Max Weber. Esbozo Bibliográfico

 

Por Robles Flores Diana Samanta.

images-1Max Weber nace en 1864, en un típico hogar de la burguesía ilustrada berlinesa. Su padre, hijo de un comerciante textil, ha prosperado en los años del gran progreso alemán, a partir de 1850, y siente una gran admiración por el canciller Bismarck. Participa activamente de la política, habiendo sido concejal, diputado de la dieta prusiana 1, y diputado nacional por el partido nacional liberal. Max Weber compartió las reuniones políticas de su padre, y las alternó con las visitas de otros ilustres académicos, como Dilthey, Mommsen y Treitschke, quienes estimularon su formación intelectual. Su madre ejerció una influencia existencial. Heredera de una fuerte energía espiritual y sentido de la responsabilidad, inculcó de manera abrumadora tal conducta en su hijo mayor. Es su ascetismo religioso, de orientación calvinista, el que marcará la personalidad de su hijo.

Weber obtiene su doctorado en Derecho en el año 1889 y dos años después fue habilitado como docente en la Universidad de Berlín. En 1894 opta por una cátedra de economía en la Universidad de Friburgo y dos años después ocupa la cátedra vacante en la Universidad de Heidelberg dejada por el economista Knies. Su lección inaugural en Friburgo nos muestra un Weber comprometido con su realidad nacional a través de las ideas del liberalismo progresista y el nacionalismo; descalificando a los 1unkers2 como obstáculos para la aparición de una burguesía independiente del Estado y la democratización política de la sociedad alemana.

En el año 1897, por una importante dolencia se retirará de la enseñanza universitaria. Durante casi veinte años, a pesar de este alejamiento, se dedicará a la investigación científico social. Etapa completamente prolífica, donde se orienta a un estudio histórico-comparativo de las distintas religiones y sociedades. Dentro de este período, a principios de siglo, realiza un viaje a Estados Unidos, que le permite tomar contacto con el capitalismo pujante y puritano de la costa Este norteamericana, afirmando hipótesis previas y elaborando nuevas ideas que será concretadas a su regreso a Alemania en su célebre texto La ética protestante y el espíritu del capitalismo. 3 Dentro de su amplia obra nos encontramos con estudios sobre epistemología de las ciencias sociales en los que fundamenta un modo de producir conocimiento social que se aparta del positivismo metodológico que domina desde mediados de siglo XIX. Algunos conceptos claves de la metodología de Weber, como la distinción entre “juicios de valor” y “juicios de hecho”; le permitirán responder el problema de la objetividad en las ciencias sociales desde otras bases.

imagesDurante la primera Guerra Mundial propugno la negociación de la paz. Después de la guerra, formo parte de la comisión que preparo el memorándum sobre la culpabilidad de la guerra presentado a la conferencia de la Paz de París, y de la comisión que redacto la Constitución de Weimar. Puede decirse que su vida se repartió por igual entre una ciencia y una política de elevado nivel.

Gran numero de los escritos de Weber no pertenecen al campo de la sociología; de los escritos sociológicos, la mayor parte tratan problemas concretos, no cuestiones de teoría general. Pero Weber tenía una mentalidad altamente analítica, y aún cuando tratase problemas no orientados primordialmente hacia la teoría, hizo a esta última aportación importante.

Al morir, dejo sin terminar s obra más importante en el campo de la teoría sociológica, un tratado monumental sobre Economía y sociedad. Fue laboriosa tarea preparar para la publicación en 1922 los diferentes fragmentos de la obra que ya habían pasado de la etapa preliminar. Por el mismo tiempo fueron recogidos y publicados en la forma de “Colección de trabajos” sus colaboraciones en diversas revistas y otros escritos. De estas colecciones, tres volúmenes tratan de sociología y religión, uno de historia social y económica, otro de sociología de los conocimientos. Esta enumeración indica el campo excepcionalmente amplio de los intereses científicos de Weber.

Clima intelectual

Weber diagnosticó nuestra época como la del desencanto del mundo, la irracionalidad ética, y el fin de las ilusiones sobre un sentido superior de la existencia. Al mismo tiempo, a través de su obra se percibe una profunda añoranza por ese “sentido”, una lucha incansable por hallar, más alá del manto de tinieblas que envolvía sus circunstancias vitales, un significado trascendente y una sólida roca de valores morales en los que sujetar al individuo libre y éticamente autónomo. No podemos desentrañar adecuadamente la naturaleza e intensidad de los dilemas que acosaban a Weber, sin tener presentes los rasgos esenciales del contexto ideológico de la Alemania Guillermina, de esos años que antecedieron la Primera Guerra Mundial y que estuvieron marcados por la gravitación del irracionalismo de raigambre nietzscheana, por la desazón ante una civilización deshumanizante, la búsqueda —en palabras de Spranger— de un “renacimiento desde lo más íntimo” y del “impulso a la totalidad”, tendencias que desembocaban en “una añoranza religiosa…un tantear de nuevo las fuentes metafísicas, que brotan eternamente, para abandonar la situación artificial y mecánica”.

La singularidad de Weber, el aspecto que distinguió su personalidad y aporte de los de buen número de sus contemporáneos en el ambiente intelectual de la época, se encontraba en su rechazo a sucumbir al irracionalismo y sus dificultades para admitir que todo estaba permitido en el plano moral; ello a pesar de su aceptación de la realidad Unknown-3.jpegdel desencanto y de la ausencia de sistemas normativos imperativos. El propio Lukács, quien le critica severamente en su rabioso alegato contra la trayectoria del irracionalismo desde Schelling hasta Hitler, declaró que Weber fue, “en cuanto a sus intenciones conscientes, un adversario del irracionalismo”, juicio que ratificó Mommsen al afirmar que Weber era “inmune a los dogmas fascistas del anti-modernismo”. Weber argumentó con gran fuerza y rigor intelectual que la marcha incontenible de la civilización técnica, del conocimiento científico y la racionalidad instrumental, todos ellos factores generadores del desencanto del mundo, nos dejaría paulatinamente sin valores y sin “dioses”. También sostuvo que la aspiración humana a acceder a certidumbres morales constituye un impulso fundamental del que no resulta fácil desprenderse, y que retorna una y otra vez a imponer sus demandas aún en medio de las más duras circunstancias. De allí sus certeras premoniciones sobre la maduración de las semillas del irracionalismo en el terreno baldío creado por la racionalización modernizadora.

Si bien Weber desplegó un notable esfuerzo para no sucumbir a las fuerzas del irracionalismo, que asolaban el horizonte intelectual de su sociedad y de la época histórica que le tocó vivir, no dejó de compartir algunas de sus principales corrientes intelectuales, entre las que se destacan, en primer término, el pesimismo filosófico de raigambre nietzscheano-nihilista; en segundo lugar, el énfasis sobre el poder y el conflicto como componentes básicos de la política y rasgos inherentes de la existencia social; por último, el decisionismo individualista como sustrato de la eticidad. Su convicción acerca de la imposibilidad de sustentar científica o racionalmente un juicio moral,11 se unía a su visión de un universo desolado de valores imperativos, ya que “los distintos sistemas de valores existentes libran entre sí una batalla sin solución posible”, no podemos “unificar los distintos puntos de vista que, en último término, pueden tenerse sobre la vida”, y en consecuencia es imposible resolver la lucha entre ellos, viéndonos en “la necesidad de optar por uno u otro”.12 Es exactamente en este sentido que puede hablarse de la visión moderna del mundo como “weberiana”; se trata de una visión moralmente “emotivista” de acuerdo a la cual todos los juicios de valor, y en particular los juicios morales, no son sino la expresión de preferencias, actitudes y sentimientos colocados más allá de los esquemas de evaluación racional con los cuales definimos, en el ámbito lógico y de la ciencia empírica, lo que es verdadero o falso. Esta situación de desolación ética, en la que Weber se sentía hondamente inmerso, no sólo le producía una gran angustia personal sino que también llevaba su trabajo científico a un punto final de resignación, o, dicho de otra manera, de silencio acerca de los asuntos morales fundamentales.

Diferencias entre Ciencias Naturales y Ciencias del Espíritu

En relación con el mundo material, se decía que las ciencias naturales pueden y deben formular “leyes de la naturaleza”, enunciados de uniformidades invariables. Aunque la ciencia puede adquirir conocimientos sobre el estado y procesos de la mente humana “interpretándolos” desde adentro, no puede percibir uniformidades en el mundo del “espíritu” y debe limitarse a la descripción y valoración exactas de acontecimientos y sus secuencias en sus manifestaciones únicas y no recurrentes. Weber compartía la creencia de que las ciencias sociales y las ciencias naturales son completamente diferentes. En las ciencias naturales, el interés humano es un interés de dominio: quien conoce las uniformidades puede disponer de las fuerzas de la naturaleza, por el contrario en las ciencias sociales el interés se dirige a la valoración. El concepto mismo de cultura es un concepto de valor.

Era bien conocida la variabilidad de los sistemas de valores en el tiempo y el espacio. Puesto que los procesos culturales contantemente se están formando y reformando, la materia de las ciencias sociales está sujeta a cambios; en consecuencia no hay que pensar en una ciencia sistemática y generalizadora de la cultura. La ciencia social tiene que ser una ciencia empírica de la realidad concreta.

Aunque poseyó una de las mentalidades teóricas más brillantes de la sociología, rara vez se permitió hacer amplias afirmaciones generalizadoras que trascienden los sistemas de culturas concretas.

La comprensión causal y el proceso histórico

Unknown-4.jpegLa interpretación de una secuencia de acontecimientos es causalmente adecuada si observaciones minuciosas conducen a la generalización de que es probable quela secuencia ocurra siempre de la misma manera. Para los fenómenos que no pueden ser estadísticamente descritos e interpretados, queda la posibilidad de comparar el mayor número posible de procesos históricos o contemporáneos análogos y que difieran solo respecto del factor cuyo papel se está investigando.

Weber quiso extender esa concomitancia a la relación causal aplicando el método del acuerdo. El capitalismo moderno o maduro, dice a base de laboriosos estudio histórico, nació no simplemente por una necesidad económica interna, sino como si fuera impulsado por otra fuerte naciente: la ética religiosa del protestantismo. La palabra espíritu significa aquí un sistema de máximas de conducta humana.

El capitalismo maduro no se basa en el simple impulso adquisitivo. Es una actividad racional en la que tienen gran importancia el orden, la disciplina y la jerarquía dentro de la

Comprensión en el plano de la significación.

Una interpretación causar correcta de la acción típica significa que el proceso que se dice ser típico es adecuadamente captado en el plano de la significación y al mismo tiempo de la interpretación es en cierto grado causalmente adecuada. Si a falta la adecuación respecto a la significación,, entonces, por alto que sea el grado de uniformidad y por exactamente que pueda ser numéricamente determinadas su probabilidad… es todavía una probabilidad estadística incomprensible…

Por otra parte la explicación as adecuada desde el punto de vista de la significación no tiene sentido causal si no hay prueba de la probabilidad del acto en cuestión; en el mejor caso sigue siendo un hipótesis plausible.

La explicación sociología satisfactoria deber ser a la vez subjetivamente significativa y factualmente probable. Pero se ha demostrado que no siempre se dispone de explicaciones causales, ni de explicaciones significativas. Esta última situación, que se presenta con frecuencia, fue bien conocida por Weber, quiere reconoce que gran parte de la conducta social se distingue por la semiinconsciencia inarticulada del actor y hasta por la ignorancia de sus sentido subjetivo..

Weber no considera sociales las acciones análogas de diferentes personas expuestas al mismo estilo ni la conducta consistente en meras imitaciones pero no excluye de la sociología esos modos de conducta. Procesos y uniformidades en la conducta humana que no son comprensibles y que por lo tanto no son materia inmediata de la sociología, no deben ser a causa de eso descuidados del estudio de la vida social

El tipo ideal o puro.

images-2.jpegEs una ideal o puro es una construcción mental. Está formado por la exageración o acentuación de uno o más rasgos o aspectos observables en la realidad. El tipo así construido puede llamarse ideal porque existe como una idea. Según Weber, rara vez, o quizás nunca pueden encontrarse en la vida misma fenómenos que correspondan exactamente al tipo mentalmente construido. Pero el tipo también puede ser llamado puro en el mismo sentido en que un químico designa así un elemento después de haberlo desembarazado de los materiales con que esta combinado en el estado natural que precede el análisis. Un tipo idea lo puro difiere de un promedio estadístico, el cual sin duda alguna, es un instrumento esencial para el análisis social, como hemos visto, aunque para fines diferentes

El tipo ideal no es una hipótesis es un instrumento para el análisis de acontecimientos o situaciones históricos concretos. Dicho análisis requiere conceptos que estén precisos e inequívocamente definidos, normas que puedan encontrarse con los tipos ideales. Un tipo ideal es un concepto límite con el que se comparan las situaciones de la vida o las acciones en el proceso de investigación.[1]

[1] Nicholas S Timachev. “La teoría sociológica”. Ed. Fondo de Cultura Económica.

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