Imperativos categóricos Inmanuel Kant

Por Priscilla Garatachía Matías

Unknown.jpegEl concepto de imperativo categórico fue introducido por Inmanuel Kant en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Se trata de un tipo de imperativo, el cual es universal y es característico de la moral. Los imperativos morales, para ser considerados tales deben ser categóricos, esto es, no deben estar condicionados y el objeto de lo que se ordena en el imperativo ha de ser un fin en sí mismo. Para Kant existen 5 fórmulas complementarias que si cumples con ellas serás feliz por si mismo

  1. Fórmula de la ley universal; Obra sólo de acuerdo con la máxima por la cual puedas al mismo tiempo querer que se convierta en ley universal
  2. Fórmula de la ley de la naturaleza; Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse por tu voluntad en ley universal de la naturaleza
  3. Fórmula del fin en sí mismo; Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu propia persona como en la persona de cualquier otro, siempre a la vez como un fin, nunca simplemente como un medio.
  4. Fórmula de la autonomía; Obra de tal forma que tu voluntad pues a considerarse a si misma como construyendo una ley universal por medio de su máxima.
  5. Fórmula del reino de los fines; Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de fines.

Formulaciones del imperativo categórico de Kant

Kant dio cinco formulaciones de su imperativo categórico que, a diferencia de lo que algunos creen, no son alternativas, sino complementarias, es decir, que se enlazan entre sí, formando un sistema moral consistente. En la enumeración anterior se pueden ver estas formulaciones y sus nombres, según la nomenclatura propuesta por H. J. Paton en The Categorial Imperative(1948).

Si se atiende a las formulaciones del imperativo categórico se pueden hacer las siguientes observaciones.

La primera, es que no es un imperativo que se ajuste a las acciones, sino a las “máximas” que guían a estas. Esto es, es un imperativo de segundo orden, en la medida en que se aplica sobre principios morales y no sobre las acciones mismas. Más o menos, el imperativo categórico viene a ser un filtro racional a las morales particulares. De este modo, lo que nos dice es que nuestras acciones deben estar ajustadas a máximas morales por las cuales nos guiamos por el hecho de que son las máximas que quisiéramos que todo el mundo siguiera en esas mismas circunstancias. Desde esta perspectiva, la fórmula del fin en sí mismo es la única que no hace referencia a “máximas”, si bien sí que toma en cuenta a la humanidad como fin en sí mismo.

Universalidad, libertad, deber y buena voluntad

Los imperativos morales tienen la forma “yo debo hacer esto y lo otro” o “yo no debo hacer aquello”. Según el imperativo categórico de Kant, los imperativos morales han de emanar de una buena voluntad, es decir, el imperativo que se siga para obrar y que queremos que se convierta en ley universal o de la naturaleza o algo así, se sigue no porque el hecho de actuar así conlleve que me vaya a volver más alto y más guapo o porque me vaya a hacer rico o ambas cosas, sino porque entendemos que nuestro deber es actuar de ese modo. Se trata de un deber autoimpuesto por nuestra propia razón. En efecto, tal y como se recoge en algunas de las formulaciones del imperativo categórico, sobre todo en la del reino de los fines, la máxima que uno debe seguir debe ser tal que yo al actuar bajo esta guía esté legislando para todos los demás y para mí, siendo yo mismo, al actuar de esa manera, un ejemplo a seguir.

La máxima elegida debe ser, como se ve en casi todas las formulaciones, universalizable. Es decir, para considerarse un imperativo moral, la hemos de seguir porque querríamos que todo el mundo la siguiera, en todo momento y en todo lugar. Por otra parte, es universalizable en el sentido que está más allá de todo convencionalismo social o convicción moral particular.

La elección de la máxima que guía mis acciones, desde un punto de vista moral, es libre. La elijo porque considero que es racional actuar así y es una autoridad que me da mi propia razón autónoma y no una instancia externa. No es racional desde un punto de vista instrumental, más bien lo es porque actuar de modo contrario al que la máxima en cuestión indica es inviable, desde un punto de vista lógico. Por ejemplo, si siguiéramos una máxima según la cual hay circunstancias en las que podríamos hacer una promesa sabiendo que nunca la vamos a cumplir, entonces las promesas no tendrían sentido, porque nadie se fiaría de ellas y tampoco tendría sentido la máxima que permite hacer promesas que se sabe que nunca se van a cumplir bajo determinados supuestos.

Unknown-1.jpegLa exégesis que Kant lleva a cabo del mandamiento evangélico del amor en la KpV y en la Fundamentación de la Metafísica de las costumbres pone en juego algunos de los principales aspectos de la “doctrina” ética kantiana. En este trabajo me propongo analizar si el enfoque moral kantiano sería el instrumento hermenéutico adecuado para una correcta comprensión no sólo del imperativo evangélico, sino de la realidad ética en la que el hombre, por un lado, se desenvuelve, y por otro lado, vivencia precisamente en medio de los valores ambivalentes o más bien anfibológicos que caracterizan a toda experiencia moral humana impresa con el sello de la autenticidad

El amor, ¿fundamento de una moral?

Formulada de otra manera, la cuestión enunciada quedaría planteada de la siguiente forma: ¿Puede la propia experiencia subjetiva del amor ser fundamento de una moral absolutamente incondicional, es decir, que no dependa de condicionantes de ningún tipo? La respuesta de Kant a esta cuestión sería claramente negativa, si se entiende el amor como pathologische, es decir, como la capacidad del sujeto de ser afectado por la realidad en su dimensión sensible. En este sentido, la moral kantiana no parte de la experiencia sensible, sino de la voluntad, una voluntad que es razón práctica, y que cuenta con una causalidad exclusiva, distinta de la causalidad natural, además de con principios, y conceptos e ideas (sobre todo, la idea de la ley moral) no deducidos de la experiencia, sino de la razón pura práctica. Esta concepción queda confirmada en la introducción a la KpV, donde Kant expone el motivo de la idea de una crítica de la razón práctica en general.10

De hecho, no hay más que ver el orden que sigue Kant a la hora de estudiar la razón pura en su uso práctico. Comienza por una Teoría Elemental, que incluye a un tiempo una Analítica de la razón pura y una Dialéctica. La Analítica se constituye en la regla de verdad de la razón práctica, de tal modo que, si en la Analítica de la razón pura especulativa se empezaba por los sentidos y se acababa en los principios, en la Analítica de la razón pura práctica se comienza por los principios y conceptos y se termina en los sentidos y la relación entre éstos y los conceptos. Así, los contenidos de los sentidos quedarían no negados, sino más bien en una relación de subordinación con los principios y conceptos de la razón pura práctica.11 Éste debe ser el modo de acceso cognoscitivo del hombre a su realidad moral, según el pensamiento del regiomontano. Desde mi visión, Kant piensa que esto debe ser así por varias razones que aduciremos a continuación:

1) “Una crítica de la razón práctica tiene la obligación de quitar a la razón empíricamente condicionada la pretensión de querer ser ella sola y de un modo exclusivo el fundamento de determinación de la voluntad”.12 Una razón empíricamente condicionada tiene la tendencia a un uso trascendente, el cual da lugar a exigencias que no nacen del propio sujeto (de su razón práctica) y que, por tanto, no le hacen autónomo e independiente. De esta forma, se originarían mandatos extraños e incluso irracionales a la voluntad del sujeto. Por ejemplo: tener que cumplir un deber hacia alguien con gusto. El gusto, la tendencia, la inclinación o la afición a algo no pueden ser el fundamento de una obligación, porque éstos no tendrían la capacidad de autodeterminar a la voluntad, sino que provocarían que ésta se volviese heterónoma, incapaz de autodeterminación y por ello inmoral.

2) Existe el problema de la dialéctica natural señalado por Kant en la Fundamentación.13Éste consiste en la tendencia del hombre común a sutilizar contra la ley moral adoptando máximas basadas en la inclinación, que introducen ambigüedad en los principios de la moralidad. De esta forma, se hace necesario, por motivos prácticos,14 dar un salto a una filosofía práctica que aclare los principios de la moralidad que puedan haberse visto afectados o puestos en peligro por la experiencia humana.

3) No es posible pensar nada dentro del mundo ni fuera del mundo que pueda ser tenido por bueno sin restricción (ein Schränkung) alguna, salvo una buena voluntad,15 declara Kant. Una buena voluntad no es buena por lo que realiza o efectúa, ni tampoco por la adecuación a un fin que se ha propuesto. Es bueno en sí mismo sólo el propio querer, porque es el querer lo único que posee valor interno. El principio subjetivo del querer es Unknown-2.jpegla máxima, y el principio objetivo del querer es la ley práctica. La voluntad será buena si en su máxima adopta la ley moral como regla universal para todas sus acciones.

4) Las inclinaciones, que miden el contacto subjetivo e individualista del hombre con la realidad, pueden ser adoptadas como máximas, pero no podrán constituirse nunca en principios objetivos del querer, leyes prácticas, que se da el sujeto a sí mismo como autolegislador universal, ser autónomo y libre, ya que estas no son susceptibles de ser universalizadas ni pueden convertirse en fundamento de obligación. De tal modo que hacer algo con gusto, por afición o incluso por amor (pathologische Liebe) no puede convertirse en fundamento objetivo de moralidad, porque esa misma acción moral (hacer algo con gusto) no tiene valor interno, incondicional, y por lo tanto, tampoco posee valor moral.

A partir de este razonamiento, se puede deducir que Kant declara con todo derecho la imposibilidad de fundamentar la moral en la experiencia del amor. Pero si no se puede fundamentar la moralidad en la experiencia humana, ¿cuál es entonces el fundamento de la moral kantiana?

Kant encuentra dicho fundamento en la conciencia de una ley moral, formulada bajo un imperativo que dice: “obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal”.16 La conciencia de esta ley en nosotros se convierte en el nuevo faktum de la razón en su uso puro práctico para Kant. Esta ley de la que tenemos conciencia directa es el nuevo fundamento (Grund) que establece Kant para la reconstrucción de una moral estrictamente racional.

El fundamento de la moral kantiana, por lo tanto, no sería la conciencia de la libertad, porque no tenemos experiencia directa de ella. Esto quiere decir lo siguiente: podemos entendernos como libres, pero no conocernos directamente como como seres libres, debido a que la libertad no es un fenómeno, sino algo nouménico, un noúmeno en sentido negativo. Y este entendernos como libres puede darse porque somos capaces de autodeterminarnos según el imperativo categórico que muestra nuestra libertad.17

Así, de la conciencia de la ley moral formulada en el imperativo categórico, se puede explicitar tanto la libertad como la autonomía de la voluntad. De esta forma, podemos entendernos según el imperativo categórico como miembros pertenecientes a un reino de fines, a un mundo inteligible, esto es, como seres capaces de autolegislación universal. De ahí, la explicitación de la tercera formulación del imperativo categórico que aparece en la Fundamentación: “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio”.18

La conciencia del deber permite entender al sujeto como capaz de una causalidad propia, que es completamente independiente de la causalidad de la naturaleza. Esta capacidad que tiene el hombre indica que él es el responsable de sus acciones, y que no puede atribuir ni la maldad ni la bondad de sus acciones a causas extrínsecas a su propio querer, que de por sí es capaz de la legislación universal exigida por la ley moral.

De esta manera, Kant ha encontrado un nuevo fundamento de la moral que no tiene en cuenta la experiencia subjetiva del hombre, si se entiende ésta como algo que tiene su base en inclinaciones o tendencias. De ahí que el amor como sentimiento patológico no pueda constituirse ni en criterio ni en principio de lo específicamente moral en el planteamiento kantiano.

Esta nueva fundamentación de la moral presenta a mi juicio varios problemas:

  1. A) La conciencia del deber formulada en el imperativo categórico absorbe al individuo bajo una idea abstracta, que no deja espacio a la iniciativa de su libertad. Entre otras cosas, el motivo de ello es que precisamente es a partir de la conciencia de dicha ley desde donde se explicita la libertad del sujeto como ser racional. De ésta (la libertad), por otra parte, no podemos tener experiencia directa. La “espontaneidad”19de la libertad humana, entendida como la capacidad del individuo para introducir novedad en la forma de acceso a su realidad moral, quedaría así anulada, debido a su subsunción en una idea abstracta que no tiene en cuenta al individuo en su concreción, aunque sí en su humanidad. Ello se asocia a la incapacidad de Kant para entender una idea de libertad anómica, no sometida a la ley moral:

[…] aunque la libertad no sea un propiedad de la voluntad según leyes naturales, no es por ello enteramente anómica, sino que más bien ha de ser una causalidad según leyes inmutables, aun cuando éstas sean de muy particular índole, pues de otro modo una voluntad libre resultaría un absurdo.20

  1. B) Al no tener la ley moral en cuenta la espontaneidad de la libertad humana, la incorporación de la ley moral a la máxima, principio subjetivo del querer, genera una “violencia” en las relaciones del sujeto consigo mismo a causa de la relación con dicha ley. Así lo refleja el propio Kant en la KpV, para quien: “deber y obligación (Schuldigkeit) son las únicas denominaciones que nosotros debemos dar a nuestra relación con la ley moral”.21Por eso, Kant señala aún más: la incorporación de la ley a la máxima bajo la forma del imperativo categórico, del deber, trae consigo la compulsión (Nötigung) que se deduce del deber y que se traduce en la “determinación a acciones por muy a disgustos que éstas ocurran”.22
  2. C) A mi modo de ver, la idea del deber, al generar una compulsión sobre el sujeto, no permitiría la plena manifestación del bien en el hombre a lo largo de su vida, a lo largo de su biografía personal. Esto es, la captación del bien en la idea del deber no tendría en cuenta la capacidad del sujeto para aprehenderlo. De este modo, la ley moral no contaría con las condiciones concretas del sujeto para añadir la ley a la máxima impidiendo de esta manera una incorporación biográfica e histórica de la virtud, tal y como ha señalado acertadamente Ricoeur.23

A pesar de estas objeciones, según mi opinión, Kant acierta al establecer una conexión exigua entre el acceso del hombre a su realidad moral y su propia experiencia, basada en las afecciones por las cuales el sujeto se siente conmovido por la realidad. Efectivamente, el hecho de ser afectado por la realidad a través del amor no me proporciona ningún conocimiento estricto de la realidad y mucho menos de lo que el sujeto debe hacer, como ha quedado demostrado por la argumentación anterior que he desarrollado.

images.jpegPero cabe preguntarse si Kant ha entendido cabalmente el mandamiento del amor cristiano, esto es, si su interpretación en clave moral de la humanidad deja al mandamiento evangélico del amor mostrarse en toda la amplitud de su riqueza y contenido. Por ello, a continuación procederé a una interpretación del mandamiento del amor que, teniendo en cuenta los planteamientos kantianos, los trascienda, rectifique y corrija en aquellos puntos que considere convenientes para una mejor comprensión tanto del mandamiento como del ideal de humanidad que en sí mismo encierra.

Y en cuestión a todos estos imperativos que se cruzan con el ppamor, mi punto de vista es que siempre tengamos la idea que se actúa para ser mejor persona y que el trato que le damos a los demás tiene que ser digno por el simple hecho de que son humanos que al igual que nosotros sienten,  que también quiere decir que así como tratas a las demás personas es el respeto que tienes hacia ti mismo.

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