OTRO 19-S

Por Valeria Cutipa Hernández

Unknown-2.jpegEs un martes que no olvidaremos nunca, nos dimos cuenta de que la mayoría de nosotros no sabíamos qué hacer cuando tiembla, sí, sabemos que hay que evitar los elevadores, no prender cigarros, tener conversaciones breves con nuestros seres queridos, avisarles que estamos bien, preguntar cómo están y finalizar la llamada, ir a las zonas de seguridad. Pero ese día, todo se nos olvidó, se nos olvidó dónde estaban las zonas de seguridad, olvidamos que todos se iban a intentar comunicar al mismo tiempo, olvidamos que las puertas se traban, que si ya está temblando es mejor ponerte en un área segura, que no todo lo que dicen es cierto, que no hay que regresar a los edificios cuando aún no es seguro, que hay que alejarse de ventanas, de paredes, que no hay que usar el auto si no es necesario, todo esto lo olvidamos, lo único que queríamos era salir corriendo de donde estábamos.

Yo me encontraba en Ciudad Universitaria, muchas veces he escuchado “si se siente aquí, es que la ciudad está destruida”, nunca pensé que fuera real. Nunca pensé que saliendo de CU los postes sobre Avenida Universidad iban a estar caídos, nunca creí que las personas iban a caminar muchas horas para poder llegar a sus casas, nunca imagine que edificios por los que paso diario iban a derrumbarse.

Esa noche los mensajes que decían centro de acopio en…, se solicitan voluntarios en… no dejaban de llegar y los “jóvenes que no hacen otra cosa más que estar en el celular” salieron, fueron a cargar piedras, fueron a separar ropa, fueron a preparar comida, sabían que si no se movían, la ayuda iba a tardar mucho tiempo en llegar, pero no lo hicieron solos, todas las personas cooperaron, las filas de los supermercados eran enormes, la gente llevaba lo que había quedado en su casa, todos nos unimos, no nos importó la raza, ni la religión, ni la preferencia sexual, ni la clase social, sólo éramos personas ayudando a personas, muchos de los que “no levantan un plato en su casa”, levantaron piedras ese día, muchos de los que no comen por flojera de prepararse algo, ese día prepararon kilos de comida, ese día todos hicimos algo que nunca habíamos hecho, no sólo los jóvenes, todos los mexicanos.

Se escribieron muchos artículos de que los millennials estaban reconstruyendo México, que ya habían tomado la ciudad, que por favor no la soltaran, que no sabían cómo es que se podían coordinar en tan poco tiempo, no entendían cómo es que en unos minutos maduraron, ese día nos cambió a todos, algunos decidieron quedarse en casa, donde estaban seguros, otros decidieron salir a ayudar, unos ayudaban desde casa.

Los centros de acopio estaban llenos, los albergues estaban llenos, la ayuda ya había llegado a donde se necesitaba, pero se nos olvidó que en otros estados también la necesitaban, nos olvidamos de las zonas alejadas del centro de la ciudad que estaban destruidas, toda esa ayuda empezó a llegar muy tarde o hasta el día siguiente.

A todos se nos paraba el corazón cuando un rescatista alzaba la mano y cerraba el puño, a todos se nos partía el corazón al escuchar “hay un cuerpo sin vida” y se nos aceleraba al escuchar “hay alguien vivo aquí”, cada persona que salía de los escombros, viva o muerta, la sentíamos parte de nuestra familia, no puedo imaginar lo que sentían los familiares que estaban esperando a su familiar y no lo podían encontrar, pasó un día, dos, tres, cuatro, cinco, al sexto día ya no había tanta esperanza, ya sólo querían el cuerpo. Las palabras “ya no hay nadie aquí” traían cierto alivio.

Vimos cosas que nunca creímos ver, sentimos cosas que no habíamos sentido, descubrimos el aguante de nuestro cuerpo, descubrimos que el cuerpo humano soporta muchos días sin dormir bien, muchas horas sin comer, que no se hace más débil bajo la lluvia, que puede cargar más peso del que creíamos, que realmente siempre hay alguien que necesita más que nosotros, nuestro instinto de proteger a los más pequeños fue más fuerte que nunca, en todos las personas adultas veíamos a nuestros abuelitos y los queríamos cuidar y proteger.

Unknown-3.jpegLas redes sociales fueron muy útiles, ya que era la forma más rápida de comunicarnos entre nosotros, en pedir ayuda, en ofrecer ayuda. Esas semanas personas desconocidas se hicieron amigos, esas semanas dejamos de pensar en nuestro bienestar y nos preocupamos por el bienestar de otro, dejamos de ser egoístas, dejamos de criticar al gobierno, supimos el verdadero significado del himno nacional, supimos lo que es amar a tu país.

Una semana después, los jóvenes debíamos volver a la escuela, no sabíamos si seguir ayudando porque la gente lo necesitaba en ese momento o ir a estudiar para construir un México mejor. Muchos dividieron su tiempo estudiando y ayudando.

Han pasado tres semanas, ahora nos damos cuenta del verdadero problema, hay muchas personas sin casa, hay muchas personas que ya no pueden seguir viviendo en sus casas, hay muchos niños sin padres, hay muchas familias incompletas, hay personas cobrando ayuda cuando no la necesitan, hay personas viviendo afuera de sus edificios porque les da miedo que les roben lo que tienen, ahora no están llenos los centros de acopio, ahora no hay filas enormes en los supermercados, ahora hemos dejado de lado a todas las personas que aún necesitan ayuda, ahora nos preocupamos por nuestro bienestar y no por el de otros, hemos olvidado que México no se va a reconstruir en una semana, en dos, va a necesitar muchas semanas, meses, años y no se va a reconstruir solo, aún nos necesita.

Unknown.jpegTal vez a muchas personas ya se les olvidó que hay miles de personas afectadas, o están conscientes, pero volvimos a lo que éramos antes, a ser personas que primero ven por su bienestar y luego por el del otro, nos podemos dar cuenta con nuestros vecinos, esa semana todos eran amables con todos, se ofrecían a comprarte comida si lo necesitabas, a prestarte luz, agua o gas, sabías que podías contar con ellos, ahora sólo nos saludamos y tenemos platicas muy cortas. No sé qué necesitamos para realmente despertar y ver, que unidos las cosas mejoran.

 

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