El Espíritu del Garantismo. Montesquieu y el poder de Castigar. Una entrevista con Darío Ippolito

Por  el Mtro. César Rosendo Morales Martínez

Seguramente cuando hablamos de la Filosofía del Derecho venida de Italia, llegan fácilmente a la conversación nombres como Norberto Bobbio, Luciano Violante, Riccardo Guastini o Luigi Ferrajoli, sin embargo, hoy día, hay jóvenes juristas que se presentan en esta escena con bastantes argumentos para conquistar el relumbrón de la atención que han gozado sus predecesores, como es el caso de Giorgio Pino y Dario ippolito, actualmente profesores del Dipartimento di Giurisprudenza de la Università degli Studi Roma Tre, en la Ciudad Eterna.

UnknownEn esta ocasión, gracias al apoyo de Editorial Trotta, tenemos el gusto de hablar de la  más reciente obra del Profesor Dario Ippolito traducida al español, El Espíritu del Garantismo. Montesquieu y el poder de castigar,  teniendo la fortuna de haber estado bajo su tutela mientras trabaja en mi tesis de Maestría hace ya casi dos años y forjado una buena amistad, fue posible realizarle una breve y concisa entrevista, muy a pesar de la distancia que actualmente nos separa.

Cabe destacar que la obra en cuestión no es el primer trabajo elaborado por el Profesor Dario, quien tiene en su bibliografía libros como Diritti e potere. Indagini sull’Illuminismo penale(2012, Aracne) y Mario Pagano. Il pensiero giuspolitico di un iluminista(2008, Giappichelli) entre una vasta serie de artículos especializados en la Filosofía del Derecho. Asimismo, sin omitir que junto con el profesor Giorgio Pino, son los colaboradores más cercanos al jurista mundialmente conocido, Luigi Ferrajoli, profesor emérito de la misma Universidad. Que si bien continúan con el legado del jurista florentino y el Garantismo, consagran de a poco líneas propias de investigación dentro de la escena iusfilosófica.

Dario Ippolito como profesor de Filosofía del Derecho, Sociología del Derecho, Lógica y Argumentación Jurídica resulta ser un jurista digno de admiración y a quien no se le debería perder la pista,  en él se muestra una vena crítica y suficientemente sustancial como para considerarlo punta de lanza junto con Giorgio Pino, de la siguiente generación de filósofos del Derecho en Italia que protagonicen la más reciente de sus etapas.

César Morales (A partir de ahora CM).Profesor Dario, un gusto poder platicar una vez más con usted, aprovecho para agradecerle por permitirnos realizarle esta breve entrevista en razón de su más reciente obra El Espíritu del Garantismo. Montesquieu y el poder de castigar.

Dario Ippolito (A partir de ahora DI).Caro César, piaciere di sentirti. Come stai? Giorgio mi ha detto che stai pensando di tentare un Dottorato a Roma Tre; io ti ringrazio moltissimo per questa intervista, mi sono davvero onorato.

CM. Muy bien profesor y claro, en un futuro próximo seguiré con ese siguiente paso que es el Doctorado; ahora bien, en su obra “El Espíritu del Garantismo. Montesquieu y el poder de Castigar” traducida recientemente por Trotta, empieza tratando de hacer una apología de cómo el Garantismo ha sido mal entendido, comprendo que tu trabajo en encontrar raíces en Montesquieu intenta demostrar que el Garantismo bien de tiempo atrás y con mucho más razones que las evidentes.

DI.Montesquieu decía que los libros deben escribirse no para hacer leer sino para hacer pensar. Al escribir mi libro, intenté seguir esta directiva, invitando al lector a reflexionar sobre la cuestión penal: la cuestión de los límites de un poder que prevé las condiciones de limitación de nuestros derechos.

CRIMINALITÀ ORGANIZZATA¿Qué prohibiciones legales son justificables? ¿A qué fin y con qué medios castigar a los transgresores? ¿Cómo aceptar la responsabilidad personal de una acción criminal? Las respuestas a estas preguntas tocan la línea de demarcación entre libertad y opresión. Porque desde el ámbito de las prohibiciones, de las reglas del proceso, de las modalidades punitivas depende la posición del individuo frente a la autoridad.

Es por eso que, en los últimos dos siglos, la filosofía, la ciencia del derecho y la legislación han elevado, en el terreno penal, los muros maestros del Estado de derecho. Desde el constitucionalismo revolucionario de finales del siglo XVIII hasta las constituciones rígidas del segundo posguerra, pasando por las codificaciones liberales del Ochocientos, las garantías penales y procesales de los derechos fundamentales han entrado a formar parte del derecho positivo.

El edificio garantista, sin embargo, no es una fortaleza inexpugnable. Los procesos históricos nunca siguen la línea recta del progreso. La experiencia nos puso en guardia frente a las ilusiones vanas de un destino progresivo de la humanidad. Ninguna conquista es irreversible. Ninguna conquista lo ha sido.

La civilidad del derecho no está fijada en el firmamento de las normas: vive en la historia, en la turbulencia de la política; está modelada por la praxis, por la voluntad y por las acciones de los hombres.

Hoy el sistema de las garantías penales y procesales está en crisis. Y el Garantismo está desacreditado por la propaganda del punitivismoy por la dogmática del populismo.

Por ello invito a todos aquellos que toman los derechos en serio, a acercarse a la obra de Montesquieu. Leer a los clásicos del Garantismo es un ejercicio de resistencia cultural contra la ideología del Estado Penal.

CM.En su caso, ¿cómo fue el acercamiento? primero llegaste al Garantismo y de ahí a Montesquieu o fue que primero leíste a Montesquieu y de ahí llegaste al Garantismo?

DI.Leí El Espíritu de las Leyes hace muchos años, incluso, antes de comprender la importancia política del Derecho Penal. De Montesquieu, al inicio, me encantaba sobre todo la ambición científica de su obra: La intención de comprender y explicar la realidad en toda su complejidad. La realidad política y la realidad jurídica. Montesquieu nos enseña a mirar al Derecho como fenómeno social, a estudiarlo a partir de su relación con las formas de poder, con la religión, con las costumbres, con la economía, con la geografía. Es el aspecto sociológico de Montesquieu el que me conquistó cuando comencé a leer Lo Spirito delle Leggi.

Abordé la Teoría del Garantismo Penal más tarde a través de la lectura de otro gran clásico del pensamiento jurídico: Derecho y Razón de Luigi Ferrajoli. Comencé a leerlo mientras trabajaba mi tesis de Doctorado, en 2003. Y la fortuna ha querido, desde hace poco, que Ferrajoli dejara la Universidad de Camerino para transferirse a la Universidad Roma Tre. De esta manera, al leer sus obras, poder escuchar también sus clases y dialogar con él, es que he podido comprender sus teorías. Ciertamente su influencia intelectual ha sido determinante en mis estudios posteriores y que me ha llevado a estudiar a Montesquieu con otra concepción.

CM.Tenemos una percepción de que Montesquieu solamente habló del constitucionalismo pero por la lectura de su obra hay todo un sustrato teórico que permite que comprendamos el Derecho Penal desde otra perspectiva.

DI. Lo Spirito delle Leggies una obra muy compleja, que se presta a diferentes tipos de lectura. Por mi parte, he decidido abordarla desde la dimensión normativa: La Filosofía del Derecho y la axiología sobre la cual está fundada. Por supuesto el Constitucionalismo se incluye en esta dimensión. Sin embargo, me interesaba reflexionar sobre las raíces y las razones del Garantísmo. Y Montesquieu, con su visión de la libertad y con su comprensión del valor civil del Derecho Penal, hace posible esta reflexión. No olvidemos que Beccaria, en Dei delitti e delle pene, reconoce abiertamente su deuda con Montesquieu.

CM.Hay una íntima relación en el pensamiento de Montesquieu entre Libertad, Política y Derecho Penal, una relación que venía de otros autores como John Locke.

DI. Indudablemente en la idea de libertad de Montesquieu se advierte el eco de la doctrina política de Locke. “Libertad” es una palabra polisémica. Puede ser definida en términos de independencia, autonomía, emancipación, poder, participación, ausencia de normas imperativas… Montesquieu la conecta a los conceptos de seguridad y de ley, identificándola en la situación jurídica de quien se siente seguro de no poder ser constreñido a hacer lo que la ley no prescribe y a no hacer lo que la ley permite. Esta connotación de la palabra nos transmite una advertencia política: La seguridad a la que debemos aspirar es la seguridad de la libertad.

CM. ¿Cómo convive el discurso del Derecho natural, la libertad política y el Derecho Penal?

DI. Como todos los iusnaturalistas, Montesquieu cree en la existencia de relaciones de equidad, anteriores y superiores al Derecho Positivo. Y cree que el Derecho Penal debe respetar y reflejar estas relaciones para garantizar la libertad del individuo. Bajo este supuesto, su discurso es ciertamente distante de los postulados iuspositivistas del Garantismo contemporáneo. No obstante, su reflexión sobre el nexo entre libertad civil y Derecho Penal se muestra iluminadora. Porque es una reflexión sobre los límites del poder de castigar. Un poder terrible, nos dice Montesquieu. Un poder trágico. Uso este adjetivo refiriéndome al concepto goethiano de lo trágico. Para Goethe, la esencia de la tragedia consiste en la existencia de una contradicción que no admite conciliación: Una antinomia radical e irresoluble.

Pues bien, el poder de castigar es constitutivamente trágico porque protege amenazando. Contiene la violencia en el doble sentido del verbo: La frena y, a la vez, la incorpora. Invade la misma esfera de inmunidad que presidia. Tiene un doble perfil, que no puede disimular: debe intimidar para tranquilizar; blandir sus armas para desarmar. Es el poder que invocamos en defensa de nuestra seguridad; pero al mismo tiempo es un peligro para nuestra seguridad. El Derecho Penal debe servir para protegernos de éste peligro. A protegernos, entre otras cosas, de la violencia ilegal de los delitos, de la violencia institucional de los aparatos represores: De las prohibiciones ilegítimas, de las acusaciones infundadas, de las condenas arbitrarias, de las penas excesivas.

CM.El sistema del Derecho de Montesquieu es un sistema laico, me imagino que la aceptación de este sistema causó complejidad en su tiempo.

DI. En la época de Montesquieu, los ordenamientos jurídicos se caracterizaban por fortísimas connotaciones confesionales. La ortodoxia de la fe y el conformismo moral con los valores religiosos constituían un componente importante de las pretensiones de obediencia del poder político. Como consecuencia, el sistema penal resultaba orientado a la criminalización de una vasta serie de pecados y opiniones desviadas. Y las sanciones contra los delitos religiosos (i crimina lesae maiestatis divinae) eran severas: La muerte en la hoguera, por ejemplo. Una de las más atroces modalidades de ejecución de la pena capital. Montesquieu deslegitima este sistema propugnando un Derecho Penal laico. Su argumentación es radical: Los hombres no pueden castigar en nombre de Dios, porque no conocen los criterios de su justicia divina. Obviamente esta tesis suscitó escándalo.Fue censurada por las autoridades religiosas y por los juristas tradicionalistas. Sin embargo, en el lado opuesto, suscitó entusiasmo. Fue retomada y desarrollada por todos los exponentes del Iluminismo Penal. Cuarenta años después de la publicación de El Espíritu de las Leyes, con la Revolución Francesa, el principio de laicidad llegó para quedarse en el Derecho Positivo. Montesquieu fue un teórico de la moderación, aunque sus ideas influenciaron a los artífices de la revolución.

CM.Montesquieu argumentó en contra de un sistema de castigos sumamente severos que se impartían en la época, como argumentar el castigo en esa época y la relación que guarda hoy.

993_largeDI.Hoy, no menos que en la época de Montesquieu, el Derecho Penal es un campo de tensión. Alrededor de sus instituciones se enfrentan visiones inconciliables. Ideologías securitarias contra enfoques liberales, modelos de restorative justicecontra incitaciones a la venganza, políticas de tolerancia cero contra recomendaciones a la cautela in poenam, proyectos de derecho penal mínimo contra recetas populistas.

En la actualidad de estos conflictos, la modalidad punitiva característica de los órdenes jurídicos contemporáneos, es decir, la privación de la libertad mediante el encierro carcelario, surge como cuestión fundamental y dirimente: por un lado, sus apologistas, que sostienen su necesidad y propugnan su uso expansivo; por otro lado, sus críticos qui remarcan su ineficacia, denuncian su injusticia, proyectan su superación.

En suma, la cárcel está en el centro de un enfrentamiento crucial sobre la civilización del derecho; precisamente como los suplicios lo estuvieron en la época de Montesquieu, cuando los custodes iuris et sacerdotes iustitiae, alineados en defensa del orden penal tradicional, levantaron los escudos de la conservación frente a las reclamaciones humanitarias y garantistas del movimiento de las Luces.

En mi opinión, este paralelismo histórico hace particularmente interesante la relectura del discurso de los iluministas en relación con el tema de la sanción penal, para reflexionar sobre el modo en el que ellos lograron invalidar los dogmas del patíbulo, y contribuyeron a difundir la cultura de los derechos humanos y a extinguir el “esplendor de los suplicios” (por usar la imagen eficaz de Foucault).

CM.Si un estudiante quisiera acercarse al pensamiento de Montesquieu aunado claro, a leer su obra, ¿cuál cree que sea la mejor hoja de ruta para leer a este interesante autor?

DI.Sugeriría comenzar con la lectura de Lettere persiane, la obra más joven de Montesquieu. Es un de los grandes exponentes de la literatura y del pensamiento político del siglo XVIII. Es una especie de romance epistolar: Pero un romance filosófico. Montesquieu nos invita a mirar la realidad superando nuestros esquemas mentales, nuestros filtros culturales. Nos invita a discutir nuestro punto de vista habitual, considerando el enfoque extranjero. Un enfoque critico, penetrante, agudo, desmitificante.

Es verdad que cada lector de Lettere persiane, al final del libro, tendrá el deseo de adentrarse en la inagotable mina filosófica de Lo Spirito delle Leggi.

CM. ¿Qué obra podemos esperar de su trabajo próximamente?

DI.Estoy buscando reflexionar alrededor de dos interrogantes: ¿Cuáles son los factores culturales que han hecho posible la superación de la pena de muerte? y ¿cuáles son los factores culturales que impiden la superación de un sistema penal basado en la centralización de la pena carcelaria?

Desde hace dos siglos y medio alguien comenzó a pensar y a afirmar: Otro Derecho Penal es posible. No debemos perder de vista esta idea. No debemos caer en la trampa de la ecuación realidad-necesidad. Lo que hoy es, no impide que sea mañana: Puede ser cambiado. Piero Calamandrei nos invita a tener fe en el Derecho. Yo diría que la experiencia del pasado debe darnos confianza en la lucha por el Derecho: Una lucha que por medio de la conquista de los derechos y sus garantías, cambia la existencia de los hombres. John Stuart Mill escribió una vez: “Toda la historia del progreso humano ha consistido en una serie de transiciones a través de las cuales varias instituciones han pasado de ser consideradas necesarias para la existencia social, al rango de injusticias universalmente condenadas”. Esto significa que el principio de realidad no está de parte de los defensores del status quo: Auténticamente realista es quien participa en la transformación de la realidad mediante la reflexión, la planificación, la acción.

CM.Profesor, le agradezco tanto sus respuestas.

DI.Grazie a te e a presto.

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