancia, no será castigado…”5 Lo anterior representa una explicación jurídico doctrinaria sobre las razones en las que descansa la no aplicación de un castigo para el robo de famélico.

 

Ahora bien si existen tales disposiciones en nuestras legislaciones tanto locales como federales, ¿por qué los hambrientos e indigentes siguen yendo a la cárcel? ¿Por qué la existencia de esas 7000 personas en prisión? ¿Qué ha impedido que nos salvemos de protagonizar una y otra vez la obra maestra de Víctor Hugo? Sugiero que la respuesta se encuentra en el problema de hacer efectiva la normativa penal.

images-1Es muy común que quienes roban por hambre terminen siendo encerrados y condenados a prisión por años. La explicación puede resultar un poco simple, pero lógica. Las personas que hurtan comida por no tener dinero para comprarla, menos tendrán dinero para contratar a una defensa adecuada (hay que precisar que en la práctica, es muy difícil acreditar todos los requisitos necesarios para encuadrar al hecho dentro del estado de necesidad; se necesita del trabajo de abogados especialistas y conocedores de la materia, quienes en muchos casos, pertenecen a despachos particulares, no son defensores de oficio), y mucho menos para pagar una fianza. A lo anterior habría que agregar también que los establecimientos afiliados a la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) son los que presentan más denuncias en contra de las personas por robar alimentos; en un artículo publicado por el periódico en línea Animal Político, se demuestra la implacable política de los súper mercados, “su tolerancia cero” ante cualquier robo, ya sean dos manzanas o una televisión, con una forma de actuar similar: retener a la persona una vez que pasa la zona de cajas, llamar a la policía para que lo ponga a disposición del Ministerio Público, y presentar un ticket con el monto de lo sustraído junto con una denuncia “y llegar hasta las últimas consecuencias”6.

Los párrafos anteriores nos orillan a emitir una reflexión final. Quienes se encuentran purgando penas en prisión por robar un pedazo de pan para comer, son la prueba fehaciente de cómo el Estado mexicano ha fallado en reiteradas ocasiones para garantizar la satisfacción de una de las necesidades básicas de todo ser humano: la alimentación. Demuestra la ineficacia del gobierno para combatir ese aterrador número de 55 millones de pobres que aumenta año tras año en nuestro país, sexenio tras sexenio. Representa el problema de meter a la cárcel a personas nobles, y que al salir de la misma se hayan corrompido, y establecido lazos con miembros de la delincuencia. Es la prueba fehaciente de la necesidad de cambiar la perspectiva que se ha ido llevando y redirigir un diseño de políticas públicas que ayuden a mejorar las condiciones de vida de la sociedad. Repensar la estructura y disposiciones de nuestras legislaciones penales y adecuarlas para evitar llenar las cárceles de miles de Jean Valjean, y así dar un paso más para la consolidación de un sistema de impartición de justicia verdadero.

 

1 Carranca y Trujillo, Raúl y Carranca y Rivas, Raúl. “Derecho Penal Mexicano”, pág. 578
2 “El robo por hambre en México encierra a 7 mil personas, la mayoría mujeres, en la cárcel ”, en http://www.s i nemba rgo.mx

3 Cruz Angulo, Javier. “Robar comida no es un delito”, en http://www.eluniversal.com.mx
4 Carranca y Trujillo, Raúl y Carranca y Rivas, Raúl. “Derecho Penal Mexicano”, pág. 579 5 Ibídem, pág. 572

6 “Ni perdón niconciliación:laimplacablepolíticadelossupermercadoscontraelrobohormiga”, en www.animalpolitico.com

 

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