LA MERA VERDAD, SEÑOR POLICÍA

Por Jaime Eduardo Torres Patiño

Unknown-1.jpeg¿Qué es lo que la mayoría de los ciudadanos piensa cuando ve a un policía? ¿Se siente segura la gente al pedir auxilio del cuerpo policial o se siente más bien amenazada?

Las familias mexicanas han dejado de confiar en las instituciones con el paso de los años, y pareciera que tal declive no tiene freno. Instituciones como las universidades, la iglesia y el ejército son las más confiables para el mexicano, mientras que, por el otro lado, tenemos que los cuerpos como los partidos políticos, los diputados y senadores federales y la policía tienen un mínimo de apoyo por parte del pópulo mexicano.

La desconfianza en las instituciones, más en concreto la desconfianza en la policía (pues es el tema que nos ocupa) se genera a partir de las actuaciones e interacciones de esta y de sus miembros con las personas que conforman la ciudadanía en general (y que suele considerarse ajena a los cuerpos considerados como autoridad), así como por las comunicaciones que se desarrollan dentro de la misma ciudadanía acerca de estas interacciones. Por ejemplo, si a un individuo se le solicita detenerse en su vehículo por parte de un agente de policía, aquél atenderá a cualquier detalle del trato que tenga con éste, y si llega a ver una irregularidad como el intento no autorizado de una infracción, el intento de cobro de un soborno, una mala aplicación de las normas o un simple mal trato, la registrará y comentará a sus conocidos, los cuales, a su vez, comentarán a otros individuos, individuos que, seguramente también tendrán comentarios similares, con lo que se construye concepción generalizada sobre los policías. Los ejemplos de experimentos sociales donde se registra en video el comportamiento de agentes de la policía y cuyos resultados se publican en redes sociales, o los blogs sobre experiencias similares con miembros del cuerpo policiaco son parte de esta misma idea.

Esta desconfianza en las instituciones policiacas tiene varias repercusiones, siendo la principal, que muchos de los individuos que tienen que relacionarse con un policía, es decir, que cuando necesiten interactuar con algún agente policiaco, en el sentido del desempeño de sus funciones (ya sea que el policía tenga que realizar un acto derivado de su trabajo con el individuo, o que el individuo solicite la participación del agente), sentirán incomodidad o hasta amenaza con la presencia del agente, o no se mostrarán totalmente de acuerdo en cooperar con él.

Ahora, imaginemos que le preguntamos a un niño de preescolar sobre qué le gustaría dedicarse al crecer, seguro obtendría de respuesta oficios y profesiones populares como bombero, maestro, médico, enfermero, obrero y policía. Si uno le hace la misma pregunta a un estudiante de primaria, encontrará que el número de profesiones que pueden contestar aumenta; este es el momento en el que faenas como la del abogado, el contador, el ingeniero, el arquitecto y de otros tantos figuran en la cabeza del menor. Lo que resulta curioso, es que, si uno les hace la pregunta a estudiantes de secundaria o preparatoria, puede darse cuenta de que las profesiones elementales son casi abandonadas a excepción de la de médico, enfermero y maestro. Es lógico pensar que las primeras opciones laborales que uno conoce desaparecen al comprender que hay otras de mayor envergadura y más especialidades, sin embargo, esto deja abiertas dos cuestiones: ¿quién quiere o desea ser policía? ¿y entonces, quiénes, de facto, ocupan el cargo de policía?

Unknown.jpegLas personas que llenan las filas del corporativo de seguridad no requieren más que cumplir con ciertos requisitos para entrar. Estos requisitos varían dependiendo del nivel de gobierno al que pertenezcan, o al Estado o Municipio del que se trate, sin embargo, todas las listas de requisitos abarcan los mismos puntos y podrían resumirse a los siguientes: una escolaridad mínima concluida, que suele ser de preparatoria, pero que bien puede variar, como en el caso de la policía auxiliar de la Ciudad de México, que para acceder, sólo requiere secundaria concluida; un rango de edad, que va desde los 18 o 20 años hasta los 35 o 40; para los hombres, cartilla del servicio militar liberada; una estatura mínima que oscila cerca del 1.70 para hombre y 1.65 para mujeres; no tener tatuajes o perforaciones, o que no se vean (bien se puede tachar de discriminatorio este requisito); no tener antecedentes penales y por último, aprobar los exámenes o cursos que determine la autoridad (desde exámenes psicológicos, físicos o cursos de actualización). Con lo anterior dispuesto, nos damos cuenta de que el rango de perfiles que pueden acceder a la instrucción policial es muy amplio, pero que está encaminado a los individuos que gocen de ciertos atributos y habilidades físicas, por contraste, no se exigen los suficientes atributos intelectuales.

¿Por qué digo suficientes? Porque los policías de hoy en día no puede ser bárbaros con un garrote; existe una exigencia de que tengan y desarrollen sus atributos intelectuales. Tal exigencia se fundamenta en que se requiere un mínimo de raciocinio y capacidad para comprender y seguir protocolos (como los de detenciones), para incorporar un esquema axiológico (institucional, por supuesto) que le guíe al actuar y para poder operar nuevos métodos en la prevención de delitos y faltas.

Asimismo, sería erróneo pensar que colocando requisitos como un alto coeficiente intelectual o un promedio mínimo de egreso del último nivel de escolaridad cursado se solucionaría el problema, además de que tales medidas rozarían en la discriminación y en lo absurdo. Lo que no es igual a que se solicite, además del curso de capacitación, el ingreso a carreras profesionales policiales, lo que haría que el conjunto de seguridad estuviera conformado no por policías rasos, sino por especialistas (sustituyendo así, cantidad por calidad), pues recordemos que las labores de la policía van desde la vigilancia y resguardo, hasta la inteligencia y la ciberseguridad.

Unknown-2.jpegNo sostengo (y sería absurdo hacerlo) que todos o la mayoría de elementos dentro de los diversos cuerpos policiales en el país sean de una manera, empero, sí, que dejar abierto el acceso a estas instituciones a cualquier individuo permite que en la interacción con la ciudadanía haya errores, que hoy en día alimentan la desconfianza de los mexicanos en la policía, así como dar cabida a otros problemas.

Cierro haciendo alusión a que así como se les debe demandar mayores habilidades a los miembros de la policía, se les deben reconocer mayores prestaciones, pues en el sistema actual, usando como ejemplo el de la Ciudad de México (que se repite por toda la república), el policía también se encuentra entre la espada y la pared, pues arriesga su vida, su tiempo, su perfil social o la posibilidad de desempeñarse en otros campos laborales a cambio de prestaciones muy bajas y condiciones laborales que llegan a mantenerse igual por años. No es un asunto de legislación, sino de compromiso por parte de las autoridades.

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