INTERPRETACIÓN Y ARGUMENTACIÓN EN EL DERECHO PROBATORIO

POR ALICIA ORTIZ ROJAS

Unknown-2En la importante labor que tienen los jueces en todas las cuestiones referentes a la justicia, adquiere gran relevancia el derecho probatorio, pues lo que se buscó durante mucho tiempo fue que los jueces estuvieran presentes en la práctica de pruebas, que se lograra establecer el principio de la inmediación, pero esto trajo consigo el problema de que eludieran la valoración de la prueba y su consecuente motivación, principio con el que se perseguía precisamente lo contrario.

Esto lleva a que el deseo ahora se base en que se valore la prueba como oportunidad para luchar contra la arbitrariedad judicial. En la búsqueda de este fin el legislador fue introduciendo normas de prueba legal que establecían, por ejemplo, el número de testigos necesarios para probar un hecho, pero esto llevó a que se desconociera la realidad y se aplicaran estas normas de forma mecánica. Posteriormente vino la valoración libre de la prueba que llevó a la arbitrariedad e irracionalidad más desmedida por parte de los jueces porque dejaron de motivar sus decisiones sobre las pruebas. Por estas razones se trató de solucionar la situación con las máximas de la experiencia y la exigencia creciente de motivación en las soluciones judiciales, buscando que se realizara la valoración de la prueba de una manera racional.

Valorar la prueba es percibir los resultados de la actividad probatoria, de cada medio de prueba, y para percibir es necesario haber interpretado, pues de lo contrario, pasa desapercibida la información. La valoración de la prueba lo que busca entonces es que se perciban los resultados arrojados por cada medio de prueba y así se esté en condiciones de dictar sentencia.

La actividad valorativa se ha planteado desde varias perspectivas por la ciencia, en principio, se trató de la prueba legal y la libre que dan fe de dos sistemas legislativos, en segundo término, se habló de un enfoque epistemológico o gnoseológico que se basa en describir los diferentes tipos de hechos que existen y la manera en que debe proceder el juez para averiguarlos, posteriormente, se procede a hablar de la probabilidad epistemológica de que un hecho haya sucedido, circunstancia que se vuelve muy importante en la necesidad de la construcción de la motivación, debido a que se obliga al juez a exponer con claridad la inferencia lógica mediante la cual llegó a esa conclusión, esto a su vez, conlleva a que procedan los recursos cuando hay un error en ella, como también, es un cambio de la intuición por la razón. Sin embargo, se plantean dos problemas a esta perspectiva:

Siguiendo el método silogístico para mayor claridad en esta explicación, cabría decir que el enfoque epistemológico no explica suficientemente cómo se escogen, de entre todo el acervo probatorio del proceso, las premisas menores, es decir, los hechos a demostrar, dependiendo ello de la “experiencia” del juez, lo que supone acercarse peligrosamente a Unknown-1la intuición. Y, en segundo lugar, tampoco se argumenta con precisión cómo se construyen las “premisas mayores”, es decir, las llamadas “máximas de experiencia”, lo cual supone que con demasiada frecuencia dichas máximas, en su imprecisión, dependan de lo mismo. Nuevamente de la intuición. Un “modelo mental” no es más que una hipótesis que le parece plausible al juez en virtud de su propia experiencia el proceso humano de toma de decisiones es más bien sencillo, y se construye, en muchas ocasiones, con unos pocos principios generales basados en el recuerdo que más fácilmente pudiera evocar el ser humano en cada momento.

El cuarto enfoque es el matemático, que se ha respaldado en la teoría de Bayes, consistente en establecer la probabilidad abstracta de que haya sucedido un hecho, exactamente el que se está tratando, se usa una fórmula para medir resultados aleatorios que no aplican en absoluto a un proceso jurisdiccional. El último enfoque trata sobre las influencias ideológicas en la valoración probatoria por parte del juez, circunstancia que resulta inaceptable porque puede terminar influyendo de manera negativa en la solución del caso.

No obstante, ninguna de estas situaciones permite solucionar el problema de valoración de la prueba y por este motivo, en la actualidad se establecen unas pautas o parámetros para los jueces a la hora de valorarla, esto mediante la aplicación de los conocimientos científicos disponibles para cada tipo de prueba, que otorgan al juez el conocimiento preciso para tomar sus decisiones de la mejor manera, por ejemplo, para la declaración de los testigos son necesarios los conocimientos psicológicos que sugieren analizarlas desde cuatro puntos: La coherencia del relato, la contextualización de la declaración, la existencia de corroboraciones periféricas y la aparición de detalles oportunistas en la declaración, adaptándose por supuesto a cada caso, situación que le obliga concretamente a explicar con claridad y de manera racional qué lo ha llevado a valorarlo de determinada manera.

Esto mismo sucede con la prueba pericial, se acude a ella porque el juez no tiene todo el conocimiento técnico necesario para juzgar los casos y por esto es muy difícil que pueda determinar de manera infalible la certeza de las apreciaciones del perito, debe analizar entonces: la cualificación profesional del perito, la calidad expositiva de su dictamen, así como los indicios objetivos de calidad de la labor realizada.

En lo que a la prueba documental se refiere existe la semiótica textual, que le proporciona al juez la contextualización de los documentos para que sean entendidos, se descubren las intenciones del autor y así se pueda realizar una correcta interpretación. Por otro lado, respecto a la inspección ocular lo que debe hacer el juez es aplicar todos los conocimientos mencionados, pues debe cuidarse de no ser engañado por sus sentidos.

Unknown.jpegPero todo esto se ha quedado en el papel porque el juez sigue valorando según la intuición y sus decisiones probatorias siguen carentes de motivación. Por ello, es pertinente mejorar la formación del juez en materia probatoria, instruirlo en técnicas de obtención de vestigios, que aprenda psicología del testimonio y semiótica textual, así como educar en dictámenes periciales, además, de que es fundamental enseñarle a motivar sus sentencias, y a recopilar la prueba sin comprometer su imparcialidad, en procura de no permanecer pasivo dentro del proceso.

Lo que se quiere demostrar con esto es que existen formas racionales de valorar la prueba sin necesidad de acudir a la intuición, haciendo que esas percepciones sean revisables o impugnables, pues si la motivación no es racional debe ser excluida. “El juez debe estar presente porque de esa forma podrá preguntar a partes y testigos sobre los puntos que le resulten dudosos, pero ahí acabará la eficacia y utilidad de la inmediación”, pues lo que persiguen los jueces ahora con este principio es eludir la motivación de sus decisiones sobre la valoración de la prueba, es por esto que lo que debe sancionarse es la ausencia de motivación de la apreciación de ella para acabar con la instrumentalización de este principio.

Es importante aquí la idea de que el ejercicio del derecho depende en sí de la inteligencia argumentativa de los actores legales, el juez, el abogado, el fiscal, incluso el acusado, cada cual debe argumentar y convencer a los demás, o por lo menos al juez. Perelman resuelve el problema de la justicia, enlazándolo con la razón, es decir, de la influencia que el proceso lógico tiene en las actuaciones que consideramos justas y en la forma como se decide resarcir los actos injustos. La justicia es así un proceso de la lógica que ha nacido de un consenso que se induce al individuo en las interacciones sociales, la llamada conciencia es una formación determinada por un orden social, político y económico, o por lo menos en lo que concierne a la justicia de los hombres.

La justicia natural, no sabemos que puede ser justo a nivel natural pero lo que sea o no justo no puede salirse de las leyes de lo físico, por lo tanto, es medible. El derecho ha de ser ese estudio que logre llevar a la práctica, la pretensión consuetudinaria de justicia en una sociedad, es por eso que es un constante “vals de las palabras” y la argumentación donde el pensamiento argumentativo es la fuerza del jurista.  El derecho no es una ciencia exacta como las matemáticas donde se sabe y no cabe la menor duda que dos más dos es igual a cuatro. El derecho, por el contrario, es la ciencia de la interpretación y los limites.

De este modo es fundamental la argumentación en el derecho, pues el trabajo del juez, que desconoce el hecho sobre el cual debe juzgar, consiste básicamente en la capacidad de persuasión que tengan los abogados que van a defender a culpables e inocentes (uno lo hará desde lo que ocurrió realmente y el otro acomodando los acontecimientos a la conveniencia de su defendido), el juez debe ser imparcial y juzgar solo teniendo en cuenta las leyes establecidas, y el material probatorio que tiene a su disposición, para lo cual, es importante que realice una correcta interpretación y valoración del mismo.

Referencias:

  • Perelman C. (1964). Cuaderno 14: De la justicia. Trad. Ricardo Guerra. México, D.F.
  • Nieva Fenoll, J. (2012). Inmediación y valoración de la prueba: el retorno de la irracionalidad. Civil Procedure Review, v.3, n.1: 3-24.
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