LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA DE LA LEY COMO ACTIVIDAD DIANOÉTICA COMENTARIO EN LOS TÉRMINOS DE LETICIA GIANFORMAGGIO

Por Ángel Cervantes Rentería

images-8Parece ser que la tesis que la autora sostiene es la siguiente: que, no por haber inferido los caracteres del término “interpretación” en un sentido particular, se podría afirmar o negar que esos mismos caracteres –o incluso caracteres correlativos—estén presentes en el mismo término tomado en otro sentido. Durante el texto veremos que esto tiene que ver con el contexto, pues es el que influye en la interpretación que se suscite y que no hay una sola interpretación verdadera debido a los diferentes sentidos que puede tomar el término “interpretación”. Sin embargo, la autora del texto va a enfocarse en los caracteres que tiene la interpretación jurídica de la ley como actividad dianoética.

En la distinción que hace la autora referente a la interpretación y el significado, parece que están los posibles sentidos que se le pueden dar al término “interpretación”, cuya principal distinción será la de la interpretación-actividad: el acto mismo de interpretar; y la interpretación-producto: el resultado de interpretar. Podríamos (nosotros) decir que la segunda es la culminación del primer proceso, dando una interpretación bien definida y delimitada.

Las distintas maneras en que se pueden interpretar las leyes dan evidencia de que no hay un significado único y que son muchos los factores que intervienen. Un ejemplo es el jurista: argumenta cuando interpreta y hace distinciones, pero los argumentos que hace a favor de su opción interpretativa son retóricos, no lógicos; son persuasivos y no incuestionables. Esto aplica para cualquier operador jurídico.

El ejemplo que nos muestra queda resumido en que no hay una buena razón para decir que debido a que la interpretación-actividad noética o la interpretación-acto lingüístico tienen ciertos caracteres, la interpretación-actividad dianoética tenga o no ciertos caracteres. Puede estar hablando tanto de caracteres idénticos, distintos o relacionados entre sí, es algo que no especifica. Lo que parece quedar claro es que los caracteres de cualquier sentido de “interpretación” no implican los caracteres de otro sentido de “interpretación”.

Otro argumento importante que se nos da es la relación de signo/significado no tiene carácter argumentativo. No podemos inferir nada de los caracteres propios de esta relación. Sin embargo, pueden haber argumentaciones interpretativas. Esto debido a que el empleo de la lógica presupone que ya se ha atribuido un significado. Lo que sí se puede inferir según la autora, es que las argumentaciones interpretativas son diferentes a la manera en que llegamos a un significado a través de un signo. Si negamos un carácter de la relación signo/significado, no por ello podemos negar ese mismo carácter de la argumentación interpretativa, pues esta tiene la cualidad de ser retórica. La conclusión de una argumentación interpretativa no es un significado, no tiene garantía de ser la correcta ni tampoco es la única posible porque sus conclusiones son enunciados interpretados “S significa S’”. Se puede ver de esta forma “En la ley está escrito S, por lo tanto, el Derecho prescibe S’”. Esto último es problemático porque muchas veces hay más de una conclusión, como acabamos de ver, así que un argumento interpretativo no es necesario o válido porque lo que hace es expresar un significado atribuido dentro de un contexto; según la autora, se requiere explicitar una razón, regla de inferencia o un argumento-premisa para sopesar si es válido o no y qué tan persuasivo es.

images-7Recordando que al inicio del texto se nos dice que por “ley” se entenderá las normas generales del Derecho expresadas en forma escrita, es decir, las normas en relación con las cuales preexiste a la interpretación de un texto, mismo que el intérprete no está autorizado a modificar. Esto último es problemático, porque también debemos considerar como otro factor que modifica la interpretación el que pueden presentarse normas no escritas y que, como nos dice la autora, la validez jurídica de la conclusión interpretativa depende únicamente de la autoridad (competencia) del órgano que es su autor, que la dicta, así que en última instancia, se justifica la retórica sobre la argumentación lógica, pues el empleo de la lógica presupone que ya se concluyó el atribuir un significado, haber interpretado.

Con el ejemplo que da al final la autora, parece indicar que, primero, en cuanto a la lógica, no puede un argumento contradecir una premisa que haya mencionado con anterioridad porque sería inválido. Lo segundo, que aunque haya argumentos a favor y en contra que versen sobre objetos distintos, la interpretación y la intención del legislador o su apelación a estas, puede que se conviertan en los factores para poder determinar cuál argumento se escoge como el correcto. Y no siempre se tendrán razones suficientes para escoger entre alguno de los argumentos

                                                                                                                  Puntos opinión:

La autora expresa tanto en su forma de llevar a cabo la ponencia como de forma verbal directa que su interés es positivista (dice tener inclinaciones científicas), pero le da más peso a la retórica que a la lógica.

Un argumento sólo es inválido cuando las premisas son verdaderas y la conclusión falsa. Por lo tanto la autora no justifica su racionamiento.

Dice que es “Interpretación del Derecho en la ley”, pero la ley la toma como la escrita y al final lo que dice o prescribe el derecho tiene más que ver con la retórica.

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