Además de que las quesadillas no tienen queso, ¿tiembla?

Por Sheina Gaviota Serritos Tovar

Como el profe nos da la libertad de escribir sobre el tema que queramos yo les compartiré mi 19 de septiembre de 2017, pero primero comenzaré por introducirme, ya saben, para que me conozcan mejor ya que seré el personaje principal en esta historia.

Actualmente curso el noveno semestre de la licenciatura de Derecho en la UNAM en la modalidad de movilidad, es decir, yo no soy una estudiante regular, estoy de intercambio en, como todos sabemos, la mejor universidad del país.

Mi universidad de origen es la Universidad Autónoma de Yucatán, toda mi vida había Unknown-3.jpegestado con mi familia en la ciudad de Mérida, Yucatán, conocida como “la ciudad blanca”, en donde se puede caminar a cualquier hora del día con el celular en la mano sin correr peligro de ser asaltado, donde las personas dejan sus automóviles encendidos con la puerta abierta en la calle en lo que entran a un establecimiento a comprar, donde religiosamente los fines de semana se tiene que degustar una torta de cochinita con cebolla y chile habanero acompañada de una coca-cola, obviamente en botella de cristal, y donde las noticias locales consisten en “una pareja de homosexuales caminan en la plaza tomados de la mano” (esto es real, fue noticia en agosto de 2017 porque #provincia).

Mi Mérida, una ciudad que en mis 22 años de vida ha sido afectada por un solo desastre natural, el huracán Isidoro el 22 de septiembre de 2002, pero que se nos avisó desde una semana antes para abastecernos de agua, comida, medicinas y demás artículos necesarios, así como también para asegurar nuestros hogares a fin de que no sufrieran daños o en su defecto evacuar desde dos días antes a diversos albergues instalados por el Gobierno del Estado, teniendo como resultado 0 pérdidas humanas por consecuencia directa del meteoro.[1]

Ahora bien, una vez expuesto la situación contextual a la cual estoy acostumbrada, les cuento que el 19 de septiembre desperté como cualquier otro día, como cada martes fui a clase de Procedimientos Mercantiles a las 7:00 horas, a las 11:00 horas tuvimos simulacro de sismo en memoria del 19 de septiembre del 1985, posteriormente me fui al Unknown-4.jpegdepartamento, cocine salmón a la plancha con arroz, almorcé, vi algo en Netflix y cuando me percate de la hora (13:00 horas) me preocupe porque debía de estar en la Facultad de Derecho para una junta; rápidamente recogí mis cosas y tome mi bolsa para salir, cuando llegue a la puerta advertí que no tenía llaves para abrirla, en eso recordé que necesitaba hojas en blanco y fui al closet a buscarlas, fue cuando me agache sentí como el piso comenzó a moverse, me quede pasmada, pensé que era yo, así que me puse de pie y quieta pero el piso se seguía moviendo, como provinciana incrédula me pregunté “¿está temblando?”, comenzó a sonar la alarma sísmica y solita me respondí “sí, sí está temblando”.

Como era de esperarse entre en pánico, dejé caer las hojas en blanco y comencé a correr por el departamento en búsqueda de mis llaves pensando “carajo, siempre las dejo en la mesa, ¿por qué no están ahí? ¿Por qué precisamente hoy las pierdo?” seguí con la búsqueda en mi buro, el closet, vacié mi bolsa, mis sacos, abrigos, pantalones, incluso revisé la cocina, mis llaves no estaban. Regresé a la puerta con impotencia sin saber qué hacer, nunca me prepararon para estas situaciones, sé que cuando va a llegar un huracán debes de comprar comida no perecedera, medicina, linternas, pilas, radios, almacenar agua potable y purificada, cargar celulares, poner cinta canela en las ventanas y si tienes dinero paneles de madera que las cubran, “bajar la luz”, desconectar el gas y encadenar el tanque, resguardar los automóviles y prácticamente mentalizarte de que deberás permanecer encerrado dos o tres días con tu familia, así que también debes preparar juegos de mesa y quinques, pero: en mi ciudad no tiembla. Recordé que en las películas y programas de televisión dicen que te debes de “meter” bajo de mesas o camas, vi la mesa y una voz interior se burló de mi “ay querida, ¿crees que esa mesa te va salvar? ¿Neta? Tienes 4 pisos arriba del tuyo, si esto se cae ya te moriste”, esconderme bajo la mesa no era una opción, regresé a la puerta y la comencé a golpear esperanzada de que alguien me escuchara, pero ya todo el edificio había evacuado, yo no podía romper la puerta, mi única esperanza era encontrar mis llaves y salir.

Ante la idea de morir solo podía pensar en mi mamá, dicen que cuando estas cerca de la muerte recuerdas tu vida, yo solo pensaba en dos situaciones: hoy no he hablado con mi mamá, no le dije que la quería y me va a meter una chinga si se entera que no pude evacuar porque perdí mis llaves. Ella siempre me regaña por no tener un orden diciendo que todas las cosas tienen su lugar y que si esos lugares no se respetan todo lo demás se afecta, pues al final si tenía razón la señora, estoy encerrada en el departamento porque no puse las llaves en su lugar.

Ahora que recuerdo, también pensé en lo triste que iba a ser morir sola, comparto departamento con 5 niñas más, en los dos meses y medio que he vivido en Ciudad de México únicamente he estado sola en el departamento dos veces, la primera vez solo me duró el gusto 10 minutos y la segunda ocasión tenía que ser precisamente el 19 de septiembre a la 1 de la tarde ¿por qué? si otra niña estuviese conmigo abriríamos con sus llaves, pero no, estaba sola.

El caso es que terminó temblar, sentí que duró una eternidad, recorrí el departamento images.jpegcomo 6 o 7 veces mientras temblaba, definitivamente tuvo que durar más de 30 segundos, fui a mi cama, ahí estaban mis llaves, no tengo ni idea de cómo llegaron a la cama, en el momento no me importó, estaba feliz de verlas, salí de inmediato del departamento y fue entonces que revise mi celular, tenía un mensaje preguntándome si ya iba a la junta, así que contesté que seguía en mi departamento, que no pude evacuar con el temblor pero que si iba a ir, solo tenía que regresar por hojas en blanco y salía para la biblioteca (la responsabilidad ante todo).

Me quede sentada unos cuantos minutos junto con mis vecinos observando los edificios, todos estábamos preocupados de que volviera a temblar, entonces me armé de valor y subí al departamento por mi bolsa y las benditas hojas en blanco; en lo que subía aproveche para conectarme al Wi-fi y llamé por whatsapp a mi mamá (sabía que mi línea de AT&T no iba a servir), cuando me contestó con su habitual “aló chiquitina preciosa?” casi me ponía a llorar pero no la quería preocupar, así que tome aire y le conteste “Aló preciosa, oye mamita, estem, acaba de temblar, estoy bien”, lo que siguió a continuación de eso fue una serie de cuestionamientos, que solo dificultaban mi esfuerzo para que no se me quebrara la voz, en eso me pasó con mi papá, lo salude y me dijo que estuviese tranquila, que agradeciera por estar bien, hizo una pausa y me informó “Gaviota, se cayeron edificios, está en la televisión, se cayeron edificios, salte de tu departamento, busca a tus compañeras, cuídate y sigue reportándote con nosotros”.

Sinceramente, no tenía idea de que hacer, no me quería quedar sola en el departamento, decidí ir a la junta que tenía pendiente y cuando llegue a C.U. vi que todos los estudiantes estaban fuera de su facultad, habían ambulancias, muchas mujeres llorando (no vaya a ser una manifestación feminazi porque ahí si aguantan), personas a quienes les tomaban la presión o les proporcionaban oxígeno, me acerque a una chica y le pregunte que si había pasado algo grave y me indicó que una parte del techo de su facultad (Odontología) se había caído: ME MINTIERON, PROTECCIÓN CIVIL DE LA UNAM ME MINTIÓ. En agosto los chicos de movilidad tuvimos una reunión de bienvenida en la cual nos explicaron que en C.U. no temblaba, que era el lugar más seguro porque estaba construido sobre piedra volcánica, pues le informo al señor que proporcionó tal información que me disculpe pero que se equivocó.

Una vez que me encontraba en la facultad vi a mi único amigo de la UNAM y lo abracé, él es mi único contacto humano real en Ciudad de México, lo sé, es triste solo tener un amigo, pero es la realidad, no sé qué onda con los alumnos de la facultad de Derecho de la UNAM, no tengo idea de si se sienten tocados por Dios, pero son las personas más egoístas y apáticas que conozco, si de por si la sociedad no tiene una buena imagen de los abogados, estos niños solo la empeoran, pero ese no es el tema, permanecí una hora sentada junto al águila recibiendo llamadas, mensajes y whatsapps de mis amigos de Mérida para saber si me encontraba a salvo, entre ellos mi novio que casi se pone a llorar porque en la mañana nos habíamos disgustado; uno no sabe lo que va a pasar de un segundo a otro.

Cuando me armé de valor regresé al departamento, al entrar observé que dos compañeras ya habían llegado, contamos nuestras experiencias para desahogarnos, armamos nuestras mochilas con documentos personales, artículos de higiene l así como un cambio de ropa, una señora del edificio nos preguntó si queríamos donar comida para los brigadistas y le entregamos la comida que unas foráneas tienen en su poder (atún, sopas nissin, sardinas, arroz, etc).

Me comunique con mis papás y después de platicarlo decidimos que lo mejor era regresarme a Mérida en lo que las clases se reanudaban, aprovecharé para quejarme de Volaris; cuando ingrese a su portal de internet seleccione el vuelo de las 21:00 horas del propio martes 19 de septiembre y costaba $769, después de proporcionar los datos de mi tarjeta de débito y dar click el precio se actualizó a $3769, ¿neta Volaris? ¿$3,000.00 más? ¿Esa es una empresa mexicana? Aprovechándose de la situación del país inflan sus precios. Al final compre el vuelo con otra aerolínea y en la mañana del miércoles ya me encontraba en la ciudad blanca comiendo una torta de cochinita, sin embargo, las horas que estuve en Ciudad de México evacue el departamento 3 veces, porque escuchábamos alarmas y pensábamos que era la sísmica, no pudimos dormir porque teníamos miedo y en lo personal cuando cerraba los ojos sentía que el piso aún se movía.

Una vez que me encontraba a salvo en Mérida comencé a ver las noticias, videos, images-1.jpegpublicaciones y demás, lo que yo viví no fue nada en comparación de lo que vivieron cientos de personas más, cuando vi el primer video de un edificio derrumbándose casi lloro, pensar en todas las personas que murieron, que no pudieron evacuar, pensar incluso en las personas que vieron frente a ellos un edificio derrumbarse, no puedo ni quiero imaginarme lo que sintieron o pensaron, la vida es un bien que se nos otorga y que se nos puede arrebatar de un momento a otro.

También comencé a escuchar comentarios de “las cosas pasan por algo”, “Dios tiene un plan para ti”, pero esos comentarios que quizá tuvieron como objetivo alentarme solo me hacían enojar, la realidad es que muchas personas murieron y que ninguna de ellas lo merecía, madres perdieron a sus hijos que apenas comenzaban a vivir, niños que estaban en su escuela y que no lo merecían, que es imposible que su plan de vida llegara hasta tan corta edad y que no es racional decir “es el plan de Dios”. ¿De qué Dios me hablaban? ¿Qué padre quiere que sus hijos mueran así? Yo y todos los que nos encontramos a salvo no somos mejores que las personas que lamentablemente perdieron la vida, por ejemplo, yo iba a rentar en la colonia Doctores o en Narvarte, por cuestiones de la vida no lo hice, pero pude estar en alguno de los edificios que se derrumbaron, entonces recordé una clase de filosofía en la cual se abordó el pensamiento de Santo Tomás de Aquino quien decía que existían tres leyes: natural, humana y eterna, que cada una regulaba un aspecto de la vida y que no debía interferir una con otra puesto que su armonía traía como aparejada consecuencia la Justicia, haciendo el análisis de que las catástrofes naturales y las muertes consecuencia de las mismas no se encontraban reguladas por la divinidad, es decir, no era Dios quien quería causar el daño sino que era la Ley Natural, y es que tal razonamiento me resulta más admisible que pensar en un Dios Padre quiso, planeo y ejecuto las acciones necesarias para que cientos de personas perdieran su patrimonio o peor aún, su vida.

Es verdad cuando dicen que uno cree que sus problemas son los más graves, que no tenemos perspectiva, yo pensaba que me la pase mal durante el sismo, no pude dormir tres noches seguidas, aun cuando regresé a la Ciudad de México una semana después del temblor el miedo seguía perturbando mis noches y continuaba con la paranoia de que temblaba, pero al salir de mi persona, al observar la situación de la ciudad en general, así como de los otros estados como Morelos y Puebla, al ver a los damnificados en tiendas de campaña y los edificios completamente destruidos, cintas de precaución y peligro por varios puntos de la ciudad, es entonces cuando te das cuenta de lo insignificantes que son tus problemas a comparación con el resto de las personas y también es el momento en el cual agradeces a la vida por permitirte seguir, porque ya sea gracias Dios, el destino o en lo que decidas creer sigues de pie para continuar luchando por tus sueños, para hacer valer cada minuto que respiras, para dejar las molestias o pleitos a un lado y disfrutar, porque si bien es cierto, debemos de ayudar a las personas que resultaron más afectadas no menos cierto es que el ser humano está en constante movimiento, no nos podemos estancar aunque tampoco podemos olvidar lo ocurrido, no podemos olvidar a nuestros hermanos mexicanos que nos necesitan.

FUENTES DE INFORMACIÓN:

Gobierno del Estado de Yucatán. (2002). Nota Técnica del Huracán Isidoro. 04/10/2017, de Gobierno del Estado de Yucatán Sitio web: http://www.yucatan.gob.mx/docs/transparencia/2001_2007/2do_informe/ANEXO_ISIDORO.pdf

Virgilio Ruiz Rodríguez. (2016). Santo Tomás de Aquino en la filosofía del derecho. 04/10/2017, de SCIELO Sitio web: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1870-879X2016000100013&script=sci_arttext

[1] Gobierno del Estado de Yucatán. (2002). Nota Técnica del Huracán Isidoro. 04/10/2017, de Gobierno del Estado de Yucatán Sitio web: http://www.yucatan.gob.mx/docs/transparencia/2001_2007/2do_informe/ANEXO_ISIDORO.pdf

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