FOBAPROA

Por Israel Sebastián Cruz García

INTRODUCCION

images.jpegEn México hay dos grandes negocios que no se equipara con cualquier otro país (y por mucho), los cuales son: La Telefonía y el Negocio Bancario.

¿Por qué es un país subdesarrollado tiende a tener una atracción en estos negocios? ¿Cómo es posible que en un par de años, una persona que se encontraba en el lugar 41 a nivel mundial (en los hombres más ricos), pase a ser el hombre más rico del mundo? ¿Acaso será nuestras políticas financieras o telefónicas?, o ¿será nuestras organización administrativa (la cual está muy dañada)? ¿Cómo es posible que México pudo haber financiado a diversos bancos (incluido los bancos más poderosos del mundo)?

Nuestra administración lo llamo “FOBAPROA”

El manejo del sistema bancario mexicano, desde su estatización en 1982 hasta el FOBAPROA refleja incompetencia, falta de experiencia en la interacción de la teoría con la realidad, insensibilidad social, desinterés total por la opinión pública y una enorme arrogancia, pero no necesariamente la magnitud de corrupción que muchos políticos temen (o anticipan) encontrar.

 

 

 

DESARROLLO

La creación del FOBAPROA ha sido uno de acontecimientos políticos y financieros más escandalosos de la historia mexicana porque el poder ha salvado sus malos manejos a coste de los contribuyentes mexicanos.

El Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA) fue un fondo de contingencia creado en 1990 por el gobierno mexicano en conjunto con la totalidad de los partidos políticos dominantes en aquel entonces, a fin de enfrentar posibles problemas financieros extraordinarios.

Desde la privatización de la banca en 1991 y 1992 bancos como Banamex, Bancomer y Banorte -entre otros- comenzaron a otorgar créditos de forma desmedida y sin controles rigurosos.

Una vez expropiados, los bancos rápidamente se incorporaron a la lógica del sector público mexicano. Los bancos dejaron de ser unidades autónomas y fueron sometidos a criterios de uniformidad que poco a poco eliminaron las diferencias que en el pasado los habían caracterizado a unos y a otros: en enfoque a sectores industriales específicos, a tipos de empresas, a nichos de mercado, etcétera. Se aumenta el encaje legal, es decir, la porción de los depósitos que los bancos tienen que depositar en el banco central, lo que reduce todavía más los fondos prestables para el sector privado. Ante la falta de recursos prestables, los bancos dejan de otorgar créditos, lo que les lleva a convertirse en simples ventanillas de captación de recursos para financiar el creciente déficit gubernamental en detrimento de lo que deberían ser sus funciones bancarias. A ello se suma el hecho de que se congelaron los sueldos de los banqueros, los que, en un ambiente de elevada Unknown.jpeginflación, rápidamente se igualaron con los del resto del sector público. Naturalmente, eso llevó a que se perdiera a los mejores y más capacitados elementos dentro de los bancos, que ya no encontraban en su actividad un reto profesional, ni oportunidades de desarrollo personal y ni siquiera la posibilidad de mantener el nivel de vida de sus familias. El poquísimo crédito disponible era típicamente utilizado para otorgar toda clase de favores políticos, lo que acabó por destruir la capacidad de análisis y otorgamiento de crédito dentro de los bancos.

Cuando estalló la crisis de 1995 las tasas de interés se dispararon a más de 100% y volvieron impagables los créditos hipotecarios y de consumo, los índices de morosidad se catapultaron provocando una insolvencia que dejó a la banca al borde de la quiebra.

En 1998 el ex presidente, Ernesto Zedillo, mando 4 iniciativas con el objeto de crear un marco legal que redujera las posibilidades de una nueva crisis bancaria, así como para crear mecanismos más eficientes de supervisión a las actividades crediticias y facilitar la capitalización de los bancos.

Gracias a esto se promulga la Ley de Protección al Ahorro Bancario o LPAB en diciembre de 1998, donde se dispuso la creación del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario, IPAB, como un intento de lanzar un “nuevo sistema de protección al ahorro bancario”.

Entonces el gobierno federal acudió al rescate de los banqueros y los ahorradores con recursos públicos, compró la cartera vencida de los bancos a través de pagarés del Fondo Bancario de Protección al Ahorro

Dicho de manera simplificada, el gobierno compró a los bancos su cartera vencida por 100 pesos, recuperó 10 y los restantes 90 los pagó con cargo al erario público, es decir, a los contribuyentes.

La deuda pública se estimó cerca de los 60 mil millones de dólares de aquella época, y al no tener fondos suficientes, el gobierno opto por privatizar 18 bancos.

Como tal, esta deuda se asume en 1999 y se estimó que las obligaciones se pagarían a los 30 años, sin embargo, un cálculo hecho por los economistas Fausto Hernández y Marcos Avalos en 2006 pronosticó que serían 70 años – asumiendo que el país tuviera un crecimiento económico anual de 4% (lo cual, nuestras administraciones no han podido conseguir- ya que solo ha alcanzado 2.3%).

Además, otro problema son los intereses y las comisiones de la deuda, ya que se triplico de  10,950 millones de pesos en el presupuesto de 2015 a 35,850 millones del año en curso.

Sin embargo, de este hecho hay argumentos buenos y malos; por ejemplo, el argumento principal de los defensores del FOBAPROA es que los costos totales de no haber rescatado a la banca hubieran sido mayores debido al pánico que se pudo haber generado en los mercados financieros; profundizando la crisis iniciada en diciembre de 1994, mientras que, el más importante argumento en contra es que la expropiación bancaria habría sido menos costosa y habría dado lugar a una menor corrupción.

CONCLUSION

Unknown-3Lo lamentable de este suceso es de que, esta deuda se pagara hasta por nuestro nietos y que, la deuda ha aumentado considerablemente, lo cierto es que ha sido una de las maniobras más escandalosas porque los banqueros salvaron sus “malas” finanzas y se enriquecieron gracias al visto bueno de la clase política. La aplicación del FOBAPROA ha sido uno de los flagelos más crueles que ha sufrido la economía mexicana ya que las finanzas públicas siguen sufriendo esas consecuencias.

La verdad es que la gran mayoría de los mexicanos desconoce la realidad sobre el rescate bancario, que debería haberse conocido como rescate de los ahorradores. Solo los diarios especializados en finanzas y economía, algunos editorialistas, y una que otra nota en los periódicos profundizaron este tema en su momento. Hasta que te metes a escarbar las causas raíz del problema, las posibles soluciones que se manejaron y, sobre todo, las posibles consecuencias de no haber hecho nada, entiendes que este rescate tenía que hacerse. No había de otra. Es cierto que en el proceso varios delincuentes de “cuello blanco” se aprovecharon del sistema y se enriquecieron, pero son los menos. Y lo peor de todo es que las leyes vigentes en esa época clasificaban a esos delitos como “no graves” por lo que podían salir bajo fianza, como la mayoría lo hizo. Pero de esto, nadie dice nada.

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