La Íliada

Por GABRIELA RAMIREZ SANCHEZ

Unknown-14Quiero escribir de esto porque es de mis libros favoritos, o poema, y para refrescar la historia de esta narración. A demás espero abordarlo desde un punto diferente, a pesar de que este trabajo sí contiene un resumen de la historia.

La Ilíada no es la guerra de Troya. Eso es falso. La Ilíada es un poema profundamente humano. Es trágico y eso se plantea en el primer verso de la Ilíada:

“La cólera, canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,

maldita, que causó a los aqueos incontables dolores…” I, 1-2.[1]

Homero toma un periodo mínimo, aparentemente trivial de la guerra, que es precisamente la ira que sufre Aquiles en un momento determinado. Es decir, La Ilíada no cuenta la magnanimidad de unos que vencieron a otros, lo que cuenta es un trágico suceso que causó incontables sufrimientos a Aquiles por la pérdida de Patroclo, a Príamo y Hécuba por la pérdida de sus hijos por culpa de Paris, de todos los dioses que pierden a sus hijos mortales o que los perderán lo saben y no pueden hacer nada.

Ese es el punto de La Ilíada. No es la guerra de Troya. Ni siquiera existe el caballo de Troya. Ni siquiera cayó Troya en La Ilíada. Eso pertenece a otro ciclo de poemas. Aquí no se canta la gloria de los aqueos por sobre los troyanos. Aquí se canta el dolor, se canta el sufrimiento, se canta la fragilidad del hombre. Sobre el fondo de una guerra, obviamente, donde la guerra, en este caso, es el símbolo del sufrimiento más grave que puede sufrir el ser humano. Donde alcanzan su punto más alto los dolores y las tragedias. Y el también el lugar donde pueden alcanzar la grandeza y trascendencia  los hombres.

Se narra la cólera de Aquiles y sus funestas consecuencias. La acción se desarrolla, principalmente, en el campo de batalla y en el campamento aqueo. Sus personajes principales son guerreros que buscan, a través de las acciones bélicas, el honor y la fama. Aquiles es prisionero de sus propios ideales heroicos. Él debe cumplir con un destino heroico. Es decir, tiene que morir joven, para que sea glorificado de generación en generación. Porque él sabe, se lo augurio Tetis: si él se quedaba en Ftía tendría una vida larga, pero sería olvidado, en cambio si luchaba en Troya seria recordado por siempre.

Unknown-11Los dioses tiene un papel sumamente importante pues por ellos comenzó todo, en la disputa por la manzana de la discordia, la obtendría la diosa más hermosa, la cual sería elegida por uno de los mortales más hermosos, Paris. Las Diosas Era, Atenea y Afrodita ofrecieron regalos a Paris para que este eligiera a una de ellas, el regalo que más le gusto fue el de Afrodita que era tener como esposa a la mujer más hermosa del mundo, a Helena, pero Helena era esposa de Menelao hermano de Agamenón y rey de Esparta.

Sé que esto que describo no sucedió en la Ilíada pero es indispensable para entender los sucesos y para explicar un punto importante la relevancia de los actos de los dioses.

Alejandro rapta a Helena con ayuda de Afrodita, y provoca la expedición de los aqueos a Troya. Después de perderse los aqueos llegan a Troya y comienza la batalla.

Al comienzo de la Ilíada Agamenón se enoja con Aquiles porque éste cuestiona sus decisiones, y Agamenón arrebata a Briseida, parte del botín de Aquiles, él se enfurece y decide que ni él ni sus mirmidones pelearan con las huestes aqueas. Además llorando pide a su inmortal madre Tetis que le ruegue a Zeus que humille a Agamenón y a los aqueos por tal ultraje. Su madre logra convencer a Zeus pero el plan de Zeus demorara un poco, en parte porque así lo quiere, y aunado a ello, están los reclamos de Era que odia a los troyanos y desea su destrucción.

Los argivos y troyanos ya habían pactado una tregua, consistía en una batalla entre Paris y Menelao, quienes pelearían por Helena, en el combate Afrodita salva a Paris de su derrota contra Menelao. No obstante el pacto de paz seguía en pie, pero Atenea convenció a Pándaro de quebrantar la tregua y disparo un flechazo contra Agamenón.

En el primer día de combate narrado en la Ilíada los aqueos ganan gracias a Atenea y Era. Afrodita y Ares son heridos por Diomedes con el brío de Atenea. Para el segundo periodo se declara una tregua para que se recojan a los cadáveres y los aqueos levantan un muro -que durara hasta el final de Troya por deseo de los dioses-. En el segundo combate los troyanos ganan gracias a Zeus, Ares y Apolo. Ares en un principio dijo que defendería a los aqueos pero después se cambia al bando de los teucros, supongo por recelo contra atenea y los argivos por lastimarlo. Apolo siempre estuvo de lado de los troyanos.

Para el tercer combate los aqueos ya casi eran derrotados, son heridos muchos de los más bravos guerreros: Menelao, Odiseo, Diomedes e Idomeneo. Los troyanos pasaron la fosa cavada por los aqueos y comienzan a destruir la muralla, incluso comienzan a quemar una nave. Patroclo pide permiso a Aquiles para pelear al mando de los mirmidones, Aquiles tenía planeado pelear hasta que los troyanos llegaran a sus naves pero accede a la petición de Patroclo, incluso le presta su armadura para que los troyanos crean que Aquiles combatirá, se asusten y huyan. Por un momento los troyanos creen que Patroclo es Aquiles y comienzan a retroceder.

Unknown-10Patroclo contraataca y llega hasta las murallas de Troya sin embargo Apolo lo rechaza y advierte a Patroclo que no es su sino saquear Troya. Por parte de los troyanos Sarpedón hijo de Zeus muere a manos de Patroclo. Zeus sabe que es hora de que Patroclo muera y con trampas de Apolo, Euforbo hiere a Patroclo y Héctor lo mata finalmente. Comienza una batalla por las armas y cuerpo de Patroclo. Menelao y los dos Ayantes pelean por su cadáver. Antíloco hijo de Néstor es el encargado de informar a Aquiles de la muerte de Patroclo. Aquiles al enterarse se pone a la vista de todos y con los ánimos de Atenea da tres fuertes alaridos que hacen temer a los troyanos y permitir que los argivos se lleven el cadáver de Patroclo.

Aquiles depone su furia después de celebrados los juegos funerarios de Patroclo y de conseguir una nueva armadura. Pelea con los dánaos y hace retroceder a los troyanos a sus murallas, pero Héctor queda fuera y es perseguido por Aquiles, hasta que decide detenerse engañado por ánimo de Deífobo que en realidad era Atenea. Aquiles lo mata y se lleva el cadáver el cual será arrastrado todas las mañanas en nombre de Patroclo.

La parte final del poema trata acerca de cómo Príamo se inmiscuye con ayuda de Hermes en el campamento aqueo para suplicar a Aquiles le regrese el cadáver de su hijo para hacer los ritos funerarios, Aquiles accede y Príamo se lleva el cuerpo de su hijo, el cual había sido conservado por obra de Apolo así como el de Patroclo por obra de Tetis.

Ahora quisiera citar algunas de mis partes favoritas del poema. Que desde luego todas estas partes hacen referencia las tragedias de varios personajes que son descritas y expresadas de una forma sin igual.

La primera cita habla de cómo el valor de alguien es su condena, porque si fuera más cobarde tal vez viviría más. En este caso se habla de Héctor.

“…le hacen frente y disparan de sus manos espesa nube

de venablos; pero su glorioso corazón en ningún momento

se intimida ni amedrenta –su propia valentía lo mata-.

y se resuelve acá y acullá tanteando las filas de los hombres

y por donde acomete ceden las filas de los cazadores;

así iba Héctor entre la multitud…” XII 44-49[2]

Pero después vienen otros versos que nos dicen que aunque no se sea cobarde y no se muera en la lid con gallardía, eso no nos salva de la muerte, de alguna u otra forma moriremos. Esto lo explica Sarpedón a Glauco en los siguientes versos:

“…

¡Tierno amigo! ¡Ojalá por sobrevivir a esta guerra fuéramos

a hacernos para siempre incólumes a la vejez y a la muerte!

¡Tampoco yo entonces lucharía en primera fila

ni te enviaría a la lucha, que otorga gloria a los hombres!

Pero como, a pesar de todo, acechan las parcas de la muerte

innumerables, a las que el mortal no puede escapar ni eludir,

¡vayamos! A uno tributaremos honor o él nos lo tributará” XII 322-328[3]

Unknown-13Esto también es expuesto de alguna forma por Aquiles, aunque él cree que pasa así porque el hombre es injusto, porque pelear tiene una recompensa y son los botines pero si un hombre es despojado de estos entonces da lo mismo pelear o no pelear. Como le pasó a él con Briseida.

“La misma honra obtienen tanto el cobarde como el valeroso.

Igual muere el holgazán que el autor de numerosas hazañas.

Ninguna ventaja me reporta haber padecido dolores

En el ánimo exponiendo día a día la vida en el combate.” IX 319-322[4]

Dejando este tema otro que me conmueves es el sufrimiento que incluso los inmortales dioses han de sufrir por la muerte de sus hijos  mortales, tal es el caso de Zeus que hace llover sangre con la muerte de su hijo Sarpedón y está Ares que se echa a llorar cuando se entera de la muerte de su hijo Ascálafo muerto a manos del Priámida Deífobo. Afrodita salva a Eneas de Diomedes. Y por último está Tetis, ella es doblemente desgraciada porque debido a su vaticinio fue obligada a casarse con un mortal y tener un hijo mortal a quien no podrá salvar. Esto lo sabe Aquiles cuando después de la muerte de Patroclo sabiendo que se acerca su muerte dice a su madre para consolarla.

“¡Ojalá tú hubieras seguido allí entre las marinas inmortales

habitando, y peleo se hubiera con una esposa mortal.!

Mas sucedió así para que sufrieras penas infinitas en el alma

por el fallecimiento de tu hijo, a quien no volverás a dar

la bienvenida de regreso a casa, pues mi ánimo me manda a no

vivir ni continuar entre los hombres, a menos que Héctor

pierda antes la vida abatido bajo mi lanza

y pague haber convertido en rapiña a Patroclo Menecíada.” [5]XVIII 86-92

También otros inmortales que lloran por los inmortales son los caballos de Aquiles Janto y Balio.

“Los caballos del Eácida estaban lejos de la lucha,

llorando desde que se habían enterado de que su auriga[6]

había caído en el polvo a manos del homicida Héctor…

…ni querían regresar a las naves, al espacio Helesponto,

ni querían entrar en el combate en pos de los aqueos,

sino que como inmóvil permanece la estela que sobre la tumba

de un hombre fallecido o sobre la mujer se yergue,

así permanecían imperturbables con el carro, de bello contorno,

desde que fijaron las cabezas en el suelo. Lágrimas

cálidas que caían al suelo rodaban por sus párpados llorando

de añoranza por su auriga…”

Zeus al verlos así pensó compadecido:

“¡Infelices! ¿Por qué os entregamos al soberano Peleo,

un mortal, siendo los dos incólumes a la vejes ya la muerte?

¿Acaso para padecer dolores entre las desgracias los hombres?

Pues nada hay sin duda más mísero que el hombre

de todo cuanto camina y respira sobre la tierra.” [7]XVII 426-446

Otro momento muy desalentador es cuando Héctor se da cuenta de que fue engañado por Palas Atenea que había tomado la forma de Deífobo para incitarlo a pelear contra Aquiles prometiendo ayudarlo. Así lo hizo Atenea porque ya le había llegado la hora a Héctor.

“ Llamó a Deífobo, el del blanco broquel, con recia voz

y le pidió una larga lanza: pero ya no estaba cerca.

Héctor comprendió en su corazón y exclamó:

“¡Ay! Sin duda los dioses ya me llaman a la muerte.

Estaba seguro de que el héroe Deífobo se hallaba a mi lado;

pero él está en la muralla, y Atenea me ha engañado.

Ahora sí que tengo próxima la muerte cruel; ni está ya lejos

ni es eludible: Eso es lo que hace tiempo fue del agrado

de Zeus y del flechador hijo de Zeus…”[8] XXII 294-302

Y por ultimo quiero citar las palabras que dice Aquiles sobre Patroclo después de matar a Héctor.

“Pero ¿por qué mi ánimo me ha suscitado este debate?

Yace junto a las naves sin llanto y sin entierro el cuerpo

de Patroclo. de él no he de olvidarme mientras yo

esté entre los vivos y mis rodillas puedan moverse.

Incluso si en la morada de Hades uno se olvida de los muertos,

También allí yo tendré en la memoria a mi querido compañero.”[9] XXII 385-389

[1] Homero, La Ilíada, Editorial Gredos, Madrid, 2010, p.29

[2] Ibídem. Pp. 264,265.

[3] Ibídem. Pp. 264,265.

[4] Ibíd. p. 203

[5] Ibíd. p. 401

[6] Patroclo

[7] Ibíd. pp. 387,388.

[8] Ibíd. pp. 479,480

[9] Ibíd. p. 482

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