EL CONTRATO SOCIAL DE ROUSSEAU

POR ELISEO ESCAMILLA VIVAR

Unknown-1.jpegEl gran filósofo Jean Jacques Rousseau,  quien vivió en uno de los momentos más grandes de la historia del ser humano llamado  “La Ilustración”. Pese a que estuvo rodeado de muchos filósofos importantes, no quiso dejarse envolver del todo por esta corriente caracterizada por su irracionalidad y decidió trascender, quiso ir más allá dando así, a lo que sería el primer paso para la próxima etapa del ser humano, caracterizado por el culto al propio ser humano, fue el que cimentó como soberano al pueblo.

¿Esta doctrina de la soberanía popular será acaso el motor impulsor de lo que sería la Revolución Francesa? O más bien ¿cuál fue su concepto de soberanía?

El primer filósofo moderno que articuló una teoría contractualita detallada fue: Hobbes escribió su obra cumbre, Leviatán en un período de guerra civil en Inglaterra donde se discutió quién debía ocupar la soberanía, el Rey o el Parlamento. En ella define la necesidad de crear un contrato socialpara establecer la paz entre los hombres.

Hobbes se plantea la cuestión del poder en términos muy generales, se pregunta por qué debe existir y cómo ha de ser. Para responder a estos interrogantes la figura del contrato social es clave, aunque Hobbes no use el término “contrato” (que usará por primera vez Rousseau) para referirse a ese pacto originario, el orden políticoes una continuación del orden natural, para Hobbes el orden político es, por el contrario, el resultado de un contrato, y por lo tanto, de una convención, de una decisión tomada libremente por quienes lo adoptan, y es eso lo único que puede fundamentar las bases del poder civil.

Rousseau retomó la idea de soberanía pero con un cambio sustancial. El soberano es ahora la colectividad o pueblo, y esta da origen al poder enajenando sus derechos a favor de la autoridad. Cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo, ya que contribuye tanto a crear la autoridad y a formar parte de ella, en cuanto que mediante su propia voluntad dio origen a esta, y por otro lado es súbdito de esa misma autoridad, en cuanto que se obliga a obedecerla.

Así, según Rousseau, todos serían libres e iguales, puesto que nadie obedecería o sería mandado por un individuo, sino que la voluntad general tiene el poder soberano, es aquella que señala lo correcto y verdadero y las minorías deberían acatarlo en conformidad a lo que dice la voluntad colectiva. Esta concepción rossiniana, que en parte da origen a la revolución francesa e influye en la aparición de la democracia moderna, permitió múltiples abusos, ya que en nombre de la voluntad “general” o pueblo se asesinó y destruyó indiscriminadamente. Generó actitudes irresponsables y el atropello a los derechos de las minorías.

La importancia de esta teoría es que sirvió de guía para los líderes revolucionarios como Denton, Marta y al “Incorruptible” Robes Pierre, y posteriormente para otras latitudes del mundo en distintas épocas.

images.jpegEn suma El contrato social, como teoría política, explica, entre otras cosas, el origen y propósito del Estado y de los derechos de los ciudadanos. La esencia de la teoría es que para vivir en sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social implícito, que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad completa de la que dispondrían en estado de naturaleza. Siendo así, los derechos y deberes de los individuos constituyen las cláusulas del contrato social. El Estado es la entidad creada para hacer cumplir el contrato. Del mismo modo, quienes lo firman pueden cambiar los términos del contrato si así lo desean; los derechos y deberes no son inmutables o naturales. Por otro lado, un mayor número de derechos implica mayores deberes; y menos derechos, menos deberes

También Rousseau, en su “Discurso sobre las desigualdades entre los hombres” afirma, que una de las principales causas de las guerras y de muchas muertes es por la propiedad privada. Así también lo que buscó fue la fundamentación de la democracia, pero no de cualquier democracia, una pequeña y participativa, ya que esta fue la que él consideró ideal.

Pero, pese a que el hombre en la sociedad civil encuentra cierta seguridad, no es feliz ¿Cómo es posible que el hombre en sociedad civil, rodeado de tantos adelantos tecnológicos, de tanta arte, de tanta ciencia, no pueda ser feliz? Al menos, eso es lo que afirma el ginebrino. El hombre, en esta sociedad se halla rodeado de un sin número de cadenas; nada más cierto que esto. Llámense estas cadenas familia, trabajo, gobierno, leyes, etc. Estos entes, que no le permitirán desenvolverse según  las decisiones que él quiera tomar, desde las decisiones más simples hasta las más complicadas.

El hombre para poder vivir en comunidad aceptó enajenar su libertad natural, a cambio de una libertad limitada, como lo es la libertad civil. El hombre debe de aceptar sumisamente los dictámenes de la ley. Pero, estas leyes no son las impuestas por un soberano ajeno al pueblo; estas leyes fueron creadas por el pueblo, el pueblo es el soberano, y los dictámenes del pueblo siempre son buenos, ya que una persona no sería capaz de hacer algo que le perjudicase a sí mismo.

La soberanía entonces es la misma “voluntad general” que reside en el pueblo o en la nación y que constituye la fuente de la formación jurídica, primordialmente de la constitucional. Esa voluntad general entraña un poder de autodeterminación y autolimitación, lo que implica que sobre ella no existe ni debe existir ninguna otra voluntad ajena. Ahora bien, como en el derecho primario o fundamental se apuntan los fines del Estado, se crean sus órganos de gobierno y se adscribe a éstos una determinada órbita competencial, ese derecho rige primaria e inviolablemente toda la actividad, que no es sino el poder público de imperio del Estado, está subordinación a las normas constitucionales, las cuales, a su vez, emanan de la soberanía que corresponde teóricamente a la comunidad popular o nacional. Merced a esta subordinación se corrobora la diferencia que media entre soberanía y poder público, ya que, en tanto que aquélla es fuente originaria del derecho, sin que válidamente pueda rebasarlo.

Unknown.jpegLa soberanía popular o nacional es inalienable e indivisible. Es, según el pensamiento de Rousseau, la “voluntad general”, o sea, la voluntad de la nación (pueblo). Su inalienable, conforme al ilustre ginebrino resulta del pacto social mismo. Suponer que la soberanía pudiese ser enajenada, equivaldría a la eliminación del mismo soberano, es decir, del pueblo o nación, sin que este hecho pueda ni siquiera, concebirse con validez. Su indivisibilidad, además, deriva lógicamente de su inalienabilidad, pues dividir la soberanía significaría enajenarla parcialmente.

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