“EL JURISTA Y EL SIMULADOR DEL DERECHO”

Por Karla Alejandra Torres Gutiérrez

INTRODUCCION.

Unknown-3En este libro que el Dr. Ignacio Burgo Orihuela dedica a los estudiantes de derecho, busca hacer un énfasis sobre la importancia de la ciencia jurídica, así como el papel que juegan todos aquellos que dedican su vida al derecho como profesión, diferenciándolos de aquellos a quienes llama “simuladores”, gente no estudiada y docta en las artes jurídicas, meros charlatanes que únicamente aparentan saber del derecho cuando la realidad es que son en toda la extensión de la palabra, unos ignorantes.

El autor invita al lector a hacer un análisis de todos aquellos abogados que conoce, comenzando por los profesores en la universidad para poder catalogarlos como verdaderos juristas o meros simuladores mediocres, siendo esta una práctica que encamina al estudiante a distinguir a dichos charlatanes más adelante en su vida profesional, donde los podrá encontrar en todos los campos del ejercicio jurídico; más aún, esta costumbre inquisitiva y reflexiva, debe servir, o así lo espera Burgoa, para alimentar en los lectores un hambre intelectual que nos lleve a estudiar más, a interesarnos más por nuestra profesión y a buscar convertirnos en verdaderos juristas dignos de este título y reconocimiento.

De esta manera, y en forma relativamente breve, el doctor nos describe de manera clara y concisa, cada aspecto que él considera relevante en el derecho como ciencia en general y a su vez, la descripción clara y precisa de lo que debe ser un verdadero jurista así como de las características que delatan a un charlatán, a ese mediocre que Burgoa llama “el simulador del derecho”.

CAPITULO PRIMERO.

El derecho, para Burgoa, es un orden artificial y necesario para que la sociedad pueda desarrollarse y desenvolverse pacífica y efectivamente, por ello es que en todo grupo social que existe y ha existido, se ha tenido un orden jurídico de alguna clase, asi también lo expresa el latinajo “UBI HOMINES SOCIETAS, UBI SOCIETAS IUS” (donde hay sociedad de hombres, hay derecho).

Este derecho, afirma, es cambiante de acuerdo con el tiempo y el lugar, puede variar mucho según la sociedad a la que pretende regir, aquella que le da vida y lo modifica según sus necesidades, y tan necesario para mantener el orden, que en muchas ocasiones debe invocarse y respetarse incluso resultando injusto para el caso particular, esta idea de un positivismo ideológico que nos presenta Burgoa, es un claro reflejo de la época en que le toco vivir, una época en que no pudo ser más cierta la expresión “dura lex, set lex”, así lo vimos en toda la primera mitad del siglo 20, donde a raíz de las leyes de la Alemania Nazi, surge el estudio y desarrollo de nuevas teorías en el campo del derecho que ya no justifican aquel positivismo rígido del que alguna vez hablara el ya superado García Máynez, quien consideraba la ley como obligatoria al cumplir ciertos requisitos de creación sin importar el aspecto substancial de esta como elemento que imprima validez a su existencia.

Es así como podemos corroborar que el derecho efectivamente es una creación mutante, reflejo de la sociedad a la que se aplica, podemos ver como se ha transformado de acuerdo a las necesidades y experiencias sociales que le van dando forma, no siendo su estructura sino su expresión, en la que el jurista encuentra aquellos cánones generales que la sociedad ha tenido a bien tutelar por considerarlos primordiales, y es esto lo que aquel debe comprender, al derecho como esencia y no a las leyes como meros mandamientos, pues la ley cambia con rapidez, pero la esencia de la sociedad resulta en un ente de vida mucho más prolongada.

CAPITULO SEGUNDO.

El autor nos describe al jurista, a un caballero de armadura reluciente cuya labor es imperativa y de gran trascendencia para la sociedad al ser quien lleva a la vida de manera efectiva al derecho como herramienta para el correcto funcionamiento de la sociedad, aquel que lo moldea y lo construye con gran cuidado basándose en un profundo análisis de la situación que guarda aquella sociedad a la que debe amar y cuidar, aquella que debe asegurarse de que cumpla con lo prescrito.

Para realizar esta tarea adecuadamente, nos dice Burgoa que el jurista, como abogado, debe ser libre, no estar atado a intereses que lo lleven a tomar partido o a inclinar su balanza en favor más que de la verdad, la justicia, pero en especial y más que nada, del orden social, lo cual es imposible alcanzar si se está al servicio subordinado de cualquiera, particulares, empresas o incluso dependencias públicas, quien así lo está, no puede ser un abogado sin importar sus excelentes calidades.

De igual manera, el verdadero abogado no puede ser un cobarde o débil de espíritu, aquel falto de valor civil y coraje, jamás será un representante de lo que el verdadero “hommo iuridicus” es, pues de nada servirá todo el conocimiento jurídico que una persona sea capaz de adquirir, si no tiene el valor y el coraje de alzar la voz y defender los principios en contra de cualquiera que busque su menoscabo, incluso el propio gobernante.

Así, el jurista debe ser un hombre honesto, en contraposición a corrupto, la corrupción hecha a perder, daña y pudre a cualquier persona al dar o recibir dadivas a cambio de favores, esto, dice el autor, los evidencia como mediocres que jamás podrán ser juristas.

CAPITULO TERCERO.

Unknown-4La cultura jurídica como ciencia y arte, significa un saber y un actuar, por ello el jurista, científico y artista, tiene para si un inmenso campo de actuación donde colaborar y contribuir al perfeccionamiento y realización del elemento teleológico de tan noble y complicada materia, a saber, el derecho.

Al ser el derecho un regulador de la vida social en general, el jurista como su profesante, debe ser una persona con una gran cultura general, pues solo teniendo una clara idea de la generalidad o elementos principales que componen a las muy diversas ramas del saber humano, puede el jurista pretender siquiera un intento por regularlos y es así como nuevamente nos deja saber el autor que la sabiduría del derecho no se constriñe al conocimiento de las leyes, pues son estas meramente el reflejo o expresión normativa de aquel, sino que un verdadero jurista entiende el saber general de la humanidad y a la sociedad como grupo e individuos, y así puede plasmar sus necesidades en normas, tratándose de una labor legislativa o coadyuvar a la verdadera impartición de justicia en el caso de jueces y abogados.

Así es que el derecho se vincula estrechamente con la historia, la filosofía, la sociología y demás disciplinas que buscan el estudio del conocimiento y del comportamiento social.

Burgoa nos dice que el derecho es un arte, y citando al jurisconsulto “Celso” nos recuerda que el derecho es el arte de lo que es bueno y lo que es justo, sin embargo hace una separación del arte con respecto a la técnica, lo cual considero que no puede ser separado, pues para crear arte se requiere forzosamente la técnica a implementar y la concreción del derecho llevado a la vida material no puede ser la excepción pues se requiere de una técnica pulida y perfeccionada que nos ayude a conseguir esa finalidad, técnica que puede referirse a la retórica de que hace uso el jurisconsulto para convencer de sus ideas, o de la técnica legislativa con que se conjugan y plasman los postulados que serán en última instancia la expresión normativa de ese derecho.

CAPITULO CUARTO.

El jurisconsulto como “sabio” o “prudente” del derecho, lo enuncia como calidades sine qua non para la existencia del verdadero jurista en cualquiera de las actividades del derecho que este ejerza, ya que abogado, juez o legislador, el docto del derecho debe ser eso, una persona que conozca profundamente la ciencia y arte del derecho, no significando esto que deba ser un especialista en todas y cada una de las muy diversas ramas que el derecho comprende, lo cual sería una pretensión irreal dada la extensión de las mismas, pero si debe ser una persona que adquiera estos conocimientos en base a un estudio constante, perpetuo, actualizado e incansable que le permita estar al día con la situación naturalmente cambiante que esta profesión conlleva, por ello al igual que “Couture” en sus mandamientos, nos insta muy acertadamente a nunca dejar de lado ese aspecto cuya falta nos lleva a ser cada día menos abogados, y dice, nos dejan como simples personas corrientes con títulos académicos que poco valen ya desprovistos de aquel conocimiento que presuponen.

Son estos títulos sin profesionista, que impulsados por la búsqueda de poder político o monetario abandonaron el constante estudio, los que ante la necesidad superveniente de conocimiento, acuden a otros abogados en búsqueda del mismo que ellos no tienen y se vuelven así nada más que un simulador más del derecho que posteriormente presenta como suya la opinión obtenida sin realmente poder explicarla o adentrarse más allá por ser un conocimiento sin bases.

Por ello es de suma importancia esa constante y perpetua voluntad de conocer el derecho, el tener la verdadera vocación y hambre de conocimiento libre de apatías e indiferencias que lo impulse diariamente a actualizarse, solo asi puede formarse el que con legitimidad pueda ser llamado jurista.

El abogado que asesora o defiende una causa debe ser un amante de su profesión, pues resulta inconcebible que se pretenda ejercer de tal manera sin contar con un gran conocimiento, ello sería un absoluto mediocre e irresponsable.

CAPITULO QUINTO.

images-1El simulador del derecho para Ignacio Burgoa es aquel sujeto desprovisto de los conocimientos necesarios para la efectiva realización del derecho, el cual, sin embargo, se ostenta como todo un jurista en plenitud y finge ser y saber lo que no es ni sabe.

Aquel mediocre corrupto que a falta de conocimientos se vale de artimañas extrajurídicas para conseguir sus fines, un ser tan reprochable que intenta esconder sus múltiples defectos y vicios con un manto de mentiras, engaños e impresiones artificiales, producto de su falta de inteligencia o falta de vocación por el estudio, pero que en uno u otro caso le traen el mismo resultado.

Estas características tan reprochables lo llevan a mostrarse como un hombre de gran valía ante quienes no lo conocen, y a mostrarse hostil ante quienes conocen sus limitaciones culturales e intelectuales, pues carga con un terrible complejo de inferioridad que disfraza de egolatría.

Es un hombre sin ideales ni metas claras que transforma el arte del derecho en un mero instrumento para hacer dinero y obtener prestigio personal sin que sea de su mínima importancia la consecución de los verdaderos elementos teleológicos que el derecho conlleva, a este farsante solo le interesa dar una imagen y citando Burgoa a José Ingenieros dice: “el hombre es. La sombra parece.” Pues se sirve de personas con mayor valía que el para seguir aparentando, utiliza a la gente, mientras le traigan beneficios los seguirá exprimiendo, ya sea utilizándolos a modo de libro de consulta, ya sacándoles provecho pecuniario, pues es todo lo que le interesa, un fin individualista en extremo que desdeña el bien común, la justicia y la bondad.

A pesar de contar con títulos académicos, incluso doctorados, la falta de amor y vocación al derecho pueden llevar a una persona a proyectarse fuera del campo de aplicación de este, ello no lo convierte necesariamente en un simulador, más bien podría tratarse de un “no jurista”, diferenciándose del simulador, en que este último si busca ostentarse como un docto del derecho sin serlo y en ello radica su calidad de “simulador” o “defraudador”.

Al desempeñarse como “abogado” echa mano de toda clase de recursos extrajurídicos que le ayuden a obtener favores y soluciones, ya sea halagando a la gente en los juzgados o incluso llegando a fomentar la corrupción al no saber obtener con base en sus conocimientos lo que quiere. Basa su éxito profesional, el éxito de sus actuaciones, en las amistades y favores que pueda pedir, mas no en sus conocimientos y habilidades verdaderamente jurídicas.

Por otro lado, aquel que simula ser un profesor de derecho, si ejerce como tal dando clases, sin embargo su falta de talento, vocación y diligencia, lo llevan a conformarse con ostentar aquí y allá el hecho de tener catedra sin molestarse en actualizar diariamente sus ya escasos conocimientos, los cuales se limitan a generalidades que eventualmente incluso estas quedan superadas por las transformaciones constantes de cada materia. Se protege en la ignorante credulidad de sus alumnos, ante quienes jamás reconoce un error ni permite la discusión jurídica por sentirse atemorizado ante su propia falta de conocimientos.

Por otra parte el juez que simula ser jurista es en mayor grado parecido al simulador profesor de derecho, este funcionario se conforma con firmar y aprobar aquellos proyectos que sus secretarios le redactan, sin tomarse la molestia de analizarlos por no contar con los elementos intelectuales que le permitan una actividad fructífera, por ello basa su éxito y desempeño en el de sus allegados, quienes corren con la carga del trabajo que este último debiera realizar, por lo que ante cualquier reclamo o problema se muestra intransigente y arrogante, un déspota que jamás está dispuesto a discutir un tema por falta de elementos con los cuales abordarlo y el constante temor de verse expuesto y perder así la consideración publica e incluso el puesto que sin talento ya ha conseguido.

CONCLUSIONES.

Unknown-5La lectura de este libro deja sumamente claras varias ideas y puntos importantes.

Primero.- aquel carente de verdadera vocación y amor por el derecho jamás podrá llegar a ser un verdadero jurista, hace falta mucha vocación para realizar los sacrificios que el constante estudio y verdadera preparación requieren.

Segundo.- debe uno como estudiante ser siempre critico de toda opinión e información adquirida sin importar quien la esgrima, pues solo así puede crearse un verdadero criterio y diferenciar al simulador del verdadero jurista.

Tercero.- Es imperativo realizar un estudio profundo del derecho, mucho más allá de lo que se nos imparte en un salón de clases, pues es un hábito que deberemos conservar por siempre, mientras que el acudir a clases es una obligación que apenas dura unos pocos años.

Cuarto.- debemos mantenernos siempre firmes en la búsqueda de la justicia y el respeto al estado de derecho, nunca fomentar la corrupción y siempre señalar las arbitrariedades y fallas que se den, pues la pasividad es uno de los peores enemigos de la justicia, como dijera alguna vez Edmund Burke “para que el mal triunfe, basta que los hombre buenos no hagan nada”.

Quinto.- el derecho es mucho más que las leyes, no basta conocerlas y saber aplicarlas, es necesario entender la historia y necesidades detrás de ella que llevaron a su redacción, pues conocer la historia es conocer a la sociedad a la que se le busca aplicar el derecho como medio de orden y bienestar.

Sexto.- es de gran importancia además del estudio del derecho, el estudio del conocimiento en general, el hambre de saber, un jurista no puede ser tal si no tiene una gran cultura general, la cual es indispensable en nuestra profesión más que en cualquier otra, pues somos nosotros quienes ordenamos y regulamos todos los campos del actuar humano.

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