Etiología del error

Por  Sara Luna Vázquez

IntroducciónUnknown-14

Concebir al error desde un punto de vista filosófico y conocer sus causas resulta complejo a partir de los variables que se emplean para comprenderlo como tal.

Todas las personas en un punto de su vida si no es que en muchas ocasiones ha estado en el error, algunos lo aceptan y tratan de enmendar el cometido si está en sus posibilidades, otros terminan por aceptar que se incurrió en el error pero sólo se acepta en el interno sin dar paso a la humildad para poder disculparse si dentro del error que se comete hay terceras personas afectadas.

Carlos llano en su libro “etiología del error” explica las causas de éste tomando como base a Santo Tomás de Aquino y a Aristóteles para darnos un panorama de lo que es el error y de lo que interviene para que se lleve a cabo.

Se expondrán solamente “las falacias motivadoras de algunos de los errores de la razón práctica” ubicados en capítulo primero del libro arriba mencionado.

Etiología del error

Unknown-12Para comenzar es pertinente resaltar que Carlos Llano citando a Heidegger nos hace mención de algo importante y de esta forma procede a decirnos que, el hombre a diferencia de otras especies es creativo, logrando así la creación, entendida como una aptitud para que el hombre se haga realmente lo que es, teniendo como proyecto al ser propio y personal.

Lo que cabe destacar es que el hombre al ser creativo también cumple aunque no lo quiera, con la práctica de su creatividad, llevándolo en ocasiones a trampas o falacias motivadoras de algunos de los errores de la razón práctica.[1]

Se enuncian a continuación las falacias motivadoras de la razón práctica:

El ancla

El ancla reside en la tendencia natural del hombre a aferrarse a la primera información recibida respecto de un determinado asunto. Inconscientemente, esta información primera hace el oficio de ancla que lo sujeta a ella, y a la que se remite, como a su origen, para compararla o contrastarla con informaciones posteriores.[2]

Siendo esta la primera de las falacias por mencionar y tomando en cuenta el juicio que haca Carlos Llano de ella, es lógico decir que “el ancla” puede ser comprobada en la sociedad como algo que sucede casi de manera mecánica, partiendo de lo que eso significa y de lo arriesgado que puede ser, pues, dentro de la inconsciencia con la que se toma una noticia recibida está la poca posibilidad de creer en el cambio de opinión respecto a lo primero que ya se sabe, lo que causa cierta incertidumbre por saber la verdad de algo si después se reciben nuevas notas de la información primeramente obtenida, esto es más palpable en los medios de comunicación en donde muchas personas lo ven y se atan de una sólo versión sin detenerse a dudar, en este punto quizá sea pertinente estar atento para que con el fin de no ser sorprendido por una noticia se ponga atención del lugar o de la persona de donde proviene.

El “status quo” o atenerse a lo existente

El status quo, o atenerse a lo existente contribuye a la atrofia de las capacidades de decidir. Para lograr escaparse de ella, se debe distinguir clara y sinceramente entre estas dos diversas preposiciones: decidir que no vamos a cambiar ante esta nueva coyuntura y no decidir si vamos cambiar ante esta nueva coyuntura.[3]

En realidad todas las falacias aquí mencionadas representan un peligro pues en todas hay implícito un error, en este caso el status quo tiene dos razones de ser, por un lado puede llevar al error si vemos que todo lo que pasa a nuestro alrededor va a provocar algo que nos va a afectar y aun así nos resignamos a que suceda, lo grave aquí es que decidimos que el curso de las cosas siga con una advertencia de un peligro obvio y la otra es que aun estado ante el peligro hacemos caso omiso, ignorando una vez más lo que es obvio. En el status quo se acepta que habrá un error y se decide que así sea, por otro lado notamos que nos acercamos al error pero aunque sea obvio no tomamos partida de lo que va a suceder, obteniendo así dos respuestas: 1 negativa ante el error de tal forma que se aceptado y 2 notando lo que pasa pero teniendo un comportamiento neutro.

Los costos subterráneos

Hay acciones en las que nos hemos equivocado, pero en las que es duro reconocerlo. El reconocimiento social de nuestros errores conlleva a la incomodidad de sacar a la luz los costos subterráneos consecuentes de estos errores.[4]

La aceptación de la que nos habla Carlos Llano es algo que es inherente al hombre, lo que es cierto en gran medida es que a algunas personas les cuesta menos trabajo aceptar que se equivocaron que a otras, dicha aceptación va ligada al orgullo que cada individuo pueda manifestar tomando en cuenta que el orgullo es otro de los males que lleva al error a las personas.

La reafirmación de la evidencia

Unknown-13La reafirmación de la evidencia es, buscar hechos que confirmen los puntos de vista tenidos con anterioridad, en lugar de que llegado el caso, reconozcamos que en tales perspectivas hubo elementos no considerados.[5]

La idea tomada de Llano demuestra que en las personas se manifiesta un poco criterio de las cosas, que esto nos lleva en ocasiones a mostrar una intolerancia excesiva por las ideas que expresan las gente, la reafirmación de la evidencia desde mi perspectiva nos lleva a alejarnos de todo aquello que no va con nosotros, conduciéndonos al aislamiento de todo idea y posible complemento que nos lleve a la verdad sobre algo que nosotros podemos tener como equívoco.

La presentación contextual del problema

Los problemas se nos suelen proponer de modo tal que nos inclinan ya, si es que no nos empujan, hacia una determinada solución, impidiendo ver un abanico heterogéneo de diversas y aún adversas soluciones.[6]

La observación de posibles soluciones ayuda en gran medida a desarrollar nuestra capacidad de resolver de la mejor manera algo que se nos presenta, algo que puede funcionar es el detenimiento con el que buscamos una solución procurando siempre la que mejor beneficie, tomar una decisión precipitada sobre la primera idea que se nos venga a la cabeza sin contemplar los factores de riesgo al tomar esa solución nos indicen al error y dejando un costo de oportunidad elevado si no demoramos de manera consciente al tomar una decisión, al tardar no se busca perder el tiempo sino resolver de la mejor manera.

La predicción

Hammond menciona como trampa el dar predicciones imprevisibles. No se puede predecir sin prever antes la meta a la que debe llegarse. Predecir se limita al hecho de prever lo que acontecerá, y actuar en consecuencia, poder cambiar, porque no está en mis manos, el acontecimiento previsto.[7]

Pienso que la predicción es el incierto si no se tiene conocimiento de lo que se busca, se deben de contar con la idea de lo que se quiere saber u obtener para contemplar las posibles consecuencias de lo que se está observando y de esa manera recurrir a la predicción de algo que ya se ha estudiado, aunque también nos lleva al error es algo más papable cuando se sabe qué es lo que se desea encontrar, aun así el margen de error el alto porque hay factores externos que pueden intervenir para que nuestra predicción por obvia que se muestre al final nos lleve a lo equivocado.

Las enumeradas trampas sirven al individuo para conducirse de una mejor forma en el transcurso de su vida, influyen otros factores como la humildad para aceptar que se está en el error, en realidad no basta con reconocerlo sino de buscar una mejor forma de enmendar lo que se encuentra hecho, encuentro al comportamiento del individuo en compañía de la moral para encaminarse por la rectitud observando en primera instancia todas las posibles trampas a las que se acerca cuando no las tiene contempladas y su actuar es inconsciente.

Es sin duda que con la observación de las trampas para hacernos caer en el error podrías evitarlo, sirve a todo individuo pero sin duda en el ejercicio de la abogacía es algo de lo que los abogados no se pueden desprender pues estas notas no se aplican sólo a su vida sino que las debe observar de manera constante ya que al actuar defendiendo a una persona está cuidando su libertad y demás derechos, no estamos eximidos el error, sólo debemos ser más cautelosos para evitarlo.

[1] Llano Carlos, “Etiología del error”, Ed. EUNSA, España 2004. P.12

[2] Ibídem p. 12

[3] Ibídem p.12

[4] Ibídem p.13

[5] Ibídem p.13

[6] Ibídem pp. 14-15

[7] Ibídem p.15

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