Educación

Por Jaime Eduardo Torres Patiño

Unknown-2.jpegEl artículo 3ro de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano consagra la máxima relacionada con la educación, es decir, contiene una de las bases del sostenimiento de cualquier sociedad. Muchos reconocen su existencia en nuestra Carta Magna pero no hay respuesta cuando se pregunta ¿por qué está ahí? (a continuación se colocará una justificación sociológica, no de la teoría del Derecho).

Hablar de la educación es hablar de la formación o instrucción de las personas que integran una organización social, y en particular, de la sociedad políticamente organizada, es decir, de un Estado. Los grupos sociales requieren de una organización que necesariamente se da a través de la ubicación de sus elementos en una estructura; éstos reconocen su ubicación a través del entendimiento de determinados conocimientos, que les permite desempeñar una función determinada en beneficio de la sociedad. Esto se reconoce al tomar el mismo Estado, por medio de la Constitución, la responsabilidad de impartirla o en su defecto, de marcar las direcciones que debe tomar la educación.

Si analizamos conceptos un tanto clásicos de educación podemos vislumbrar algunas particularidades que nos llevarán a determinar por qué es tan relevante para un Estado el control, manejo o dirección de la educación, para posteriormente señalar

Si recurrimos a lo que entendía Platón por educación, notamos que la consideraba como un proceso a través del cual el hombre puede tomar conciencia de la existencia de otra realidad más plena que de la que proviene, es decir que, después de realizado el proceso, el ser humano se encuentra en otro plano, el cual no podría apreciar de no ser porque se educó.

La educación, comprendida por Herbert Spencer, es el proceso por el que se prepara al hombre para la vida completa. Esta acepción es de un tinte simple, y quizá por ello da lugar a que ciertos elementos de su composición son susceptibles de valorarse con cualquier contenido. Incluso si uno piensa en la estructura “vida completa”, se da cuenta de que establecer una definición para ella resulta muy difícil. Sin embargo, este mismo autor, con su trabajo, comprendió que la educación no solamente se daba en las aulas de clase, sino que abarcaban más que eso, y que esa misma educación de aula, es la que retrasa el cambio social debido a la instrucción de los mismos patrones de cada generación.

Piaget adopta un corte más kantiano al afirmar que la educación “es forjar individuos, capaces de una autonomía intelectual y moral, y que respeten esa autonomía del prójimo, en virtud, precisamente de la regla de la reciprocidad.” Esta autonomía moral es el reflejo de la influencia Kantiana (personaje que a su vez habla de educación como el proceso por el cual el hombre pretende alcanzar la perfección humana), recordando que ésta hace alusión a que los individuos puedan hacer juicios o valoraciones morales conscientes en la vida.

Fernando de Azevedo añade un claro tinte más social en cuanto afirma que “la educación es un proceso de transmisión de las tradiciones o de la cultura de un grupo, de Unknown-1.jpeguna generación a otra”. Muy cercana a esta afirmación encontramos la postura de Otto Willmann, quien sostenía que “la educación es el influjo previsor, directriz y formativo de los hombres maduros sobre el desarrollo de la juventud, con miras a hacerla participar de los bienes que sirven de fundamento a la sociedad”. Lo que menciona Willman se rompe si se interpreta de manera liberal, pues en la actualidad es notable que la educación no siempre se imparte desde los adultos hacia los jóvenes, pues estos también pueden ser emisarios de conocimiento y por lo cual, sentimos más adecuada a una idea de dirección estatal la postura de Coppermann, quien cree que la educación es “una acción producida según las exigencias de la sociedad, inspiradora y modelo, con el propósito de formar a individuos de acuerdo con su ideal del hombre en sí.”

Es crucial entender lo anterior dado que los seres humanos nos guiamos en la vida de acuerdo al conocimiento, y que, tomados en cuenta dentro de nuestra sociedad, actuamos de acuerdo a los conocimientos que hemos adquirido (ya por instrucción o por conocimiento). Si el ser humano actúa de acuerdo a los principios instruidos por la educación de una sociedad, habrá mayor cohesión social, y será más apreciable la organización que reside en ella. Por el contrario, si no se toman los principios otorgados por la Educación, no será posible desempeñar el papel debido dentro del grupo, y si los roles sociales no se desempeñan de manera generalizada se termina en una desestabilidad.

Es así que el daño sufrido por el tejido social de la nación mexicana se suele reconocer a partir de algunos fenómenos como lo son la alta percepción de la inseguridad en toda la república, así como la pronunciada desproporción de los recursos entre los sectores de la población, la poca valoración de la cultura, la poca confianza de la población en las instituciones estatales, además de otros problemas. La diversidad y el contraste de los problemas antes mencionados no derivan de otra cosa que de la falta de uniformidad en los principios de la sociedad mexicana, razón por la cual citados problemas se han pretendido solucionar a través de diversas medidas que no han superado, en los mejores casos, la calidad de soluciones parciales o de intentos.

La unificación de criterios relacionados a los principios y valores sociales se da a través de la educación, como se pudo sostener en los párrafos anteriormente citados, así como por el autor, Josef Gottler, que en su definición de educación defiende que “es el influjo elevador, integrado por cuidados psíquicos (liberación de trabas, enseñanza, inspiración, ejercicio) que la generación adulta ejerce sobre el desarrollo de la que está madurando, con objeto de preparar a los individuos que la integran a conducir personalmente su existencia dentro de las sociedades que la circundan vitalmente, y con ello a la inteligente realización de los valores en que se fundan dichas sociedades”. Bien se puede criticar lo que se dijo en la definición de Willmann, pero, habiendo aceptado que estos autores se refieren más que a adultos, a las generaciones que agrupan sus conocimientos y lo transmiten unas con otras, perpetuando la continuidad del conocimiento con la instrucción a las generaciones más jóvenes, reconocemos que esta definición denota dos cosas:

1) que más allá de conocimientos técnicos, lo que se transmite son valores y principios;

2) que existe un deber por parte de los que emiten el conocimiento (un deber de transmitir para que el conocimiento no se extinga) y de quienes lo reciben (tomar dicho conocimiento e igualmente transmitirlo póstumamente).

Unknown.jpegEs así que, considerando que el Estado se puede comprender como la sociedad políticamente organizada, le compete dirigir la educación a través de sus instituciones (para poder unificar los valores y principios que determine su elemento humano), pues de no hacerlo, da cabida a que se dispersen acepciones muy distintas entre las generaciones.

 

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