LA DESGRACIA DE SER TRANSGÉNERO Y ESTAR EN LA CÁRCEL, UNA DOBLE CONDENA.

Por Cecilia Sandoval Rojas

Unknown5 de febrero de 2017, en la revista Proceso sale un artículo titulado “La desgracia de ser transgénero y estar en la cárcel” escrito por Diana Ávila, donde en breve nos narra un acontecimiento ocurrido en la madrugada del 12 de mayo de 2014 en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.

Dentro de una ola de violencia nos cuenta que aproximadamente a las 02:30 horas, surge un incendio en el dormitorio ocho del mismo lugar, en este dormitorio descansan personas de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual etc. al percatarse los agentes de seguridad, acuden al lugar para tratar de sofocar el incendio desalojando a las custodias mediante agresiones y palabras altisonantes, esto ocasiona el enojo de una de las mujeres quien decide encararlos a lo que los agentes, entre ellos Juan Manuel de Dios Romero, Javier Sánchez Martínez y David Rodríguez Reyes acompañados de otras personas, la someten con más agresividad. En defensa compañeras de la reclusa, acuden a su auxilio, lo que ocasiona un disturbio más grande y el aumento del enojo de los uniformados así como de número, una vez que estuvieron fuera del alcance de cualquier cámara que pudiera evidenciarlos, los agentes golpean a las reclusas, principalmente en pómulos, pechos, nalgas y piernas, con la intención de reventarles los implantes que tenían.

Debido al grave estado de salud en que las internas yacían, fueron llevadas a asistencia médica y tras una valoración se pudo dar veracidad del alto grado de violencia con que actuaron los agentes.

Unknown-2Para el día 14 sesiona el Consejo Técnico Interdisciplinario (CTI), con el propósito de deslindar responsabilidades, a lo que acudió un visitador de la CDHDF, por su parte y como era de esperarse, varios agentes dieron cuenta de que todo inicio por incitaciones por parte de los internos del dormitorio ocho, quienes solo actuaron por defensa propia y evitando más disturbios, por su parte las internas tenían más puntos de conexión y se podía ver la veracidad de los hechos en sus narraciones, sin embargo la CIT dio visto bueno para los agentes y las transgénico fueron castigadas con tres meses de aislamiento e incluso una de ellas fue reubicada en otro centro penitenciario.

Esta historia se queda corta con la realidad que viven las internas en los 12 centros de reclusión capitalinos, porque como dicen Yesica y América (mujeres transgenero), han pagado una condena toda su vida y ahora por injusticias, según ellas la están pagando doble.

La vida dentro del centro penitenciario, Azarel, Angie y Barbara, mencionan que el primer problema es la identidad, dicen que desde aduana son despojadas de ropa, accesorios e incluso de su cabello, como acuden a centros varoniles deben ser “varones”. Ellas dicen “nos quieren tratar como todos los internos, es cierto que cumplimos una condena, pero atentan contra nuestra integridad”, incluso en servicio médico sufren de agresión.

Algunas privilegiadas, de aquellas que aún cuentan con el apoyo de su familia, siguen con su tratamiento hormonal, contrario a otras que desde pequeñas son excluidas del núcleo familiar y estando adentro, quedan completamente aisladas.

Angie ya no cree en la justicia, lo único que espera del sistema penitenciario es que la traten como lo que es, dice: “un ser humano”, quiere respeto, humildad y educación.

Por otro lado Melanie, actualmente vive en Tepito, salió de prisión y nos cuenta que ingreso al reclusorio Norte, un lugar destinado a hombres y fue ahí porque era hombre, aunque ella no se sentía así. Los abusos están a la orden del día, y no solo por parte de sus compañeros sino también de autoridades, dice, “era el juguete nuevo de ahí y tenía la atención de todos, algunos curiosos, pero no todos”.

Estos son solo algunos de los casos de los que actualmente y aun siendo 2017, siguen sucediendo a la vista de todos, nadie dice nada y nadie hace nada.

Dentro de la Secretaria de Gobierno, específicamente en la Secretaría de Sistema Penitenciario de la Ciudad de México, dice Hazael Ruíz Ortega que en el año 2016, es un tema especial, son un grupo vulnerable y lo único que se hace es una capacitación para recibirlos. Lo que deberíamos cuestionarnos, es de quién es la responsabilidad, de autoridades dentro del centro penitenciario o de quien dicta la sentencia por mandarlos a ese lugar, Hazael espera que con la novedad de los Juicios Orales esta situación cambie.

Samanta Foseca, fue la única candidata transexual a la asamblea constituyente de la Ciudad de México, que tras una mala experiencia busca hacer un cambio. Ella amenazada por agentes, quienes le solicitan dinero para protegerla dentro del centro penitenciario, quienes la llaman prostituta, lo único que quieren, son favores sexuales, Samanta logra obtener protección de un interno a quien le dicen “mamá”, esto a cambio de favores sexuales, evadiendo a los agentes, asegura fue una buena decisión, ya que vio a una mujer negarse y nos cuenta que le metieron un palo de escoba.

La justificación es que se juzga no por como la vemos, sino como esta en sus papeles, importando poco la integridad y la realidad de su vida cuando ingrese al centro, en este sentido, la responsabilidad iría imputada al juzgador, que sobrepone un trámite a la integridad de la ya mujer.

Melanie en una segunda anécdota nos cuenta que aun estando fuera del centro, seguía recibiendo malos tratos por parte del mismo centro, esto porque conoció a un interno que actualmente es su esposo y cuando ella estando afuera iba a visitarlo, no podía ingresar vestida de mujer, le negaban el acceso, a menos que fuera con una imagen varonil, contrario a las mujeres de los demás reclusos, quienes podrían entrar como quisieran.

Unknown-1A pesar de que se han estado tomando cartas en el asunto, con lo que respecta a la comunidad LGBTTTI, siguen existiendo estos abusos, y no solo adentro de los centros penitenciarios, que fue el tema principal de este escrito, sino fuera de él, también hay discriminación, abusos e inferioridad por parte de la sociedad para estas personas.

Con esto y como punto final solo me basta mencionar la falta de sensibilización de funcionarios públicos y el desconocimiento del marco normativo relacionado con los derechos de la población LGBTTTI.

Una doble condena porque por un lado cumplen una sentencia y por el otro el sistema judicial a menudo viola los derechos humanos derivado esto de su condición de género, se ha avanzado mucho en estos temas y no dudo que así siga siendo, sin embargo falta mucho para que estas personas cuenten con derechos plenos, el deber del Estado es seguir trabajando para garantizar una reclusión digna, porque mientras esto no suceda, la vida dentro y fuera de las rejas seguirá atentando contra la integridad en este caso de estas MUJERES…

 

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