El problema de las palabras

Por Hiram Octavio Piña Torres

Unknown.png1. El presente ensayo, no pretende dar soluciones ni mucho menos explicar las razones de ser de los problemas que en él se abordan, simplemente se busca de manera enunciativa, mas no limitativa, señalar los que desde perspectiva del autor parecen ser los problemas que llevan a que la comunicación entre sujetos en muchas ocasiones sufra de distorsiones y que la interpretación del mensaje no sea aquella que el emisor busca que sea. Todo esto, sin ignorar que el lenguaje –y con ello, las palabras– se encuentra constantemente en transformación y responde a las necesidades de los que se comunican.

2. A lo largo de la vida siempre me he encontrado con un problema: las palabras (y el concepto que a ellas se adhiere), su significado y su uso en la debida medida y proporción. Desde mi perspectiva, éste problema se actualiza en tres principales circunstancias: (1) el uso incorrecto de las palabras respecto de su significado, (2) el uso excesivo de palabras con carácter meramente subjetivo y (3) la discrepancia en la interpretación de las mismas.

images-33. De las palabras, sabemos que son aquellos morfemas a los cuales les dotamos de significado para poder comunicarnos; éstas en su conjunto, a su vez forman enunciados, que se convierten en discursos cuyo objetivo es transmitir nuestras ideas y que a final de cuentas es el medio a través del cual logramos conversar. El problema surge cuando las palabras –esas unidades básicas de comunicación– se distorsionan, y producto de ello el mensaje transmitido no puede interpretarse con la intención con la que fue emitido.

4. Para ilustrar mejor el problema, puede ser importante recordar en éste momento someramente la Teoría de los Actos del Habla. Ésta, nos señala que los actos del habla se dividen en tres niveles: (1) el acto locutivo, es decir, la simple acción de hablar que se realiza al transmitir un mensaje; (2) el acto ilocutivo o ilocutorio, mediante el cual se hace referencia a la intención que el transmisor tuvo al emitir su mensaje; y (3) el acto perlocutivo, que se las consecuencias o efectos que trae consigo el mensaje transmitido sobre el receptor.

Unknown-35. Así, la primera cuestión a la que nos enfrentamos es el uso incorrecto de las palabras respecto de su significado. Bien decía Jorge Luis Borges que el barroco es una especie de

soberbia del escritor1, ésta frase, refleja lo que reiteradamente y de manera general, provoca el surgimiento del problema, es decir, la intención del escritor, comunicador o en términos generales el emisor, de buscar generar términos que doten de “seriedad” al mensaje que buscar transmitir, sobre todo, porque como el mismo Borges decía: el joven (o el inexperto) se sabe inferior ante la opinión de los demás en comparación con el que está plenamente formado o con el que tiene mayor experiencia que él.

6. Es entonces que al buscar crear un lenguaje demasiado rebuscado y con ello lejano de lo cotidiano, se cae en errores. Veamos un ejemplo bastante claro. La palabra “bizarro” es considerada por muchas personas como sinónimo de raro, extraño, de algo que no es común o excepcional; cuya razón de ser puede encontrarse en la cada vez más notoria anglonización (sic.) del lenguaje y que encuentra a su “semejante” en el adjetivo inglés bizzare, cuyo significado en efecto es raro, extraño peculiar, etc. Sin embargo, el diccionario2 en español, nos dice claramente que bizarro es sinónimo de valiente o arriesgado, generoso, lúcido o espléndido.

images-47. Entonces, vemos que la prescripción establecida, no se respeta; ya sea por la evolución del lenguaje o simplemente por el desconocimiento del verdadero significado surgen entonces problemas en la transmisión del mensaje que invariablemente llevarán a que no se obtengan los resultados previamente esperados, por el simple hecho de que no existió la misma interpretación del concepto, y con ello, de la parte sustantiva del discurso.

8. En cuanto al uso de palabras con alta carga subjetiva y su uso excesivo –segundo problema planteado– hemos de recordar que el problema es quizás intrínseco por la naturaleza de esos conceptos, ya que traen consigo juicios de valor que por definición no son homogéneos. Sin embargo, no es precisamente ese al conflicto al que nos referimos, sino a aquellos conceptos que medianamente han alcanzado un “piso mínimo” de homogeneidad, pero cuyo alcance puede ponerse en entredicho.

 

9. Ejemplo de lo anterior lo vemos reflejado con conceptos que buscan dar cargas positivas de valor a un enunciado, pero que, al ser utilizadas de manera reiterada, pierden valor, se deprecian, tanto para emisor como para el receptor. Veamos; una persona que dice a menudo la expresión “te amo” sin haber tenido un contexto en el que haya podido desarrollar el concepto, evidentemente no le da el mismo valor que aquella otra que la utiliza en contadas ocasiones derivado de que ha desarrollado un concepto más complejo que el de su contraparte y que lo diferencía de otras expresiones como “te quiero”, “te aprecio” o cualquier otra que pudiera parecer semejante.

10. Derivado del conflicto anteriormente descrito hemos de saber que el acto ilocutivo de ambos emisores fue totalmente distinto o al menos no con el mismo alcance, y es entonces cuando el acto perlocutivo, no atiende a las expectativas previamente generadas por el acto ilocutivo. Así, el problema se presentará si y sólo si se ve materializada la idea o concepto transmitidos, mientras tanto

11. Como hemos visto, el tercer supuesto que se presentó –la diferencia de interpretación de los conceptos– surge en parte a partir de los dos primeros problemas, toda vez que al no existir una homogeneización entre lo que se dice, lo que es y lo que se busca que sea, jamás se logrará –dejando espacio para lo fortuito– concordancia entre lo que se busca y lo que obtiene.

images-2.jpeg12. Finalmente hemos de decir, que éstos problemas no deben permanecer intrascendentes toda vez que deforman el lenguaje y limitan la comunicación de las personas y la transmisión de las ideas y el conocimiento, fundamentales para llegar a un modelo de sociedad plural y democrática, que desde la perspectiva nuestra debe ser el camino a seguir. ¿Soluciones? Quizá muy pocas. La más obvia y práctica: la lectura.

1 En la entrevista que Joaquín Soler Serrano realizó a Jorge Luis Borges para el programa “A fondo” (1976). https://www.youtube.com/watch?v=2gu9l_TqS8I
2 De la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (AALE).

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